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Entrevista a Eugène Green

posted by Alberto Varet Pascual 16 enero, 2017 0 comments

Eugène Green

En el pasado Festival de Cine de Londres una pequeña película (Le Fils de Joseph), vista a primera hora de la mañana, me impresionó. Estaba regida por la palabra y su puesta en escena era totalmente antinatural. Tendría la posibilidad más tarde de entrevistar a su creador, un fatigado, pero muy amable y sonriente, Eugène Green. El responsable de una joya que llega esta semana a nuestras carteleras y que ningún cinéfilo de verdad debería dejar pasar, pues acaso VERDAD sea la palabra que mejor defina su humilde grandeza.

 

Quizás lo más llamativo de su película sea su puesta en escena… no diría que teatral… diría…

Es, de hecho, antiteatral.

 

… Sí, muy del estilo de Oliveira, donde la importancia de la palabra es mayúscula, lo que genera una antinaturalidad.

Porque lo que me interesa no es reproducir la vida real. No hay razón para hacerlo. Es más interesante mirar en tu interior. Lo que intento es que la audiencia sea capaz de ver una realidad que se le escapa en el día a día. Una realidad espiritual. Lo que me interesa es la más profunda de las interioridades de los personajes. No quiero que imiten la vida real, sino que expresen sus emociones. Así que les pido que se hablen a sí mismos. Es una manera de depurar las nociones materiales.

 

¿Ha visto Knight of Cups, de Terrence Malick?

No.

 

Es una película fascinante que, como la suya, liga aborto y neocapitalismo. Malick también habla de una banalidad y también se muestra interesado en asuntos teológicos. ¿Cree que es importante recuperar un arte sacro en lugar de glorificar un arte pop, un arte material?

Bueno, creo que todo gran arte tiene una dimensión espiritual. Veo grandes producciones que en teoría son grandes películas pero no tienen ni un gramo de espiritualidad en su interior. Son puramente materiales.

 

También existe en su film la idea de una responsabilidad como cineasta al igual que un padre la tiene con su hijo o una embarazada con su feto. En este sentido, me llama la atención la frase del personaje de Mathieu Amalric: ‘Los detalles me aburren’. Es impensable, por ejemplo, que en un cineasta hable así de su trabajo y, sin embargo, aceptamos en sociedad hablar así sobre cosas que nos conciernen como hombres.

No sé. Nunca intento hacer llegar una lectura a través de mi cine. Creo, además, que el cine no puede cambiar el mundo en un sentido político. Ahí no me resulta interesante el medio. Pero sí creo que el arte puede cambiar el interior de una persona y, desde ahí, sí se puede cambiar la sociedad.

 

Cuando veía su película me acordaba de la frase de un profesor de la Universidad de Manitoba, en Canadá, que decía: ‘Una vez que hayas permitido matar el feto, ya no pararás. No habrá límite de edad. Habrás puesto en movimiento una reacción en cadena que podrá hacer de ti la eventual víctima. Tus hijos querrán matarte, porque tú permitiste que fueran muertos sus hermanos y hermanas. Querrán matarte porque no desearán soportar tu vejez. Querrán matarte por tus casas y propiedades’. Estas cosas están en su película, como ese hijo que quiere matar al padre. Todo bañado por un aire de banalidad ligada al desdén y el relativismo. No sé si está de acuerdo.

No sé… Para mí la relación entre padres e hijos es esencial, por algo más que nada espiritual. Todo el mundo necesita esto. No necesitas que sea un padre biológico para encontrar una ligazón espiritual y emocional.

 

Hay más posibilidades que las biológicas, y eso es muy interesante en su film, porque también hay más posibilidades aparte del aborto cuando llega un embarazo no deseado.

Sí, así es. Y de ahí procede el conflicto interno del personaje principal: de una lucha entre una madre que sí lo quería y un padre que hubiera preferido abortarlo.

 

¿En estos tiempos en los que el valor de la familia es relativo, qué clase de papel cree que desempeña un padre y una madre?

Ésa es la cuestión. Muchos niños que conozco en París no viven con sus padres. Creo que es muy importante que un hijo tenga una figura paterna y otra materna. Creo que es posible que esos niños establezcan una relación fuera de las relaciones sanguíneas familiares.

 

En un momento del metraje, los protagonistas ven la estatua de un león comiendo a su presa y Joseph dice: ‘Tengo hambre’. Genera ahí una distancia entre matar por necesidad y matar por orgullo. Hay, según usted, un gran orgullo en este mundo y, por ende, poco amor.

No sé. Para mí el amor es renunciar a uno mismo para dar, mientras que el orgullo es amor para uno mismo. Así que sí, supongo que son antónimos. No sé. Tampoco pienso demasiado en esto. Pero para mi el amor es dar y no quitar. Es no preocuparse de uno mismo.

 

El sexo es muy importante también en su film. Habla de un mundo hipersexualizado donde todos aceptamos con agrado el placer, pero no así según y qué responsabilidades. Usted lo filma de una manera bastante peculiar.

Bueno… El sexo es una energía que crea cosas. Si crea cosas positivas es positivo, si crea cosas negativas, entonces es negativo. Depende de cómo se usa. No tiene por qué haber un contacto para que haya sexo. En el caso de Pormenor (Mathieu Amalric) y su secretaria es casi una cuestión monetaria, algo meramente material.

 

¿Tiene miedo de ser considerado un director moralista?

No. La gente a la que le gusta mis películas entiende lo que hago. En el fondo es algo muy sutil. La personas de mentalidad estrecha, sin embargo, no ven más que dogmas. Lo considerarán reaccionario, pero mi cine no es reaccionario.

 

¿Cómo llegan los Dardenne a su proyecto?

Bueno, es mi segundo proyecto con ellos. Ellos ya co-produjeron Le monde vivant. Como les gustan mis películas y mis productores me dijeron que buscaban financiación belga, yo les dije que contactaran con los Dardenne.

 

¿De qué manera colaboraron?

Encontraron dinero en Bélgica (risas).

 

Por último, me gustaría preguntarle por el casting. ¿Cómo encontró a los actores? Sobre todo al principal.

Bueno, a la mayoría de los actores ya los conocía. El joven que interpreta el papel principal tuvo que hacer un casting. Se presentaron muchos jóvenes, pero éste es el que me convenció y estoy muy contento con su trabajo.

 

Me recuerda a un pequeño Godard, con sus trucos de palabras.

Trabajo con palabras, juego con palabras. Me gusta eso.


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