Cine

El último hombre de oro

posted by Marc Muñoz 26 abril, 2010 1 Comment

En septiembre hará dos años que el cielo de Hollywood perdía una de las estrellas que brillaron con más intensidad en su estamento. La muerte de Paul Newman, no sólo significó la pérdida de un icono del cine, sino, que con él se marchitaba una de las últimas grandes estrellas del cine clásico. Newman, así como Redford, Hackman, Warren Beatty, Denis Hopper, representaba esa clase de actor que había sido testigo de la transición del Hollywood clásico (estampado en el blanco y negro) al cine moderno. Con su desaparición se fue el último gran icono del cine en mayúsculas, de ese sabor añejo que la propia industria se encargó de aniquilar, pero al que tiene que recurrir para lanzar sus vergonzosos remakes.

Con la muerte de Newman (y la cercana a éste de Charlton Heston) muchos pensaron que esa estupenda hornada de actores que llenaban las pantallas con su magia, que provocaban que las mujeres enloquecieran con sus miradas, que hacía que los hombres se intentaran asemejar a ellos para intentar conquistar a las mujeres, había desaparecido por completo. Los cinéfilos nos sentíamos huérfanos de papeles como el de Stanley Kowalski despertando los deseos de las mujeres de forma impúdica, o del capitán “The Cooler King” que a los lomos de una moto nos hacía pensar por un momento que el enemigo nazi era vencible, también del terror que nos sometía Max Cady, o como el propio Newman conseguía encandilarnos en tantos papeles con su penetrante e inolvidable mirada. Toda esa generación de actores-estrella se encuentra a un solo paso de desaparecer por completo de este mundo, y de prevalecer sólo en la memoria celuloide de tantos. Un solo hombre impide la extinción total, él es el último hombre de oro.

Como ya sabrán, el último superviviente masculino de las grandes estrellas clásicas, no es otro, que el gran Kirk Douglas. Nacido en Nueva York en 1916, Issur Danielovitch Demsky (nombre real) es el patriarca de una familia de actores, donde destaca su hijo, el también actor Michael Douglas, y cuyo hijo, el también actor ocasional Cameron Douglas, ha saltado estos días a la plana de la actualidad por su condena por tráfico de drogas.

La carrera de Douglas empezó, como las de muchos, en Broadway. Pero pronto el joven y fuerte actor se abrió un hueco en el cine. Su primera aparición fue En el extraño amor de Martha Ivers. Un año después ya conseguía un relevante papel de villano en la fascinante pieza noir Retorno al pasado. Allí de la mano de Jacques Tourner, compartía escenas con Robert Mitchum (con el que guarda cierto parecido físico). Luego se consolidaría con papeles protagonistas en El ídolo del barro (su primera nominación al Oscar), El gran Carnaval de Billy Wilder, o En Cautivos del mal (otra nominación a la dorada estatuilla). Con el Loco del pelo rojo, Douglas se metía de lleno en la turbulenta vida del genial pintor Vincent Van Gogh, y le valía su tercera y última nominación como actor protagonista. Otro papel inolvidable fue del ejemplar Coronel Dax en la maravillosa Senderos de Gloria de uno de los maestros que ha tenido este arte.

Al año siguiente le siguió Los Vikinkos de Richard Fleischer, y en 1960, volvería a repetir con Stanley Kubrick en la espectacular Espartaco, otro de los papeles que le confirmarían como una de las estrellas más importantes de su generación. Su filmografía atesora un buen puñado de westerns imprescindibles, y algunos filmes relevantes más allá de los 60’s como La furia de Brian de Palma, El compromiso, a las órdenes de Elia Kazan, o El día de los tramposos bajo la batuta de Joseph K. Mankiewicz.

En los últimos años, el mayor de los Douglas se ha mantenido alejado de la pantalla, tan sólo rompiendo la dinámica con la aparición testimonial en algunos filmes de poca repercusión. Su última aparición es del 2008 en la televisiva Los Asesinatos de Empire State.

Douglas representa otro de esos casos de injusticia artística de la Academia de Hollywood, pese a recibir tres nominaciones como actor, tan solo recibió una estatuilla, y fue la honorífica de 1995.

Después de su dilatada carrera y vida, Douglas se mantiene como el último baluarte de un tipo de cine que definió el Hollywood del pasado. Su muerte supondría el adiós definitivo a toda esta generación (en su vertiente femenina nos quedan más testimonios pero ninguno del calado del de Nueva York ), pero no parece que la estrella de esta carismático actor se vaya a apagar con facilidad, habiendo llevado una vida propia de Spartacus: lucha en la II GM, sobrevive a un accidente en helicóptero, a un ataque al corazón.

Esperemos que el entrañable actor de fuertes inquietudes (aún se preocupa por el rumbo que está tomando el mundo) siga viviendo durante muchos años más, y pueda recordar a una nueva generación de Douglas sus logros artísticos, y a nosotros, su carismático hoyuelo, la añoranza de un cine que no va a volver.


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Muere Tony Curtis | El Destilador Cultural 30 septiembre, 2010 at 16:34

[…] de hoy supone la pérdida de uno de los últimos grandes actores del Hollywood clásico, que no el último. Con él se va parte de los últimos vestigios del Hollywood dorado, de la fábrica de sueños y de […]

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