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El círculo – James Ponsoldt

posted by Marc Muñoz 4 mayo, 2017 0 comments
Distopía patrocinada

El círculo cartel

El fenómeno de las redes sociales y las nuevas tecnologías ha generado una ficción paralela que pone el foco dramático en las adiciones y perversiones derivadas, por lo común, en clave de thriller tecnológico. En ese nuevo marco, la novela El círculo de Dave Eggers (publicada aquí en 2014 por Random House) se erigió pronto en una de las obras de cabecera. El escritor norteamericano no hacía más que adaptar el Gran Hermano de Orwell sustituyendo el Estado autoritario por un amalgama de Facebook, Twitter  y Google que domina y controla un mundo que es una versión más acentuada de la actual sociedad de las grandes corporaciones.

Sin embargo la novela de Eggers presentaba una serie de escollos en la definición de esa distopía de un futuro muy cercano que no han sido erradicados en su adaptación cinematográfica, sino ampliados. La película de James Ponsoldt adapta al milímetro las líneas del libro, y reduce la tenue y tímida punzada crítica del original. Aunque la mayor tara es esa resistencia a no salirse de la superficie temática a lo largo de toda la película: el director de El último tour no solo no es capaz de enfocar su criatura hacia los vericuetos con sustancia, sino que ni tan solo logra hacerse las preguntas necesarias y estimulantes para atrapar al espectador en la trama, o para, como mínimo, suministrarle material para el debate post proyección.

Si en el libro el diseño del universo en el que Mae (Emma Watson), la protagonista que va ascendiendo hasta interpretar una versión del Show de Truman del S. XXI, resultaba demasiado familiar y absurdo, incluso ridículo cuando Eggers intentaba presentar un invento como revolucionario cuando en el presente del lector ya se podía identificar algo muy parecido, ahora, en 2017, con la irrupción del “Live” en muchas redes sociales resulta aún más absurdo presentar esos “supuestos” avances tecnológicos del mundo de la ficción como algo revolucionario. Más sentido, hubiera tenido ahondar en la parte retorcida del invento, pero lamentablemente afloran muchos más elementos distópicos y terroríficos en cualquier noticia relacionada con Facebook Live que salga en prensa que en los 110 minutos del film.

Además el traslado de ese universo a la gran pantalla resulta vago y tullido. Los inventos y avances cojean sin el asesoramiento de empresas puntales, incluso diría, hasta de un diseñador capaz de dar respuesta con una infografía más estilizadas y complejas que las básicas y amateurs usadas en la película. Pequeños detalles, pero la suma de los cuales te van alejando de la propia trama y de un universo que se le presuponía cierta turbiedad.

Porque la película no saca siquiera jugo de su partida como thriller, la tensión se diluye en contadas escenas de mayor o menor arreglo, pero la película acusa en todo momento la ausencia de una mirada penetrante y perturbadora al entramado planteado, desde el que poder extraer sensaciones y sentimientos más vivos, cercanos e intensos alrededor de los personajes, tan planos como el conjunto de la película.

El resultado es un desbarajuste considerable. Un inocente, plano, bien intencionado – por momentos parece como un aviso patrocinado por Silicon Valley sobre el uso correcto de sus apps y redes sociales – y avance en loop de la sociedad digital. Un dibujo sin gancho, ni profundidad, ni fondo…y mira que el reflejo al que acogerse era cercano y evidente, una serie Black Mirror que llega a todos los rincones que la película de Ponsoldt ni siquiera se plantea.

4,5


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