Festivales

Festival de Cannes 2015: Crónica Día 3

posted by Alberto Varet Pascual 17 mayo, 2015 0 comments
Día 3: Como el día y la tarde

La mañana en Cannes ha vuelto a dejarnos otros dos títulos a competición verdaderamente tristes, mientras que la tarde ha presentado, en la Quincena de Realizadores, dos joyas. ¿Cuándo dejará este festival de mirar hacia el escaparate que le proporcionan las estrellas para apostar por el gran cine en la Sección Oficial?

Mia madre – Nanni Moretti

La transparencia como excusa de la falta de originalidad

Mia Madre

Lo de Moretti compitiendo por la Palma de Oro seguirá siendo un misterio a resolver. Las risas cómplices en la sala podrían ser la respuesta: el italiano formula un cine para el gusto del mal cinéfilo que aúna desde el guión comedia y drama para los paladares que se creen exquisitos. Y lo hace desde la transparencia narrativa, lo que hará que muchos justifiquen su academicismo.

Porque en Mia Madre todo suena a déjà vu. Qué decir, si no, del uso de la estupenda “Famous Blue Raincoat”, de Leonard Cohen, para tratar de otorgar poesía a unas imágenes que carecen de ella. Una escena, por cierto, en la que el personaje que interpreta el director le dice a la actriz principal que no dude en tomar otras rutas alternativas a la oficial. Bien haría él en aplicarse el cuento, ya que su película no pasa del drama de sobremesa con los tópicos del género: interpretaciones cándidas, sonrisa cómplice de pobre de espíritu, momentos dramáticos de guión de manual, montaje funcional y realización supuestamente transparente que no es más que vacío y carencia de originalidad en la puesta en escena. A estas alturas nadie con dos dedos de frente querrá que le cuenten una historia más de aprendizaje en la vida a través del dolor. Lo que el espectador buscará será la recreación sublime de ese sentimiento en imágenes. Aquí no hay nada de esto. Este film no debería estar en ninguna sección de un festival moderno.

The sea of trees – Gus Van Sant

Edulcorar lo radical

Sea of trees

Un batacazo para la Historia. Si hablábamos antes de un trabajo de sobremesa con Moretti, qué decir de este pastel que ha presentado Gus Van Sant. Una cinta con todos los ingredientes propios del cine del de Portland (la muerte, la belleza en fuga, los personajes pululantes en un limbo…), pero incapaz de formularlos seriamente. El resultado es que lo que debería ser denso es tan sólo la superficie para el más edulcorado dramón.

El viaje hacia la muerte de Matthew McConaughey, su deambular por un famoso bosque a los pies del monte Fuji, no es carne de suspensión del tiempo y eliminación de los límites espaciales, sino pura rutina cinematográfica al servicio de un relato de superación mohíno. La facilidad del autor de Elephant para generar un no-lugar no emerge jamás. El bosque, aquí, no tiene valor alguno, ni sirve para lograr una abstracción, por mucho que, insistimos, todos los materiales entre los que tan bien se mueve el autor estén ahí. The Sea of Trees hace de ellos una carcasa inservible, y se convierte, tristemente, en una especie de Gerry para todos los públicos. Un Gerry filtrado por los peores tics de la filmografía de Van Sant, esos que lo aproximan al almibarado Spielberg. Lo peor de una Sección Oficial que, con tan solo tres días de vida, ya boquea.

Trois souvenirs de ma jeunesse – Arnaud Desplechin

Alejar la narración para conquistar la sensualidad

Y es que los organizadores deberían hacerse mirar por qué The Sea of Trees está compitiendo por la Palma de Oro mientras que una joya como Trois souvenirs de ma jeunesse es relegada a la Quincena de Realizadores. Porque lo nuevo de Desplechin es una maravilla, aunque sea irregular y le sobre el epílogo. Esta belleza contiene un prólogo y un cierre que levantan una de las rimas más hermosas y sensuales del audiovisual reciente, amén de ser una lección de pericia narrativa de principio a fin. Todos los cineastas que piensan que el cine es contar historias deberían ver cualquier trabajo del responsable de Reyes y reina, ya que él hace cine narrativo, 100% narrativo, de hecho, pero nunca rehúye las salidas al onírico, los discursos a cámara o las rutas que alejan la película de la mera narración para bucear en la documentación de las emociones.

Con un material de partida que podríamos tildar sin miedo de desquiciado (una obra dividida en tres partes de muy distinta duración e intensidad), Trois souvenirs de ma jeunesse formula el primer amor como pocas veces se ha visto en una pantalla. También la imposibilidad de olvidar la emoción que supone que alguien te ceda, aunque sea por un mínimo de tiempo, su intimidad. ‘Los hombres llegan y las mujeres se van’, dice el protagonista principal. Desplechin le pone imágenes a esta bella frase en un derroche de sabiduría ética y estética de gran precisión y complejidad. Un regalo.

Las mil y una noches, Vol.1 – Miguel Gomes

La libertad de un poeta perdido en la crítica al sistema

Arabian Nights

Era una de las premieres más esperadas y no ha decepcionado. Miguel Gomes se apoya en el clásico narrado por Sherezade para levantar una radiografía sobre la crisis económica en Portugal que no puede estar más alejada del original. La intención del luso no es, claro, hacer una versión cinematográfica de un texto, sino usarlo como excusa para acercarse a la realidad con originalidad y puntería. En este sentido, podemos decir que la obra logra lo primero en la mayoría de su metraje, pero no lo segundo. Y no lo hace porque como pensamiento político deja bastante que desear.

Bien es sabido que el de Aquel querido mes de agosto es un poeta de la imagen. Aquí esas virtudes siguen intactas: nadie muestra el verano ibérico como él. De hecho es ahí, a la mitad de esta excesiva y mutante producción, donde Gomes toca el cielo. Cuando el documental y la ficción hibridan con naturalidad entre ellos y la literatura en un pasaje acerca de una pequeña villa portuguesa y sus habitantes durante el estío. El problema es que, hasta entonces, las salidas han estado demasiado señalizadas, y la crítica al sistema resulta más propio del discurso de un camping del 15-M que de un serio análisis político. Es una pena que el film tarde tanto en dejar al espectador elegir. También que en el tramo final el director opte por una opción tan trillada como la parrafada a cámara de los parados de la zona (tan visto el recurso narrativo como las quejas de los protagonistas).

Con todo, las escenas nocturnas y de atardecer en el susodicho pueblo, el rodaje de los fuegos de neón y el acercamiento sincero a las discusiones en familia al calor de una tarde de verano fusionadas con Las mil y una noches y la ficción cinematográfica representan lo más vivo que hemos visto (y probablemente veremos) en esta edición 2015 de Cannes.


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