Festivales

Festival de Sitges 15: Crónica I

posted by Raúl Muñoz 11 octubre, 2015 0 comments

Día 1 de festival. Un año más cargado a la espalda. Llegada al auditori y esa sensación de deja vu que sucede cada año. Mismas caras, mismas conversaciones. Cualquiera diría que nos hallamos perdidos en un limbo temporal de este Marienbad que es el Melià de Sitges. Pero si prestas más atención, descubres más canas aquí, más barriga allí, más arrugados unos, e inquietantes ausencias de gente que apenas conocías, pero que con devenir el de los años te había terminado por resultar familiar. Siendo este un festival de terror, elucubrar sobre su paradero te hace llegar a elucubraciones funestas.

Un año más como decía. Y esto es el Festival de Sitges. Así que dejemos de ponernos meláncolicos, y sumerjámonos en la vorágine de terror, sangre y perversiones con el que el mismo suele deleitarnos.

En este sentido, la película inaugural, estaría en las antípodas de lo mencionado. La Bruja de Robert Eggers se trata de un film contenido, circunscrito al genéro de terror pero rehusando todas sus formulas. El debutante director, de nacionalidad norteamericana, imprime a su película un ritmo muy europeo. Los acontecimientos se suceden sin exabruptos. La manida fórmula del impacto se sustituye por una progresión de la tensión, de tempo pausado, que va calando en el espactador y generando un desasosiego creciente. La recreación histórica es acertada, con gustos por los detalles, la decoración y el vestuario. El tratamiento de la fotografía en color es muy interesante, con dominantes monocromáticas en la mayor parte de sus fotogramas. Algo así como si hubieran tratado de llevar a la fotografía en color el excelente trabajo que Sven Nykvist hacía en los films de Bergman de los que parece que bebe la película; El manantial de la doncella y La hora del lobo.

The witch

Así, los exteriores día presentan un tono gris, que apaga los colores, que dota de cierta claustrofobia a los espacios abiertos. Los interiores noches quedan teñídos por el rojo de las velas. Hay una dualidad clara en la pelicula interior/exterior. Hay una amenza externa (la bruja del título, que acecha a una familia aislada en la recién nacida norteámerica) y una amenza interna, más temible aún (el fanatismo religioso que practica la familia, que afectará a algunos de sus vástagos y creará un clima irrespirable). Se trata como digo de un muy buen primer film. La película te atrapa con sus formas y es satsfactoria en su desarrollo. Quizás, y llevado por el entusiasmo previo que la cinta ha suscitado, echo a faltar más desgarro en su desarrollo, más de incomodidad en su visionado. Algo así como lo que conseguía Ben Wheatley en su inquietante Kill List, presente en el festival en ediciones anteriores, o lo que hiciera Lars von Trier en su denostada Antichrist. La bruja es una buena película, excelente como film inaugural del certamen, pero a la que le hubiera faltado un poco más para trascender a la historia del cine de terror.

Sin solución de continuidad, y arrastrado por el canto de sirenas de su brutal campaña de márketing, así como de quienes cantan las excelencias del anime en la que está basada, acudo a ver Attack of the Titans Part 1, con la esperanza de ver, si bien no un buen film, si un espectáculo visual de primer orden.

Los primeros minutos son convincentes. Las paseos de la cámara por esta sociedad que vive atrapada entre muros para evitar que unos seres de dimensiones mitológicas, llamados Titanes, puedan atravesar sus barreras y arrasar con la humanidad, hacen gala de un gusto por la ambientación, el movimiento de extras, la sensación de asistir a algo épico. Una vez la acción se dispara, la película cae en lo peor. Una orgía de efectos digitalizados, pesimamente integrados en la acción, de manera que la película queda divida entre una parte real (potragonizada por sus actores), y una parte digital (todo lo relativo a los Titanes) que no casa de ninguna de las maneras. En algunos momentos pareciera que estás contemplando un anime y en otros una película real, lo que acaba de darle un aire a lo Power Rangers al conjunto que devasta la propuesta. Al menos respiro porque ya sé que podré saltarme su segunda parte.

