CineFestivales

Crónica: Festival Americana 18

posted by Marc Muñoz 14 marzo, 2018 2 Comments

El pasado domingo concluimos nuestro periplo por la quinta edición del Festival Americana con una sensación agridulce en cuanto a las propuestas reunidas. Pese a que el festival sigue siendo un ejemplo como modelo, trato familiar  y empeño – se palpa la ilusión y el entusiasmo desplegado por su equipo – este año se ha visto afectado por una programación algo escasa en estímulos duraderos para el espectador. Influye, y mucho, que varias de los mejores exponentes de ese cine indie estadounidense que centra el foco del festival se hayan adelantado por otros medios (Netflix, televisiones, Oscar).

Así pues, Americana 18 no encabezará las mejores ediciones de un festival que, por otra parte, se ha consolidado dentro del denso panorama barcelonés, y que pretende seguir creciendo como connota la ampliación de días y de largometrajes. Sin embargo, como mínimo un puñado de cintas nos han reconciliado con otras experiencias cinematográficas de reducido calado.

Jane

Y una de las más indiscutibles, como demostraría tras el cierre la medalla del premio del público que cosechó, fue el documental Jane. El trabajo de Brett Morgen, inexplicablemente no incluido entre las cinco candidatas al Oscar, elabora un retrato de la primatóloga Jane Goodall (a quién interpretó Sigourney Weaver en Gorilas en la niebla) a través de un exhaustivo fondo de archivo de sus investigaciones en el corazón de África. Un trabajo que expone una lucha aferrada, pese a los claros inconvenientes, por la materialización de sus sueños. Un filme de una intensidad y belleza de difícil tasación, bañado por la omnipresente y magistral partitura de Philip Glass. Ejemplar misiva de amor a la naturaleza y documento valioso para conocer la fina línea que separa el humano de los primates. Quizá lo único que se pueda decir a su contra es su carácter excesivamente hagiográfico sobre el objeto de estudio.

No aglutinó tantas loas, más bien al contrario, lo nuevo de Alex Ross Perry, el joven cineasta neoyorquino fue el homenajeado de este año. Su Golden Extits provocó una acentuada desconexión emocional con el público en su intento de capturar las tensiones y angustias sentimentales de un grupo de personajes en el Brooklyn actual. La mayor tara del autor es intentar trasladar en imágenes esa profundidad del mapa sentimental al alcance de pocos (quizá Philip Roth, en quien Ross parece mirarse). Una empresa nada desdeñable y que en este caso desemboca en un artefacto rimbombante, con diálogos forzados y personajes desconectados de la realidad. Todo ello arropado por una estética de reducido efecto. Su interior trasluce sugerente, pero el neoyorquino no da con el encaje formal deseado.

Ingrid Goes West es una comedia pizpireta y algo naif sobre la obsesión digital y la soma construida por las redes sociales a través de una chica obsesionada por una instagrammer de éxito. Convence en el retrato de la estupidez volcada en nuestros perfiles digitales y en el dibujo de cierto espectro de la sociedad norteamericana; angelina en concreto, aunque el film se encarrila en raíles transitados y previsibles. Sin el punch afilado de Black Mirror, persiste así como un entretenimiento con notas de humor funcionales.

Por su parte Menashe indaga con poca profundidad en la estricta comunidad jasídica de Brooklyn a través del relato de un padre luchando por tener la custodia de su hijo tras perder a su mujer y verse obligada, según dictámenes de la comunidad a la que pertenece,  a buscar un reemplazo como madre del chico. La película de Joshua Einstein carece de ritmo y tensión, pero su visionado es llevadero y captura con cierto realismo la vida en estas comunidades insulares.

Patty Cake$ se sumerge en otra comunidad periférica, en su caso jóvenes white trash de las zonas de New Yersey con vistas al skyline neoyorquino, mediante un relato sobre los sueños de una joven que intenta abrirse camino y salir de su gris existencia a través del rap. El debut de Jeremy Gasper se beneficia de su tono desenfrenado, de las irrupciones disparatadas y alucinadas en lo que resulta un transcurso entretenido y divertido, que no es poco.

