Festivales

Festival de Cannes 2015: Crónica Día 5

posted by Alberto Varet Pascual 19 mayo, 2015 0 comments
Día 5: Jornada fantasma

Las no-presencias han marcado el día en Cannes. Lo han hecho de forma muy acusada en lo último de Apichatpong Weerasethakul, una esperadísima cinta que ha decepcionado a una parte de su legión. Pero esos cuerpos en tránsito también se han formulado de otras maneras distintas en las demás producciones vistas hoy: como desmembramiento familiar (Louder Than Bombs), como esclavos del sistema económico (en las propuestas de Brizé y Gomes) o como los títeres de una sociedad corrupta (la película mejicana con la que hemos cerrado el lunes).

La loui du marché – Stéphane Brizé

Propuesta social inocua

La loui du marché

Continúa el cine viejo en la Sección Oficial a competición. La loi du marché es otro film social francés rodado con un estilo que nos remite a creadores del pelo de Audiard o Cantet: cámara en mano constante para atrapar una verdad que debe llegar desde unas escenas a las que, al menos en este trabajo, se les ve el truco en la escritura a millas. En fin: sosería del primer al último minuto y buenas intenciones caídas en saco roto por las cortas miras del discurso. Con todo, no es deplorable. Podemos destacar sus interpretaciones, su sobriedad, la ausencia de paternalismo o de monsergas y, como me comentaba Àngel Quintana en el café liberador de la mañana, un cierto intento de ser personal: en lugar de un montaje picado, Brizé ha optado por los largos planos secuencia para recrear el cansancio propio de los días que vive la actual Europa.

Estamos, por tanto, ante un ejercicio que quizás no sea desdeñable, pero que en medio de un torbellino de títulos resulta vulgar. Y es que, cuando te encuentras en el epicentro de la exhibición cinematográfica mundial, lo que pides son producciones que no se parezcan a ninguna otra, y ésta ya la hemos visto.

Cemetery of splendour – Apichatpong Weerasethakul

Escultor único de formas y tiempos

Cemetery of Splendour

Había mucho interés en ver por qué Cannes había relegado a Joe a Un Certain Regard, y las respuestas van a ser variopintas, ya que el nuevo Weerasethakul puede parecer dormido en sus laureles. Sin embargo, estamos ante un trabajo que da pasos hacia adelante en la carrera de un autor que a cada película demuestra ser uno de los más originales escultores del tiempo y la forma en el panorama contemporáneo.

Cemetery of Splendour prosigue la senda que El tío Boonmee abrió hace años, cuando la estructura interna especular dejó paso a la libre circulación entre vivos y muertos a lo largo del metraje. Ahora, el tailandés acorta la distancia entre esos mundos, y, también, entre el pasado y el presente, en una operación de pliegue narrativo que hace de la puesta en imágenes un abanico sobre el que circulan los fantasmas de varias generaciones distintas.

Este crítico sigue pensando que Weerasethakul es mejor en las distancias cortas que en las largas, que es más poderoso en un cortometraje o un mediometraje que en un largo. Con todo, hay aquí un uso del tempo cinematográfico a voluntad espectacular, amén de la creación de unas escenas plagadas de complejidad en su nitidez impecables (la cena en una calle de la ciudad o la llegada de la protagonista al hospital parecen estar habitadas por invisibles presencias). Y es que, aunque sea verdad que hay algo de repetitivo aquí y que determinadas decisiones parecen diseñadas para gustar en un festival (la larga secuencia en un bosque-antiguo castillo debe ser lo más lamentable que haya rodado jamás el director), nadie podrá discutir que el tailandés siempre esconde una imagen o una idea de valor más allá de la banalidad con la que juega grácilmente en su cine.

Louder than bombs – Joachim Trier

Disparar al aire no es ir de caza

Louder than bombs

Pensábamos que no iba a aparecer algo peor que lo que entregó Gus Van Sant en la Sección Oficial. Ingenuos nosotros. Louder Than Bombs, incursión americana del danés Joachim Trier, se antoja, aunque parezca imposible, bastante inferior a aquella.

