Cine

El largo adiós: Elías Querejeta (1934-2013)

posted by Jose Luis Muñoz 11 junio, 2013 1 Comment
El productor

Elías Querejeta

Con Elías Querejeta (Hernani, 1934—Madrid, 2013) desaparece uno de los productores de referencia del cine español sin el cual éste no se entendería. Querejeta, con más de cincuenta películas en su haber, fue una persona sumamente respetuosa con los creadores, muy diferente a la figura del productor norteamericano, por ejemplo, que pone y quita a un director a su antojo y tiene potestad para modificar el resultado final de la obra cinematográfica. El productor vasco llevaba el cine en sus genes: Gracia Querejeta, su hija, es una brillante realizadora para la que produjo Una estación de paso (1992), El viaje de Robert Rylands (1996) y Cuando vuelvas a mi lado (1999).

Las películas en las que intervino Querejeta fueron fundamentales para analizar la última etapa del franquismo, la transición y la democracia.  Se puede decir, sin margen de equivocación, que ninguna de las películas en cuya financiación contribuyó era prescindible sino todo lo contrario en una época en la que lo que dominaba en el páramo cultural que era España era la españolada. El sello Querejeta era un marchamo de calidad y la cantidad de premios que sus películas obtuvieron en los festivales internacionales son una buena prueba de ello. Gracias a él pudo el esquivo y genial Víctor Erice regalarnos con dos de sus obras maestras, El espíritu de la colmena (1973) y El sur (1982); el inclasificable Francisco Regueiro llevar a cabo sus películas Cartas de amor de un asesino (1972) y Si volvemos a vernos (1967); Jordi Grau filmar Noche de verano (1962); Antonio Eceiza, Las secretas intenciones (1970);   Montxo Armendáriz,  Tasio (1984) y 27 horas (1986); Manuel Gutiérrez Aragón Habla mudita y Feroz (1984); Ricardo Franco adaptar la durísima novela de Camilo José Cela La familia de Pascual Duarte (1976); Jaime Chavarri rodar esa rareza sobre los Panero que fue El desencanto (1976); y apostó, con éxito, por jóvenes valores del cine español como Fernando León de Aranoa para el que produjo Familia (1996), Barrio (1998) y Los lunes al sol (2002 ) que obtuvo la Concha de Oro del Festival de San Sebastián y cinco Goyas.

Era Querejeta alguien que no se desentendía del producto, una vez finalizado, sino que luchaba con encono para que éste fuera un éxito porque el productor vasco no había venido al cine para forrarse, como algunos representantes del pueblo a la política, sino que amaba profundamente el cine como medio de expresión de amplio espectro con el que se podía modificar algunos aspectos de la vida pública y concienciar mentes. Además Querejeta fue una pieza imprescindible para la continuidad y afianzamiento de algunos directores. No se puede entender la figura de Carlos Saura, por el que siempre apostó, sin él, que estuvo detrás de todos sus proyectos iniciales durante sus primeros quince años como realizador. Produjo La caza (1965), una de las piezas fundamentales de nuestro cine, y fue el productor de toda su etapa críptica durante el tardofranquismo —Peppermint frappé (1967), Stress es tres tres (1968), La madriguera (1969), El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1973), La prima Angélica (1974), Cría cuervos (1976), Elisa, vida mía (1976), Los ojos vendados (1978), Mamá cumple cien años (1979)— y de Deprisa, deprisa (1981), otra de las obras maestras del director aragonés.

En 2009, como despedida del cine al que unió su vida, filmó su única película como director, Cerca de tus ojos, un documental sobre los derechos humanos, y se apartó de la producción cinematográfica.

En unos momentos críticos para nuestro cine, y también para nuestra sociedad, exhausta por la crisis social y la mediocridad de nuestra clase política, con unos poderes públicos empeñados en ahogar la cinematografía de este país en vez de defenderla, y colonizados por las majors norteamericanas que colocan en nuestras salas un cine mayoritariamente espectáculo, la desaparición de Querejeta es un drama más que añadir a la situación del Séptimo Arte, porque el productor es irremplazable. Eso sí, queda para la posteridad, un legado brillante de películas entre las que se encuentran algunas de las más dignas de nuestro cine.

 

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