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Entrevista a Sean Baker (The Florida Project)

posted by Alberto Varet Pascual 6 febrero, 2018 0 comments

Sean Baker

El director norteamericano presenta The Florida Project, una obra que bucea en una degradada infancia suburbial yanqui desde una óptica vitalista.

The Florida Project llegó a Cannes, vio y venció. Mejor convenció, pues no figuró entre las candidatas a la Palma de Oro, pero su presencia en la sección paralela sí fue muy aplaudida por una crítica que alabó la capacidad de su autor, Sean Baker, a la hora de elaborar una personal mirada sobre ‘la otra América’. ‘Sí, este film es realismo social’, confiesa, ‘lo que te lleva, de algún modo, al cromatismo apagado del cine británico. Pero yo, personalmente, me veo más sincero haciendo lo opuesto. Así que usé los colores que existen en Florida para la película. Eso sí, lo exageramos un poco, pues mi DP y yo queríamos que el público viera el mundo a través del sentido de un niño’.

Efectivamente, The Florida Project es cine colorista e infantil filmado a las afueras de Disneyland por un cineasta orgulloso de pertenecer a la periferia del cine norteamericano. ‘El panorama indie está muy fuerte ahora mismo en gran parte gracias a Moonlight‘, nos dice. ‘Si te fijas, la mitad de las películas nominadas a los Oscar este año son independientes, lo que indica que estamos en un buen momento. Esto para nosotros es importante: que la gente poderosa del sector se fije en nuestros trabajos. En este sentido, una nominación se ve como un éxito, lo que te ayuda más tarde a conseguir fondos’, concluye.

Desde luego, la independencia tiene que ser vital para un autor que controla igualmente la edición de sus creaciones. ‘Cuando dirijo nunca sé lo que va a ocurrir hasta que llego a la mesa de montaje. Tangerine, por ejemplo, nació en la postproducción. Está rodada con un Iphone. No sabía ni la música que iba a usar. Aquí, sin embargo, si lees el guión, que está on-line, verás que el resultado final está lleno de cambios. Especialmente en el orden de las secuencias, pues no hay una historia lineal clara. Esto me dio mucha libertad en términos de continuidad. Puesto que era verano y no había problemas en el raccord, pude cambiar un instante por otro. Un buen ejemplo es la escena de la pareja brasileña. Llegaban originalmente hacia la hora de metraje, pero me pareció que se tenía al espectador demasiado tiempo a oscuras. Así que lo movimos al minuto 25. Eso fue algo que decidí a posteriori’, argumenta con generosidad.

El resultado es un montaje invisible que se aleja decidido de la espectacularidad que, en palabras del director, ‘siempre se premia en Hollywood’. Baker asegura ‘preferir la sutileza a la espectacularidad’ según desmerece, con educación y entre risas, las alabanzas que un montaje picado ‘del tipo Requiem por un sueño‘ obtiene en la llamada Meca del Cine. ‘Una edición picada, ¡pam, pam, pam!, es considerada la mejor que se haya visto jamás’, ríe. ‘Pero con todo es igual. También con la fotografía. Aunque creo que este año merecen el premio Dunkerque o Blade Runner, siempre se tiende a premiar lo más espectacular’, sentencia.

En este punto la entrevista deviene jocosa y juguetona como su realización, donde las malickianas referencias al juego como elemento indispensable para la vida son evidentes, si bien no existe aquí la pegada espiritual del de Malas tierras. ‘Para mí es una cuestión natural. Rodamos en verano y ésa es la época en la que los niños juegan’, explica antes de llevarse la respuesta al terreno del cine social: ‘Quería mostrar que Moonee y sus amigos se enfrentaban de la mejor manera a su situación, aunque fuera mala, y el juego era siempre una forma de maravillarse, de cambiar la situación a su favor’, argumenta.

Esta simpleza es, acaso, el punto débil de una propuesta, por lo demás, enormemente vitalista gracias a una planificación empeñada en hallar constantes rutas de salida. ‘Trabajamos para evitar algo claustrofóbico. Siempre queríamos ver una luz. No hay apenas un plano/contraplano, porque eso es como ver la tele. Si hay alguno, es extraño, lento. De alguna manera desconectado de la idea que se tiene en general de un plano/contraplano’, aclara.

Una vena lúdica que jamás hubiera sido posible sin la naturalidad de un casting prodigioso formado por ‘unos niños que entendían perfectamente lo que significa actuar’. En este sentido, Baker asegura ‘haber tenido muchísima suerte de encontrar a cuatro chavales realmente talentosos’. A partir de ahí, la otra tarea ardua fue la de ‘mantener un entorno familiar que no los estresara ni los intimidara’. ‘Fue a través de este ambiente cordial como conseguí que memorizaran sus diálogos’, confiesa. ¿Niños memorizando diálogos en una película tan libre? El director lo aclara: ‘Una vez confiados, eran capaces de añadir todo lo que ellos creían conveniente o de poner la frase con la que se sintieran más cómodos. Fue genial trabajar con unos chicos que no se avergonzaban en absoluto de nada’.


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