El gran problema de esta cinta es que no sabe hacia dónde va en ningún instante: comienza siendo una proyección vaga sobre fantasmas para virar, a continuación, hacia la reflexión acerca de la ética de la imagen cuando la tragedia se hace carne, pero nunca acaba de abrazar enteramente ese discurso. Luego deviene en historia de iniciación con pretensiones de originalidad que, muy a su pesar, no consigue iluminar, ni siquiera un poco, las dificultades de la adolescencia. Y es ahí cuando uno empieza a cuestionarse hacia dónde diablos se dirige la mirada del autor. Personalmente creo que hacia el batiburrillo cual sinónimo de complejidad (uno de los peores tics del cine contemporáneo). Hacia el conjunto de ideas expresadas desde la superficie y acumuladas en un metraje para hacernos creer que coger una pistola y ejecutar siete tiros al aire equivale a un buen día de caza.

Incongruente y pretenciosa, la película se estira hasta el infinito en su hora y media de insulsa duración, y uno vuelve a lamentar que la organización prefiera el circo que le ofrecen las estrellitas (el reparto cuenta con Jesse Eisenberg, Gabriel Byrne e Isabelle Huppert) al talento de un creador.

As mil e uma noites – Volume 2, o desolado – Miguel Gomes

Ensayo sin red

Arabian Nights

Continúa el proyecto monumental de Miguel Gomes con otro trabajo de dos horas tan personal y libre como fascinante. En esta ocasión, el volumen está divido en tres secciones que son otras tantas manifestaciones audiovisuales. Por si fuera poco, la distancia entre esta entrega y la anterior es radical, lo que augura no pocas sorpresas en la última cinta. Justo lo que uno busca en este tipo de eventos.

Podemos decir, a mitad de recorrido, que Las mil y una noches empieza a cobrar un cuerpo, aunque seguimos lejos saber qué deparará el final. Lo que sí tenemos claro es que esta libérrima creación, que toma ideas del clásico árabe sin ser jamás una versión del mismo, es un ensayo audiovisual en clave política de la crisis en Portugal articulada a través de diversos gestos contemporáneos que responden a según y qué patrones de la modernidad cinematográfica, aunque siempre guisados con un toque único. Así, este nuevo volumen se divide en tres partes muy distintas que remiten a lo que han hecho otros importantes creadores.

Primer capítulo: Se centra en la figura de un rey cuyas andanzas en clave de ficción no tienen a priori interés. La realización narra, básicamente, que no hay nada que narrar en la vida de tan importante personaje. El monarca es aquí un equivalente del pueblo que, significativa y lamentablemente, lo aclama. Se le puede echar en cara que algo así ya lo vimos en Honor de cavallería, de Albert Serra, pero los matices políticos son definitivos para defender esta sugestiva sección.

Segundo capítulo: Un largo y alocado juicio acerca de un robo global formulado cual astracanada que remite a la obra Oliveira, aunque el sello de las interpretaciones y los diálogos vuelve a ser propio. Expresión inteligente del cine de la palabra como instrumento político.

Tercer capítulo: Reinvención del cine social en un tono que evoca a Pedro Costa, aunque moteado por un humor y una ligereza marca de la casa. Una delicia poética y originalísima que se puede confrontar a la rutina de La loi du marché, que abrió la jornada, para explicar qué queremos ver y qué no en Cannes.

Las elegidas – David Pablos

Las elegidas

Es un film más bien del montón, pero contiene una escena que justifica su existencia: un plano/contraplano de los rostros hieráticos de una joven y los hombres con los que se prostituye sobre un fondo blanco salpicados por una banda sonora compuesta únicamente por jadeos. Se trata de un dispositivo inteligente y valiente, sorprendente para el que lleva una hora delante de la pantalla sin ver nada especial, que señala al consumidor de prostitución como cómplice de la barbarie, algo que no ocurría nunca en la más que discutible Joven y bonita.

Esta película mejicana, a diferencia de la de Ozon, no compite por la Palma. Y no vamos a ocultar que la complejidad de las imágenes del francés es superior a la de David Pablos, o que la cinta de este último es mucho más académica que aquella, pero aquí, por lo menos, no se coloca al adolescente a modo de diana única dentro de un discurso moralista.

Las elegidas es, como lo perpetrado por el de 8 mujeres, una dura historia de iniciación, pero en clave social mejicana. Un drama sórdido acerca de las miserias de un país que da verdadero miedo. No es para descubrirse, pero todo está en su sitio, bien fotografiado y filmado, y con unas interpretaciones no profesionales más que dignas. Dura de digerir, con algún instante edulcorado o un uso de la música equivocado, pero sin caer en paternalismos ni sermones.


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