Para terminar el día (estamos a principio del festival, y con 3 películas es suficiente), me dirijo al cine Prado, donde la joven directora Joyce a. Nashawati, presenta su ópera prima Blind Sun. Estamos en Grecia. Una familia adinerada deja al cuidado de su casa a un inmigrante de procedencia árabe. Una vez solo en la casa, el tipo irá sumiéndose en la paranoia. En algún momento, el guión deriva hacia el romance. De nuevo en la casa, el calor y la paranoia siguen apoderándose de nuestro protagonista.

Blind sun no se esfuerza en contar el por qué de las cosas. Lo cual no es malo en si mismo. Pero si lo que sucede no interesa, y los porqués nos son ocultos, el interés de la película decae a pasos agigantados. Una dirección plana y complaciente tampoco ayuda. La directora queda muy lejos de su referente evidente más inmediato: el joven Polanski de Repulsión.

Termina la jornada con el sabor agridulce de haber visto una buena película pero en menor medida de lo deseado y dos films absolutamente prescindibles que deseo haber olvidado mañana. Así es Sitges. Sé que cunado menos me lo espere, me sorprenderá con la película que ando buscando.

Y esa película que ando buscando no sería en ningún caso El Nuevo Nuevo Testamento con la que empiezo mi segunda jornada. Película absurda que nos presenta a Dios viviendo en Bruselas, con una hija rebelde y una esposa completamente inútil. A partir de aquí, lo peor. Ñoñería extrema al más puro estilo Jean Pierre Jeunet. Tics de director cool con planos creativos que rompen por completo la coherencia del film (si es que tuviera), subrayados obsesivos y obscenos de todo lo que dice la voz en off, cambios de registro constantes en el desarrollo de la trama. El horror. Desde ahora mi película odiada del festival. Y sin ganasde escribir una linea más sobre ella.

A continuación seguimos con The Gift, pelicula americana que entronca con algunos thrillers de los 90 como De repente un extraño o Mujer blanca soltera busca. Como en aquellos, un personaje que parece amistoso se acercará a nuestra pareja protagonista, primero con la mejor de las intenciones, sospechamos que con fines mucho más oscuros después. Y aunque el tema es manido y desde que empieza parece que podemos telegrafiar todo lo que va a suceder, los guionistas tiene la habilidad suficiente para introducir un par de giros que nos hagan seguir con interés su desarrollo y que queramos saber como acaba el embrollo. Pese a todo, la sensación de estar ante una TV movie de Antena 3 está ahí, y el esfuerzo loable de todos los implicados (director, actores, guionista) no conigue apartarnos de ella.

The Invitation

Y en el tercer film del día llega la primera sorpresa. Pequeña sorpresa, pero grata. Pues el film The invitation no es un peliculón, pero si un muy buen thriller, desarrollado con inteligencia y rematado de forma satisfactoria. Como ocurriera en Coherence, vista en Sitges en 2013, toda la acción se circunscribe a un único espacio: la casa donde Eden, ex esposa de Will, recibe a sus amigos para comunicarles que tras dos años de haber estado desaparecida, ha conseguido superar la muerte del hijo que tenía en común con Will. Lo que empieza siendo un reencunetro entre amigos va derivando paulatinamente hacia otros derroteros, con una tensión creciente y una serie de giros de guón que mejor no mencionar para no romper el suspense. Dirigida con buen pulso, con sentido del ritmo y del tempo (acelerando cuando debe y dilatando cuando es necesario), con alguna que otra imagen perturbadora y con el afán de mantenerte en tensión, con dudas e interesado durante todo el trayecto, la película cumple con creces su objetivo, y es, hasta ahora, la primera sorpresa positiva del festival. Esperemos que vengan otras más.


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