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Festival de Sitges 2013: Crónica I (Jornada inaugural)

posted by Raúl Muñoz 12 octubre, 2013 0 comments

Byzantium Neil Jordan

Un año más, como ya es tradición por estas fechas, el Festival de Cinema Fantàstic de Sitges abre la que es ya su 46ª edición.

Con un presupuesto reducido a causa de los recortes, pero con un entusiasmo intacto por parte de la organización y el público, el festival presenta, como es costumbre, una mastodóntica programación de lo más variado e inédito del panorama del cine fantástico internacional y nacional.

Como viene siendo costumbre en los últimos años, el festival abría de forma oficial con la proyección de la producción ‘Grand Piano, en lo que supone un gesto inequívoco del nunca suficientemente valorado soporte que el festival otorga a la cinematografía nacional.

La jornada inaugural presentaba un buen puñado de propuestas atractivas, con nombres contrastados como el de Neil Jordan, autores de culto como Shane Carruth y tótems como Peter Greenaway y el siempre interesante Terry Gilliam.

Una vez más, sin embargo, la que es una de las mayores virtudes del festival, su enorme y ecléctico programa, se convierte en uno de sus máximos inconvenientes, pues dar cabida a más de 200 filmes en 10 días de festival deviene una temeridad, e imposibilita de modo alguno disfrutar de todas las películas que uno quisiera.

Neil Jordan aparecía en Sitges con Byzantium, filme que supone su retorno al fantástico después de clásicos como En compañía de lobos y Entrevista con el vampiro, y más concretamente al genéro vampírico que ya abordó en la citada película.

El filme de Jordan trata de alejarse de la corriente vampírica ‘mainsteram’ para adolescentes y ofrece una propuesta más adulta e intimista, con cierto toque realista, donde nos ofrece las vicisitudes de dos vampiras, madre e hija, que huyen a lo largo del tiempo de una hermandad de vampiros que no aceptan la condición de éstas. Manejando dos espacios temporales para contar la historial actual y el origen de estas vampiras, Jordan entrega una cinta de factura correcta, pero que no destaca en ninguno de sus apartados. Como guión no sorprende, a nivel formal flaquea mucho en las recreaciones históricas, las interpretaciones no pasan de correctas y en general no aporta nada al genéro vampírico tratado con realismo y seriedad, cosa que si hacía Let the right one in, película que supera en todos los aspectos a la mencionada.

La segunda película vista el día de hoy era The colony, una cinta post-apocaliptíca donde, en un futuro desolador, la tierra sufre un enfriamiento que provoca una segunda glaciación y obliga a los humanos a sobrevivir en condiciones adversas en pequeñas colonias sumergidas bajo tierra. Con una factura más cercana a la serie Z que a la serie B, la película es un batiburrillo de clichés de todas las películas anteriores de género, como La carretera (esos enemigos caníbales), Soy leyenda y Fantasmas de Marte, con la que guarda notables parecidos y comparte algunos protagonistas. Una cinta que ha satisfecho a los fans más acérrimos del género, pero que supura ‘direct to dvd’ por los 4 costados.

Pero el plato fuerte estaba por llegar. Sitges presentaba la segunda película del reputado (en círculos indie) Shane Carruth, autor de un primer film llamado Premier, que al parecer absolutamente nadie entendió pero que ganó cierta notoriedad dentro del circuito independiente americano.
No he tenido el placer de ver esta primera cinta, pero vista la que aquí nos ocupa Upstream color, igual me tomo un tiempo antes de recuperar su anterior film.

Upstream color

La película habla, se supone, de una situación futura, donde alguien -no sabemos quien, pues los personajes entran y salen sin más, sin conocerlos, sin presentarse- introduce alguna especie de gusano alterado genéticamente en los cuerpos de seres anónimos, y estos, de algún modo, y mediante una operación llevada a cabo por un técnico de sonido (¿¿??), terminan por tener una vinculación espiritual con unos cerdos que habitan en una granja propiedad del médico/técnico de sonido. Si, sé que lo escrito es de difícil entendimiento, pero resulta que es mucho más claro y diáfano leerlo que no tratar de verlo.

La película es una sucesión de momentos sin coherencia alguna, con personajes que aparecen de repente y no volvemos a ver nunca más, diálogos sin sentido, pretendida simbología. Yo, qué soy admirador de El año pasado en Marienbad y de toda una tradición de cine que juega con el tiempo, el pensamiento, la repetición, la confusión espacio-temporal, etc. he pasado 96 minutos de agonía, de no tocar pie en tierra nunca, forzando el cerebro para tratar de agarrarme a algún hilo, cualquiera que fuera. Sin éxito alguno. Hay quién dirá que cuando algo así lo hace Lynch no le ponemos reparos, pero vamos, que a mi al menos Lynch me produce satisfacciones sensoriales, me deja navegar aunque sea a la deriva, y en este caso parecía que el director quería ahogarme a toda costa e imposibilitar sujetarme a su barco.

Los hay quienes defienden su capacidad hipnótica, su factura técnica, lo sensible de sus texturas. Pero es que ni por esas. La película quiere tener un embalaje muy sugestivo, muy marcado, pero usa recursos que no difieren de los de cualquier anuncio de Damm y sus ‘mediterranéamente’, esto es: cámara en mano flotante, primerísimos primeros planos, flares, contraluz, sol entrando en la óptica a cada rato, profusión exasperante de planos detalle grabados con objetivo macro, desenfoques. Un suplicio. Cero planificación, cero composición, cero encuadre. Un todo vale, un arrojar ideas sin sentido, un intento de ser en todo momento rompedor… que ya habrá quien monte su GRAN teoría de lo que significa la película y volverá al altar del que no debería haber bajado a su director.

En fin, jornada intensa la de hoy, con el ajetreo habitual de los primeros días en Sitges, la confección de esos sudokus imposibles que supone el cuadrar horarios de proyección, el despertarse a horas intempestivas para tratar de reservar entradas, las colas, las charlas, los comentarios post-proyecciones que te hacen sentir marciano… todo por lo que amamos este Festival, y por lo cual seguiremos informando.


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