Lucky

La jornada del viernes concluyó con una de las obras álgidas de la edición de este año, un Lucky que se merece llegar a un número más amplio de espectadores. La última película del gran Harry Dean Stanton se edifica como una comedia agridulce y existencial sobre un anciano enfrentando la última etapa de su vida. John Carroll Lynch, en su salto a la dirección, propone un viaje espiritual y filosófico sobre la vejez a través de una trama de auto conocimiento plagada de luminosidad y tacto entrañable. Guiños a Paris, texas y al cine de Lynch, quien aparece para iluminar un par de secuencias, redondean esta cinta de apariencia modesta pero de profundo calado en su sabiduría de bar …polvoriento.

El sábado amaneció con otra de las cintas más controvertidas del festival, The Strange Ones. El debut de la dupla formada por Christopher Radcliff y Lauren Wolkstein se salda con un thriller telúrico que sigue los avatares de una pareja enigmática de hermanos huyendo de un oscuro pasado. La excelente fotografía que moldea esa hipnótica e inquietante atmósfera da paso, en un segundo tramo muy diferenciado, a una decepcionante resolución cuando se ven obligados a destapar torpemente ese misterio que mantenía agarrado al espectador durante su primer tramo. En resumidas, la película se ve afectada por un guion endeble, forzado, e incluso tramposo, a la hora de tejer el recorrido narrativo, lo que descompensa, su trabajado y absorbente continente.

Dayveon

Dayveon se situa de nuevo en los arrabales del sueño americano para contar un relato algo trillado, al menos, desde los últimos años, en los que hemos asistido a muestras notorias bajo la misma temática, sobre un joven adolescente atrapado en los ambientes de la pobreza y la delincuencia. El trabajo Amman Abbasi se desenvuelve honesto y sin pretensiones, pero su primer trabajo detrás de las cámara adolece de nervio, y sale malparado en comparación con La vida y nada más, otro acercamiento realista a los ghettos estadounidense, o incluso, con Moonlight. Filme sin demasiados taras pero de escasa retención.

El maestro del documental Frederick Wiseman, un habitual del certamen, confirmó que las muestras de no ficción fueron lo mejor de la edición de hogaño (y aún se le escapó Work a este servidor). En su Ex Libris La biblioteca pública de Nueva York, el veterano director se sumerge en el sistema bibliotecario de la ciudad del Hudson para desentrañar todos sus recovecos: desde las humildes sucursales del Bronx hasta las lustrosas charlas o las lujosas cenas para captar donantes. Un monumental (tres horas y cuarto sin hilo narrativo) trabajo de un cineasta que en cada propuesta destapa con minuciosidad la vida, sin cortinas ni máscaras, que se esconde detrás de los micro universos que pasan por su inquieta lente.

La última jornada arrancó con Gemini, la aproximación del mumblecoriano Aaron Katz a las atmósferas consentidas y frías de la jet set angelina a través de un thriller de abrumador atmósfera pero desatendida por un guion previsible. Un artefacto cuya premisa atrapa pero que luego se diluye hacia la desconexión sin mayor recompensas que ofrecer.

The Rider

Sí que las ofreció el film elegido para la clausura, The Rider. La película de Chloé Zao ganadora en la Seminci, narra el conflicto de un jinete que tras sufrir una fatal caída durante un rodeo se debate entre la vida alejada de la adrenalina o sus sueños cerca de sus queridos caballos. Un drama, casi crepuscular, ambientado en las profundidades de América, que recoge esa fatalidad de los personajes de la América profunda en su andadura en bucle lidiando con sus sueños rotos. Todo ello bajo un hermoso halo poético que traza comparaciones entre el jinete y las yeguas que lo rodean.

Finalmente, Brigsby Bear se erigió como epílogo antes de la bajada de persiana. La película  se edifica como una disparatada comedia con sonados cameos y un humor y espíritu freak que endulza su visionado, sin que éste, traspase la puerta del cine. Aún así,el trabajo de Dave McCary levantó sonrisas y ciertas carcajadas en la sala.


2 Comments

i 15 marzo, 2018 at 18:06

Gorilas en la niebla está basada en la vida de Dian Fossey

Reply
Marc Muñoz 16 marzo, 2018 at 09:38

Cierto. Gracias por la corrección

Reply

Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.