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El largo adiós: Ennio Morricone (1928-2020)

posted by Marc Muñoz 7 julio, 2020 0 comments

“Yo, Ennio Morricone, he muerto”. Así arrancaba la misiva con la que se quiso despedir de sus allegados, y los no tanto, el genial músico. Se fue una de esas escasas figuras capaces de acumular consenso admirativo gracias a su legado artístico. Uno de esos reducidos representantes capaces de transformar su nombre en un adjetivo. Uno de esos compositores con la fuerza de elevar el nivel de la película desde el apartado musical. En definitiva, un  compositor y director de orquesta irreductible, trascendental y fundamental en su campo de acción, como pocos haya censado el universo de las bandas sonoras.

Nacido en Roma en 1928,  el genio italiano cerró domingo su ciclo vital en una clínica de la capital italiana tras las complicaciones derivadas de un accidente sufrido días atrás. Se cerraba así un período fértil de un compositor infatigable que compuso más de 500 bandas sonoras y que se mantuvo en activo hasta los últimos días de su vida. Sin ir demasiado lejos, el pasado año, con motivo de su noventa aniversario, se embarcó en una gira de despedida en la que celebró su obra ante plateas rendidas.

Su huella artística se empieza a modelar a los 12 años, cuando se inscribe en el Conservatorio de Santa Cecilia. De formación clásica, y siempre procurando melodías permeables, pero sin descartar ese pulso vanguardista que lo hacía distinguirse sobre el resto de competidores,  Ennio Morricone hizo su primeros pinitos como compositor de bandas sonoras en Il Federale, de Luciano Salce. Aunque  fue su temprana asociación con Sergio Leone (con quien había compartido clases de primaria muchos años antes) cuando empezaría la forja del mito. Su primera asociación se saldó con la memorable partitura de Por un puñado de dólares, el filme que supondría el arranque “la trilogía del Dólar”, y la obra que popularizó el spaghetti western y que, además, sirvió para cincelar otro mito, el de Clint Eastwood. Le siguieron composiciones igual de imborrables para La muerte tenia un precio y El bueno, el feo y el malo. Con Leone también dejó marca en parte fundamental de la historia del cine con sus scores de Hasta que llego su hora y Érase una vez en América.

Pese a convertirse en figura elemental y definitoria del western, su radio de acción fue mucho más amplio como confirman sus trabajos para La batalla de Argel (en la que compartió créditos con Gillo Pontercorvo), Novecento, 4 moscas sobre terciopelo azul o Salo o los 120 días de Sodoma, afianzándose como el compositor clave y requerido entre los grandes del cine italiano.

Pese a la llamada de Hollywood, que se empezó a fraguar con Días de cielo, de Terrence Malick, y que tuvo continuidad con La misión  (Roland Joffé), Los intocables (Brian De Palma), En la línea de fuego (Wolfgang Petersen), o Frenético (Roman Polanski), no fue hasta 2016, por el rol desempeñado en la banda sonora de Los odiosos ocho, de Quentin Tarantino, cuando el autor italiano cosechó el primer Oscar de su carrera tras numerosas nominaciones -anteriormente, en 2006, había recibido el honorifico- en un palmarés donde no faltaron Globos de Oro, Grammy, BAFTA, David de Donatello, el Polar Music, el Princesa de Asturias y un largo etcétera.

Ennio Morricone también dejo su huella en la música pop. Escribió temas para Françoise Hardy, Paul Anka, Demis Roussos, Zucchero y coescribió “It Couldn’t Happen Here” junto a Pet Shop Boys.

Desde hace algo más de 24 horas, Morricone ha entrado en la logia de los grandes compositores de banda sonoras, al lado de Nino Rota, Bernard Hermann, Miklos Rosza, Max Steiner, Georges Delerue, Henry Mancini, Elmer Bernstein, Alex North, Alfred Newman, Maurice Jarre, Jerry Goldsmith, John Barry, Michel Legrand o Lalo Schifrin.

Descanse en paz, maestro.

 


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