CineCrítica

En los 90 – Jonah Hill

posted by Marc Muñoz 19 junio, 2019 0 comments
Nostalgia reciclada

mid90s poster

El cine norteamericano independiente ha encontrado un campo de cultivo fecundo en las cunetas del sueño americano. Uno de los más recurridos por la plana mayor de este cine periférico ha sido ese páramo urbano transitado por parias, deshererados, rebeldes y marginales. Si Larry Clark con la transcendental Kids edificó la iconografía de los skate parks y de esa comunidad skater enemistada con el sistema  – un imaginario que contribuiría con cada una de sus crudas y arriesgadas cintas -, directores como Gus Van Sant, Harmony Korine, Spike Jonze y Richard Linklater han sido otros de los arquitectos del mapa cinematográfico que rodea la figura del slacker norteamericano y del skater rebelde. A este ilustre grupo se suma ahora el actor Jonah Hill con su estimable ópera prima.

Con guion del propio Hill, En los 90 fija su marco temporal en Los Angeles de mediados de los 90. Ahí un chaval de 13 años, molesto por el desprecio y el maltrato que le presta un hermano mayor que no actúa como referente, hallará en un grupo de jóvenes skaters mayores que él una salida reveladora y excitante a sus problemas domésticos.

Enmarcada en el clásico cuadro temático del coming of age, el actor de El lobo de Wall Street no rehuye enjabonar su propuesta con una fuerte loción nostálgica sobre esos años de crecimiento ilusionado, de experiencias primerizas intensas, de acontecimientos cotidianos de relevante trascendencia en la formación de la identidad y la personalidad de ser. En ese sentido, es fácil formular un vínculo empático con el chaval protagonista en su descubrimiento de un mundo exterior que lo acerca a la edad adulta, y sentir simpatía en cómo observa atónito las andanzas de este grupo de adolescentes que lo acogen con suma facilidad al contrario de la hostilidad que le profesa su hermano. En ese perfil canónico del coming of age, Hill no esconde sus puntos referenciales en los directores citados en el primer párrafo – el propio Spike Jone interviene con un breve cameo. Algo que también trabaja desde el aspecto formal, con un formato cuadrado, una fotografía que imita  la textura videográfica de los 90s (vídeos de skate), y una banda sonora plagada de hip-hop que adquiere una relevancia desproporcionada, en el sentido que su uso se acerca a la ubicuidad. Parece como si Hill se empecinará en comprimir todas las joyas sonoras del período (fantásticas por cierto) en el corto metraje de la obra.  Pero en su intento pierde efecto sobre el embalaje dramático que cubre las imágenes; la mayoría de veces fracasa en el intento de que la música extradiegética se adhiera a las imágenes para dar con un encaje emotivo.

De hecho radica ahí la principal tara de la cinta, su anclaje emocional con unos personajes de dimensionalidad limitada. La película pasa por los lugares comunes del drama skater, pero no ahonda lo suficiente en los sentimientos y motivaciones de estos personajes, convirtiendose así en un retrato ligero de una época y de los jóvenes que la vivieron intensamente. En ese sentido, a las citadas cintas de arriba, a Jonah Hill le hubiera sentado bien empaparse del fantástico documental Minding the Gap, donde un propio integrante de una panda de skaters es capaz de penetrar en las capas más profundas que llevan a su banda de amigos a patinar como solución escapista a unas existencias grisáceas tirando a negras. Hill descuida esa dimensión emocional propia y transformadora, y con ello, el trayecto resulta menos imperecedero de lo que podría, fácilmente, haber resultado.

El actor recovertido a director prefiere los monopatines como puerta de entrada a un mundo nuevo de estímulos y experiencias, una salida de la madriguera para un chaval viviendo el primer verano de su vida, el último de su otra vida. Entrañable, tierna y melancólica, y de consumo voraz. Un debut prometedor que presumía mayores logros.

 


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