Cine

El largo adiós: Olivia de Havilland (1916-2020)

posted by Marc Muñoz 27 julio, 2020 0 comments
La última de su clase

Tenía que ser el funesto 2020 quien se llevara por delante a dos de las últimas grandes estrellas del Hollywood clásico. Primero fue Kirk Douglas en febrero, casi como un último acto de lucidez ante la que se venía encima. Y ayer nos llegaba una noticia esperable, la muerte de Olivia de Havilland por causa naturales en su domicilio de París, donde residía desde los años 70. En ninguno de los dos decesos intervino el Covid.

Nacida en Tokyo en 1916, Olivia de Havilland se ganó espacio en la memorabilia internacional por su papel de Melanie en Lo que el viento se llevó, un clásico indestructible – por mucho que la nueva censura lo intente – del Hollywood dorado. Aunque la aprobación de la Academia le llegaría años después. Primero con el Oscar a la mejor actriz por La vida íntima de Julia Norris (1946), y la reválida tres años después, con otro papel inolvidable, La heredera, de William Wyler.

También resultó muy cinematográfica su rivalidad eterna con su hermana, la actriz Joan Fontaine. Un enfrentamiento que traspasó los límites de la circunscripción familiar y se apoderó también de la envidia artística que se profesaban mutuamente.

La homenajeada aquí, sin embargo, ganó el pulso a su hermana menor en estatuillas y longevidad (también la artística); la actriz norteamericana estuvo activa hasta los 80, aunque en los últimos años se habían hecho virales fotos suyas disfrutando de una salud de hierro pese a haber superado la centena.

Una carrera cuyo primer trampolín lo logró como pareja artística de Errol Flynn en filmes de aventuras como El capitán Blood, Murieron con las botas puestas o Las aventuras de Robin Hood. Su primer papel dramático de entidad, y su primera nominación al Oscar, le llegarían con la citada película de Victor Fleming. Destacó con otras producciones como Nido de víboras, Canción de cuna para un cadáver o Si no amaneciera. En los años 70, en el ocaso de su carrera, se dejó ver en películas de catástrofes como Aeropuerto 77 o El enjambre.

Cuando fue entrando en el olvido de Hollywood, reactivó su carrera en la televisión en series como Raíces o producciones televisivas como Anastasia: El misterio de Anna, trabajo por el que cosechó un Globo de Oro.

Su marcha pone el acta de defunción al Hollywood de la edad de oro . Esa fábrica de sueños que se marchita con la desaparición de sus últimos vestigios y cuyo recuerdo, en primera persona, queda reducido a Sidney Poitier, Dick Van Dyke, Angela Lansbury, Kim Novak y Eva Marie Saint – ahora mismo los últimos representantes notorios de esa época -, y técnicos y actores secundarios de esa órbita de glamour y fantasía que nunca más volverá a repetirse.


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