Crítica

Un pueblo y su rey – Pierre Schoeller

posted by Sebastián Blanco Portals 26 marzo, 2019 0 comments
La revolución se sirve fría

Un pueblo y su rey

La nueva película de Pierre Schoeller nos lleva una vez más al centro de uno de los acontecimientos más relevantes de la historia occidental: la Revolución Francesa. La desventaja con la que parte el film, debida al gran número de producciones que se han hecho a lo largo de la historia del cine sobre este tema, exigía al director un esfuerzo extra para convencer al público de la necesidad de relatar de nuevo estos hechos. Por desgracia, uno termina de ver la película sin saber muy bien por qué motivo la hicieron.

El reparto de la cinta es probablemente su punto más fuerte. Destacan por encima del resto Gaspard Ulliel y Adèle Haenel, junto con Louis Garrel en el papel de Robespierre y Denis Lavant en el de Marat. La idea de fichar a dos actores tan atractivos para encarnar dos personajes históricos potentes es, sin duda, un gran acierto (ante todo, quede claro que no hablamos de un atractivo físico o sexual, sino del magnetismo casi divino que poseen algunos intérpretes, los cuales logran que no quieras dejar de prestar atención a un solo gesto suyo en la pantalla). No obstante su ejecución, por impecable que sea, no logra más que mitigar levemente la sensación de indiferencia que pesa sobre la película.

En cuanto al trabajo de producción no hay casi nada que objetar. La ambientación es excelente, tanto la imagen como el sonido están muy cuidados. Por esto, el espectador se traslada con gran facilidad al momento histórico narrado. Sin embargo, la estricta corrección técnica deja de lado cualquier rasgo distintivo: no hay una propuesta definida en cuanto al lenguaje cinematográfico, ni una señal de Schoeller que diga “este soy yo como director y esta es mi forma de contar las cosas con imágenes y sonidos”. Nada. Es un ejercicio puramente academicista y comercial, sin rastro de la personalidad de sus creadores.

Si bien hablamos, pues, de una superproducción cuidada con un reparto de lujo, a la falta total de personalidad formal hay que añadir también la asombrosa carencia de emoción que muestra el film. A excepción de un par de momentos puntuales (el sol, antes tapado por la Bastilla, salpicando por primera vez la calle donde viven los protagonistas, o la masacre del Campo de Marte), la película se compone de una sucesión fría de momentos que parecen extraídos directamente de un libro de historia. Con este distanciamiento, el guión logra dar peso a cuestiones que a priori podrían resultar interesantes y que a menudo son ignoradas en las adaptaciones cinematográficas de la Revolución Francesa, como las intervenciones de los miembros de la Asamblea (entre los que se encuentran Robespierre y Marat). Sin embargo, tras ver la película queda claro que los discursos político/filosóficos de estas personalidades son más aptos para ser presentados en forma de ensayo que en un film de ficción.

5,5


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