Crítica

Welcome to New York – Abel Ferrara

posted by Alberto Varet Pascual 22 mayo, 2014 0 comments
Vampiros hacia la resurrección de su carne

Welcome to New York
Una escena, casi al final de Welcome to New York, demuestra el potencial de lo último de Abel Ferrara. Se trata de un contrapicado que tiene por protagonista, en primer término, al crápula personaje de la cinta y, en segundo lugar, justo detrás de él, a un imponente edificio de cristal sobre el que se está abalanzando la noche. Es un plano que nos remite a aquel en el que Sean Penn dejaba su laberinto de cristales y negocios para acceder a la libertad hacia la conclusión de El Árbol de la Vida, pero lo que allí sólo se apuntaba (la parte de Penn estaba muy desdibujada debido a un metraje que no le concedía el tiempo suficiente para ser) aquí se hace cuerpo.

Y es el cuerpo, precisamente, el material trabajado de nuevo por el responsable de Go Go Tales en esta película. Un cuerpo obligado a cargar con las heridas de un espacio corrompido por su culpa. Sin embargo, da la sensación de que ese físico ya no está dispuesto a cumplir su condena. ¿Por qué? Pues porque el mundo ha cambiado, y con él la actitud de los que lo habitan, volcada hacia el desprecio por el prójimo. Al menos eso parece decirnos un film que subraya con brillantez la imponente brecha levantada entre los periplos de aquel Teniente corrupto de 1992 y este trasunto de Dominique Strauss-Kahn de 2014. Una relación entre sujetos muy similar a la que pudimos rastrear entre los personajes de Crash y Cosmopolis, de David Cronenberg, que ponía de manifiesto el viraje en la ruta de un hombre contemporáneo que ya no caía a través del tiempo, sino que flotaba sobre su confusa superficie.

Tanto para el cineasta canadiense como para el americano, la conexión con la sociedad es imposible para dos tipos que proceden de un mundo intangible que ha generado una devaluación de los valores de nuestro universo que atenta directamente contra el más preciado de todos: la palabra. Por ello, el autor de La mosca abandonaba el relato y se centraba en unos diálogos que iban a ningún sitio. Una actitud que le supuso la desaprobación del gran público. Ferrara, por su parte, hace algo similar al privilegiar, asombrosamente, no sólo los diálogos de besugo, sino también el monólogo interior de un monstruo al que el mismo sistema que lo venera no está presto a escuchar.

Y es justo ahí, en ese monólogo, donde se nos da la clave de su triste existencia: ‘¿Los demás? Simplemente me importan una mierda’. Eso dice Devereux quien, al igual que Eric Paker, es un artífice fantasmal del espacio que vivimos, donde todo ha dejado de significar vía materialismo/individualismo. Los dos son conocedores de su potencial como grandes vampiros de un universo que ellos mismos han succionado hasta el fin de su significado. Su redención no pasa, entonces, por pedir perdón, sino por algo más fascinante y (lógicamente) ombliguista: la resurrección de SU carne a través del misterio del amor (el cierre de Welcome to New York o las escenas de la peluquería y el tiro en la mano en Cosmopolis).

Es lo nuevo de Ferrara, por tanto, mucho más que una obra subyugante acerca de la cuestión económica. De hecho, este pozo sin fondo contiene asimismo una desasosegante y nada complaciente crónica de un hombre de alto standing, y adicto al sexo, construida alrededor de un itinerario narrativo que sorprende ya desde su abstracta e hipnótica media hora inicial, cargada de imágenes explícitas que formulan con mano maestra la citada enfermedad. A partir de ahí, la dolencia empapará el relato en su totalidad para acabar dejando en entredicho la popularidad de Shame y su pornografía para todos los públicos. También la naturaleza convencional del film de Steve McQueen, empeñado, en vano, en ocultarla con ayuda de unos alerones de cine de autor (el uso del silencio, muy especialmente) que se desintegraban en la inconsistente, sensiblera e inmoral conclusión.

El director de 4:44 Last Day on Earth, al contrario que el de Hunger, no deja sitio para la complacencia ni la moralina, sólo para la reflexión y la densidad cinematográfica gracias a las cuales convierte su cinta en una mirada profunda a un tiempo lleno de sujetos que han preferido alejarse de las responsabilidades del mundo real para abrazar la irresponsabilidad ostentosa de ese otro universo inmaterial que palpita bajo la superficie capitalista.

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