Crítica

Varda por Agnès – Agnès Varda

posted by Sebastián Blanco Portals 4 julio, 2019 0 comments
No existen los temas banales


La última película de Agnès Varda es una rareza exquisita, que nos da la oportunidad de ver y escuchar a una de las directoras más relevantes de la Historia del Cine explicando y comentando su propia obra. La rareza y la exquisitez consisten en que, siendo fiel a su carrera, Varda decide emplear para esta tarea el propio medio cinematográfico y su lenguaje, lo que ella llamaba “cinescritura”. Así, la cineasta se nos presenta en varios teatros ante distintos públicos y en diferentes momentos, pero también en otros escenarios como su querida playa, y lleva a cabo un análisis más o menos detallado de varias de sus películas, comenzando por sus dos obras debut Le Pointe-Courte (1955) y Cleo de 5 a 7 (1962), con las que marcó un camino por el que andarían todos los grandes cineastas de la Nouvelle Vague, y llegando hasta su excelente penúltima obra, Caras y lugares (2017).

Quien no haya visto la película podrá pensar que se trata de una recopilación de anécdotas de la directora, pero sin duda hay mucho más. La “abuela de la Nouvelle Vague” pasa del relato convencional al análisis detallado con gran delicadeza, y consigue que cualquier persona, sea cual sea su nivel de conocimiento del lenguaje cinematográfico, conecte con su discurso e incluso aprenda una cosa o dos. Este es, sin duda, uno de los grandes aciertos de la cinta: está concebida de tal manera que aquellos que han seguido el trabajo de la directora desde sus inicios la recibirán como una perfecta y emotiva despedida, mientras que a aquellas personas que acaben de conocer a Varda les servirá de carta de presentación a la complejidad de su cine.

Su otro punto fuerte, que ya apuntábamos más arriba, es su precisión en el uso del lenguaje cinematográfico, y va de la mano de un potente discurso que reflexiona sobre el propio medio. Incluso cuando lo que se nos presenta ante la cámara no es más (ni menos) que la propia Varda sentada frente a un público, o sobre un travelling, o en la playa, la veterana directora combina con maestría las
imágenes, apoyando su discurso en una forma intachable. Entre repeticiones y metáforas visuales, Agnès nos habla de sus experimentaciones con el sonido, de la simbiosis de ficción y documental, de la llegada del cine digital y cómo este cambió su perspectiva de la intimidad en sus cintas… Una auténtica clase magistral.

Ver Varda par Agnès es, en fin, como reencontrarte con una antigua profesora de Literatura Universal, o de Historia del Arte, de esas profesoras que te cambian la vida cuando tienes quince o dieciséis años. En la lucha por determinar si sientes por ella más admiración o ternura, terminas dejándote llevar por su charla, amena pero cargada de aprendizaje. Y es entonces cuando te das cuenta de que a veces no es tan importante lo que se cuenta, sino cómo se cuenta. La protagonista de nuestra película se refería a
esta cuestión afirmando que no existen los temas banales. Cuánta razón tenías, Agnès V.

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