Crítica

X-Men: Fénix Oscura – Simon Kinberg

posted by Marc Muñoz 6 junio, 2019 0 comments
Inacción mutante

A todos aquellos asqueados por el goteo, cada vez más continuo, de nuevas entregas de las principales franquicias de superhéroes, X-Men: Fénix Oscura debería suponer un rayo de esperanza, en el sentido que la debilidad y escaso apego de la propuesta pudiese propiciar un desmantelamiento parcial de toda esa maquinaria de Hollywood dedicada en exclusiva a la explotación del cine inspirado en las viñetas. O, como mínimo, hiciera replantear sus directrices de producción. Nada. Una fantasía muy alejada de la realidad. Ese espejismo tiene números para ser liquidado este próximo viernes cuando el film se estrene mundialmente y toque pasar por caja ¿por última vez con X-men?.

La película, del director y guionista Simon Kinberg, pone el acento narrativo de la undécima entrega en el conflicto interno de Jean Grey (Sophie Turner), fuerza activa de los X-Men que se convierte, tras una misión espacial de rescate, en una mutante de una fuerza incontrolable, un polvorín para sus compañeros, su comunión con los humanos, y el planeta en general. El principal problema del filme radica en el guion firmado por el propio Kinberg: un libreto esquemático que descuida a los personajes y  sus conflictos. La obra trajina alrededor de una sucesión de secuencias atropelladas. Un recorrido desganado donde brillan por su ausencia los golpes de efecto y los conflictos de peso, por no mencionar, algún destello de imprevisibilidad. Para mayor colmo sus diálogos explicativos y torpes distancian aún más al espectador de la línea narrativa. Puestos en calzador quedan todos los intentos de alienar el filme con las corrientes sociales y morales de los nuevos tiempos (el ridículo diálogo entre Raven y el profesor Xavier alrededor de la conveniencia de llamar a la patrulla de mutantes “X-Women” queda en una anotación ridícula, como un intento torpe para liquidar cualquier voz feminista a su contra).

El desaguisado sigue creciendo con el tibio dibujo de los personajes. Algunos de ellos fiables y sólidos en entregas anteriores, y aquí convertidos en simples maniquíes o piezas de ornamento para un fin mayor, ese desenlace que apunta al relevo generacional, y que no hace más que manifestar una ausencia de personajes con carácter y fuerza dramática entre los más jóvenes.  Incluso resbala en una de las parcelas donde mas capacitada debería estar un filme de las características. Las secuencias de acción, a excepción del momento del tren, resultan indoloras, de escasa espectacularidad, sujetas por lo anticlimático, algo que podría servir para definir  todo el visionado. Toda ello genera indiferencia ante lo que acontece en pantalla. Esa emoción que parece hacer fuerte a Jean, resulta inexistente, ilocalizable en todo el trayecto, incluyendo esas escenas de acción insípidas donde los villanos, aún menos perfilados en pantalla que los héroes – primera mancha en el CV de Jessica Chastian -, y bajo inspiración de Los ladrones de ultracuerpos, irrumpen en pantalla sin el menor efecto dramático.

No ayuda que la imagen esté emborrada por horas y horas de CGI. Un trabajo de efectos visuales que aumenta esa desconexión con la trama y los personajes. Por su uso abusivo y por su uso poco pulido – hay instantes que dejan bastante que desear- distancian y empobrecen su visionado. A ratos la sensación es la de estar viendo un capítulo de algún anime infantil de trazo hiperbólico.

Un filme fallido en muchas de sus parcelas que debería servir para hacer recapacitar a la industria sobre esa producción insaciable del universo superheróico. Aunque nada parece indicar que X-Men: Fénix Oscura vaya a ser un punto de inflexión en una tendencia sin signos de agotamiento. Veremos que dicta la taquilla. De momento la crítica la ha sentenciado.

4 marco

 

 


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