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63 Festival de San Sebastián: crónica V (martes 22 de septiembre)

posted by Jose Luis Muñoz 23 septiembre, 2015 0 comments

Irrational man

Lluvia y viento bien de mañana. Y no es chirimiri precisamente lo que cae de ese cielo gris que no va a dejar ver el sol en todo el día. Pedalear hasta el Kursaal de buena mañana no es plato de gusto. El buen trazado de carril bici de Donostia me lleva del estadio de Anoeta a la desembocadura de la ría en quince minutos. Y mis piernas. Tengo tiempo de desayunar un contundente pastel vasco y un café con leche antes de ponerme a la cola.

Ixcanul, volcán en maya, es la primera de la mañana. La película se proyecta en el festival dentro de la sección Horizontes Latinos y espero de ella lo que busco: un film correcto, minimalista y hermoso en su naturalismo narrativo. El guatemalteco Jayro Bustamente dirige esta película subtitulada en castellano que, entre otras cosas, habla de las dificultades de comunicación en un país en el que conviven diversas lenguas, y de cómo se aprovechan algunos de la ignorancia de las comunidades indígenas para arrebatarles lo más preciado. La acción se centra en una familia campesina formada por el padre, la madre y su hija María (una hermosa indígena llamada María Mercedes Coroy), que viven en una casa junto al volcán cultivando el cafetal de un aparcero, un terreno escabroso infestado de serpientes. Los campesinos de la aldea se divierten ingiriendo enormes dosis de alcohol en el único bar del lugar. Hasta los cerdos beben ron para animarse a procrear. A María la quieren casar sus padres con el aparcero Ignacio. Pero María no quiere y se deja desvirgar, en una noche de borrachero, por un muchacho, Pepe, cuyo sueño es salir del lugar y explorar nuevos horizontes en Estados Unidos.  Una película antropológica (hay rituales con chamanes; matanza del cerdo;  ofrendas al volcán; descripción de la forma de vida de los campesinos mayas en la Guatemala interior), pero que nada tiene que ver con la vasca Amama. En Volcán hay un desarrollo dramático y un dibujo consistente de personajes humanos, esa familia formada por tres personas que se quieren y apoyan a pesar de las dificultades. Una película hermosa, emotiva y bien construida interpretada por actores no profesionales, extraídos de la comunidad indígena de San Vicente de Pacaya, en donde se filmó. Ixcanul fue galardonada con el Oso de Plata del último festival de Berlín y ya lleva recolectados 17 premios. El cine guatemalteco existe.

No puede faltar a su cita con San Sebastián Woody Allen que cada año rueda una película. El estajanovista director neoyorquino siempre está en el festival donostiarra, pero no a competición sino en la sección Perlas. El último trabajo del director de Annie Hall tiene aromas de Delitos y faltas o de Match Point. Irrational Man es una comedia negra y moral, porque los dilemas morales son una de las obsesiones de este director atormentado que se psicoanaliza con su cine. Está muy presente Fiodor Dostoievski y Crimen y castigo. ¿Es lícito asesinar si así se mejora el mundo? El protagonista es Abe, un profesor de filosofía algo fondón que tiene los rasgos de Joaquin Phoenix. Le precede la fama de provocador, alcohólico y mujeriego. Una de sus alumnas, Jill (Emma Stone) se lo quiere ligar, pero se le adelanta una profesora Rita (Parker Posey). El profesor se cura de su impotencia sexual con un curioso procedimiento. Pero, claro, no hay nada perfecto, y los detalles más nimios, como, por ejemplo, esa linterna que gana en una feria apostando a un número y regala a su enamorada alumna, le juega una mala pasada. Como la pelota que en Match Point cae al otro lado de la red, o ese anillo que no cae al Támesis y desencadena la tragedia. Bien dialogado, como de costumbre, el film de Woody Allen entra con suavidad y se olvida rápidamente como el setenta por ciento de su filmografía. El director de Match Point tiene varias categorías de películas. Esta encajaría en la categoría de las medianías. Parece que el director neoyorquino está muy cómodo haciendo un cine a la medida de sus espectadores fieles que no le exigen más. ¿Cuándo tardará en facturarnos una obra maestra? Quizá la próxima.

