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Entrevista a Maren Ade

posted by Alberto Varet Pascual 24 octubre, 2016 0 comments

Maren Aden

Todos aquellos que hemos tenido la suerte de ver Toni Erdmann, la nueva cinta de la alemana Maren Ade, nos hacemos la misma pregunta: ¿Cómo puede parecer tan simple lo que, sin duda, es extraordinariamente complejo? La respuesta bien podría estar en la sencillez de un punto de partida y de la persona que lo imaginó: ‘Tenía una pequeña idea en mente sobre un padre que visita a su hija y cuya visita se transforma en un intento de conocerla mejor, ya que ellos dos no hicieron crecer su relación como padre e hija en el tiempo, algo se perdió por el camino, de modo que deben encontrar una forma nueva para esa relación’, confiesa la directora. Y puntualiza: ‘Empezamos siendo una persona, pero acabamos teniendo un rol que no es el primigenio. Pensé que éste era un buen punto de partida’.

Lo que vino después no debió ser un camino de rosas. Sin embargo, una pequeña charla con la cineasta desvela una flema germánica que seguramente mucho le ayudó para sacar adelante el proyecto. A ello añadámosle paciencia y tendremos la fórmula de su éxito. ‘Nos encontramos mucho con los actores antes de rodar. De esta forma sabía cuando lo que hacían era interpretación o realidad. Trabajé en este sentido las escenas en sí mismas, no el pasado emocional de los personajes’, comenta. ‘Para el resto de personajes’, continúa, ‘hice muchos castings con nuevas escenas para cada uno de ellos porque no quería que los actores supieran el guión antes de filmar, de modo que mi película puede verse como un viaje alternativo a aquello que ensayamos. Así, una vez listos para rodar, los actores conocían sus personajes, pero sus emociones en el set eran insólitas’.

El proceso, efectivamente, estuvo marcado por un guión sin acabar donde ‘no había diálogos cerrados’, lo que permitió a los actores la posibilidad de que ‘escribieran lo que quisieran, las cosas más locas que se les ocurrieran’. A partir de ahí, la autora cincelaba la gema en bruto para darle brillo ‘llevándosela a su terreno para que nada fuera un invento demasiado excesivo y mantener así el tono realista del conjunto’. Un trabajo de depuración importantísimo que permite a la realización ser excéntrica sin acabar pasada de vueltas, transitando con firmeza el territorio de lo terrenal mientras su humor desequilibra la realidad como si de un agente extraterrestre se tratase.

Ahora, ¿de dónde procede este humor? ¿Por qué es lo único que resulta extraño dentro de las barbaridades capitalistas que tenemos delante? Acaso sea su naturaleza ‘desesperada’ lo que le otorga este valor. Aquella que procede del dolor nada explicitado de un personaje cuya meta ‘nunca es hacer reír al espectador, sino mostrar su desesperación’. ‘Hablamos mucho en este sentido de sus motivaciones, de las cosas que lo inducían a actuar’, asegura la directora. ‘Eso era lo que me interesaba, ya que las cosas cómicas que escribes no sabes si van a funcionar al final. Yo prefería desarrollar estas escenas en el rodaje, pues son instantes que funcionan ahí, no en el guión’, sentencia.

Desde luego no se puede decir que Toni Erdmann sea una película de guión. Su montaje acumulativo revela su naturaleza in-progress. Haber sido productora antes que cineasta seguro que ha contribuido a blandir esta compleja mirada que va mucho más allá de ver el cine como el mero acto de contar una historia. No en vano, Maren Ade ha coproducido Tabú y Las 1001 noches, de Miguel Gomes. Un contacto con la personalidad ‘libre y radical’ del portugués que supuso ‘un impacto’ para ella: ‘Lo conocí durante una retrospectiva de su obra, hablamos y enseguida supimos que nuestra manera de entender la producción de una película era similar’, declara.

Y algo de esa semilla sí puede estar en un film anclado en la realidad neocapitalista rumana, pero centrado en verdad en las propias ficciones de sus personajes. ‘Sí, las interpretaciones dentro de la realidad es algo que siempre me ha interesado, aunque no quería un exceso de invención’, nos dice. ‘Así, algunas veces, después de filmar una escena muy conseguida, tenía que hacer repetir a algún actor su trabajo en plan: ‘Oye, esto está muy bien pero, ¿puedes no llorar en esta ocasión?’. En el set me odiaban por hacer este tipo de cosas’.

Esta última confesión hace sonreír a Maren Ade, cineasta de una divertida y alegre naturaleza que ha sabido inocular con inmensa honestidad a su nuevo film. Una alegría, no obstante, de pronta fecha de caducidad: ‘El proceso fue muy duro. Estoy convencida de que no haré una comedia la próxima vez’, asevera según entrega otra risa liberadora. Acaso aquella de quien sabe de primera mano que no hay una emoción a generar que desate más sufrimiento que la del humor.


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