Crítica

Under the skin – Jonathan Glazer

posted by Alberto Varet Pascual 12 noviembre, 2014 0 comments
Seguir el rastro de las estrellas

Under the skin cartel

El arranque de Under the Skin nos sitúa en tierra de nadie. No sabemos qué ocurre ni qué mira un ojo artificial que puede remitir tanto a 2001: Una odisea del espacio como a Blade Runner. Las pistas nos son, por tanto, terrenales, sino cinematográficas: lo último de Jonathan Glazer recorrerá el camino del audiovisual actual partiendo de los relatos futuristas que han marcado un antes y un después para, finalmente, dar cuenta del lugar en el que se encuentra el cine narrativo.

Así, la cámara sigue durante más de 100 minutos a un individuo que, al contrario de lo que suele suceder en la mayoría de las cintas modernas (donde éste se pierde y su identidad se diluye), se encontrará a sí mismo en su taciturno deambular. O mejor dicho, a sí misma, pues este personaje lo interpreta inmejorablemente una Scarlett Johansson dispuesta a arrojarse a un tour de force único que la obliga a hablar poco y a decir mucho con su rostro y con su cuerpo.

Porque el objeto no identificado del cine contemporáneo, ya desde Antonioni, es el cuerpo (esta película bien podría haberse llamado Identificazione di una donna), y por eso, la Johansson, sin miedo, se lanza al precipicio y coloca su estrella (su lugar de procedencia también en el film) en crisis al retozar con actores desconocidos en lo que se antoja otra de las claves de las creaciones recientes: el acortamiento de la distancia existente entre la obra mainstream y la periférica.

Bajo las inquietantes atmósferas escocesas, donde el sol apenas se concibe, pulula un ser que parece tener su espejo en las citadas estrellas perdidas bajo las nubes norteñas. Colocada en el mundo terrenal, abocada a la marginación cual prostituta, este extraterrestre descubre su verdadera naturaleza (que no difiere demasiado de la nuestra: ojo al conmovedor episodio en el que la piedad surge como una emoción perteneciente no sólo a nuestra especie, sino al universo) tras varios encuentros que pondrán en entredicho su razón de ser. La producción se alza de esta manera como un apasionante ejercicio que parece decirnos que el cine narrativo no deja de buscarse a sí mismo, a sabiendas de que el relato ya apenas existe. Igualmente, que la ciencia ficción necesita explicar, como si fuera por primera vez, lo que significan sus componentes (la oscuridad, los contraluces, el sonido metálico, los silencios, el suspense…), ahora que el ruido y la pretensión se han alzado como la bandera de lo real.

No parece, entonces, casual que el film comience en la abstracción total, se dirija hacia las carreteras en busca de algo que contar, advierta su reflejo en la piedad y acabe en el ambiente espectral de un bosque, el espacio en el que se han sucedido tantas obras mayores del audiovisual reciente.

Porque Under the Skin es una realización sobre el rastro que dejan las estrellas. Y así, en su proyección vislumbramos, por ejemplo, a Kubrick, a Ridley Scott, a Claire Denis, a Apichatpong Weerasethakul, a Kelly Reitchard o a Antonioni. También, y contra todo pronóstico, al Malick de El Árbol de la Vida, con la que comparte una compleja reflexión sobre la crueldad inherente a la naturaleza y sobre la piedad como su contrapunto ‘antinatural’ proveniente de lo más profundo e inextricable de la creación.

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