Hoy almuerzo en Okendo, el restaurante de las estrellas porque está enfrente de la puerta trasera del hotel María Cristina y sólo hay que cruzar la calle para entrar en él. La dueña, que toma nota del pedido, es una mujer delgada y elegante que me recuerda a Geraldine Chaplin cuando era muy joven. Yo la conozco a ella, de otros años; ella no me conoce a mí. Bienvenido al festival, me dice, aunque haya llegado hace cinco días. Una fotografía de Jeff Bridges me mira desde la pared al lado de otra de Liz Taylor mientras como un plato de pochas y sigo con un rabo de buey para rematar con un brownie de chocolate. Todo contundente. Con el café descubro en la mesa vecina a Goya Toledo y a Luis Tosar.

Apóstata del uruguayo Federico Veiroj es una mala opción a la siesta y una inexplicable elección del comité de selección para las películas de la sección oficial. Tampoco permite dormir por los subrayados musicales excesivos que acompañan a imágenes pobres y a un guion insulso y torpe. Un joven desangelado llamado Gonzalo (Álvaro Ogalla), sin mucha sangre en las venas, decide apostatar de su fe católica, pero la iglesia le pone una retahíla de pegas burocráticas. Mientras inicia el proceso, habla con un tío obispo (Juan Calot). Después, se enrolla con su prima Pilar (Maite Larralde). Luego tiene un escarceo con Marta (Bárbara Lennie), la vecina de abajo a cuyo hijo pequeño Antonio (Kaiet Rodríguez) da clases. Pero es un tipo que no consolida nada. Así es que cuando se decide por su prima, ésta da otra oportunidad a su novio. Y, de apostatar, nada. Apóstata aburre y comete el pecado de desaprovechar a esa excelente y guapa actriz que es Bárbara Lennie. Una pena. La película puede hacer competencia a Eva no duerme. Yo tampoco. Por la banda sonora estridente.

La tarde está gris y desapacible, con viento y lluvia, y la marea trepa por el Urumea creando un espumeante oleaje que pasa por debajo del puente del Kursaal y sigue río arriba. Pero la ciudad enloquecida por el cine no se detiene; llegan astros y estrellas al hotel María Cristina que toman el relevo a los que se van. Las calles se llenan de gente que arrastra su trolley y de los chicos de la prensa, bien visibles gracias a la acreditación de plástico que cuelga de nuestros cuellos y nos abre las puertas de los cines.

Viajamos a La Habana, pero no a la ciudad turística y amable que nos venden para que vayamos allá y mordamos el anzuelo, sino a una Habana caótica, de viviendas que se caen a trozos, cableado que provoca electrocuciones (la primera secuencia) y gente que malvive entre la suciedad y la pobreza, el mundo literario de Pedro Juan Gutiérrez, con sexo sucio y personajes al límite que no son precisamente el ejemplo de la Cuba socialista que el régimen castrista quiere vender. El mallorquín Agustí Villaronga se saca con El Rey de La Habana la piedra en el zapato que tenía con Pan negro, su peor película, y, sin embargo, la más premiada. Dibuja el director de Tras el cristal con pulso firme unos personajes auténticos y carnales como el mulato Reynaldo (Maykol David Tortolo), El Rey de La Habana, y Magda (Yordanka Ariosa), una jinetera negra todo temperamento que se enamora del muchacho, apenas un adolescente, cuando se escapa del correccional. Marginación, miseria, sexo, hambre, pero también mucha ternura entre esos dos personajes primitivos que viven al límite en un mundo que es hijo de la picaresca y que se aman de una forma telúrica. Circulan por la película de Augustí Villaronga tipos entrañables como el travestido Yunisleidi (Héctor Medina), enamorado de Reynaldo, o Fredesbinda (Ileana Wilson), la madre de Magda. El director mallorquín ha optado por limar el tono de comedia que tiene la narrativa de Pedro Juan Gutiérrez, una celebración a la vida a través del sexo, la única distracción que tienen los que no tienen nada, y ha optado por el registro dramático con una troupe de actores cubanos que son un prodigio de naturalidad. Y de nuevo encontramos la música de Joan Valent, el compositor de Mi gran noche, que prescinde  del son cubano para ir hacia un tipo de composición más clásico, y más triste.

Estamos ya en la mitad del festival y hay que aventurar ganadoras. La argentino/española Truman y la islandesa/danesa Sparrows creo que tienen muchas posibilidades, quizá más la segunda que la primera porque Magical Girl, una cinta española, fue la triunfadora de la anterior edición. Pero en las quinielas siempre me equivoco.


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