Festivales

Festival de Cannes 2015: Crónica Día 2

posted by Alberto Varet Pascual 16 mayo, 2015 0 comments
Día 2: El autor VS. El catálogo

Los festivales de cine generan tendencias sin querer. Así, uno podría mirar las películas de los más importantes eventos del año y encontraría sin esfuerzo un buen puñado de títulos que hacen gala de un lenguaje cinematográfico similar. Frente a esta sensación de ya visto, se elevan con fuerza los autores de verdad, aun presentando una cinta del montón. En este sentido, hoy ha sido el día de Woody Allen. Quién nos lo iba a decir.

The Lobster – Yorgos Lanthimos

Crueldad ortopédica

The lobster

Otro niño mimado de Cannes que nos deja aburridos. El griego Yorgos Lanthimos practica un cine de la crueldad que, a menos de que seas un mojigato, no te hará ni cosquillas. Lo peor es la falta de creatividad en su puesta en escena. Viendo su último trabajo puedes pensar en el mejor Haneke, al que no le llega ni a la suela del zapato, o en Ulrich Seidl, un autor mucho más original que él. Porque como ellos, hace de la sobriedad y el rigor formal su bandera. Sin embargo, aquí todo es ortopédico. La ilustración de un guión que no deja de apoyarse en la banda sonora como si desconfiase del poder de la imagen. Una producción que carece de ese punto orgánico que tienen los filmes de los realizadores verdaderamente capaces de ‘documentar una ficción’.

Irrational man – Woody Allen

Un autor, a fin de cuentas

Irrational man

Woody Allen es un autor menor. Siempre lo ha sido, y sus problemas como creador de formas continúan. También esa sensación de hacer cine para pijos que ven muy bien las desgracias que les ocurren a los personajes desde la barrera. Pero, a diferencia de otros muchos cineastas, Allen, superados ya Bergman y Fellini con la edad, se parece solo a Allen. Una película suya es perfectamente reconocible. En cada línea de diálogo, en cada obsesión, en la forma de encuadrar y montar, en la fotografía de Darius Khondji o en las interpretaciones de Irrational Man tienes, para bien y para mal, el toque del neoyorquino. Este trabajo no es histórico, mas es lo suficientemente complejo, divertido y sorprendente como para defenderlo. Sin ser total, Irrational Man nos deja, como Mad Max, instantes inspirados que son un oasis en esta tristísima Sección Oficial.

Hrútar – Grímur Hákonarson

Un catálogo del cine de festival

Cuando has ido a los suficientes certámenes hay gestos que te lo dicen todo: si una cinta abre con un plano largo bucólico de una casa humilde con unas ovejas balando (cabras en este caso), échate a temblar. Porque lo que vas a ver será un catálogo de lo que toda señora obra de festival debe tener: protagonistas más pobres que las ratas, sonido ambiente campestre, planos largos vacíos que pretenden filmar el vacío, pretensiones de cine social… Todo esto está en Hrútar, un título sobre la reconciliación filial en tiempos de crisis. Quiere ser peculiar, y los materiales dan pie para ello, pero no es más que una producción vista mil veces a todos los niveles.

Son of Saul – László Nemes

La complejidad de la abstracción

Son of Saul

Para muchos ya es una de las favoritas a la Palma de Oro. Tiene los ingredientes para llevársela: tremendismo, sobriedad en la puesta en escena compuesta por elaborados planos secuencia y crítica al Holocausto, amén de un toque de moralismo de parvulitos. El resultado, claro, es muy insatisfactorio: a pesar de que el arranque es bueno, con la cámara con una focal muy corta pegada a la cabeza de un Sonderkommando (un judío que ayudaba a los nazis a llevar a sus compatriotas a las cámaras de gas usando su afinidad racial) y apoyada en un marcado uso del sonido que nos coloca en la mente del protagonista para convertir su trasiego en un paseo por la memoria del subsuelo del la Segunda Guerra Mundial, el ejercicio se queda en un ‘ya visto’, cuando no en un ‘quiero y no puedo’ (aunque tenga una secuencia potentísima en los hornos crematorios). Son muchas, demasiadas las películas que siguen a un hombre de cerca en largos planos secuencias. Son Of Saul precisaba de una mayor abstracción, incluso en sus instantes más memorables. Y esa falta de originalidad no la salva ni una imagen tan poderosa como la de un padre arrastrando un pequeño cadáver a través de un río.


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