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Festival de Sitges 18: Crónica V

posted by Marc Muñoz 10 octubre, 2018 0 comments

Lazzaro felice

La jornada del martes en el Festival de Sitges tuvo un impulso ascendente (de menos a más). Y es que el debut de Eddie Alcazar con Perfect fue un mal comienzo. El esfuerzo del director norteamericano se salda con una pusilánime sci-fi que pretende aproximarse a la “nueva carne” de Cronenberg a través de la historia de un joven que ingresa en una clínica para recuperarse de un suceso traumático. Pese al llamativo e hiperestilizado envoltorio, la criatura de este realizador se desinfla pronto ante la vaguedad de ideas que la sustenta, presentadas, para mayor inri, con resonancias de gravedad y profundidad y sobre bases pseudo-filosóficas. Una de esas cinta vacías en sustancia y narratividad, que aguanta su corto visionado por la imaginativa de Alcazar para componer bellas e hipnóticas imágenes como ya demostrara en el portentoso corto/videoclip para Flying Lotus, “Fuckyouuuu”.

Tampoco genera demasiadas adhesiones el nuevo filme de Agnieszka Smoczynska, la directora polaca que ya decepcionó a este servidor el pasado año con The Lure (pese a los parabienes generalizados cosechados). En Fuga (Fugue) plantea un inquietante melodrama familiar alrededor de la desaparición repentina e inexplicable de la madre de familia que, tras ser localizada, deberá recupera el amor y la confianza de su familia. Sin embargo, ese interesante punto de partida decae ante la imposibilidad de ofrecer avances de interés o giros que los precipiten en su trama. Deficiencias de guion que terminan por desfallecer su visionado, entregándolo a un pasatiempo de formas sobrias pero poco valor sustancial.

Rastro renqueante borrado de un plumazo con Lazzaro feliz (Lazzaro Felice), no solo la mejor obra vista hasta la fecha en el festival catalán sino una de las mejores del curso. Alice Rohrwacher se consolida como una de las cineastas italianas más sugerentes y valiosas con esta mayestática película que sorprende al espectador en un discurrir plagado de giros asombrosos. Insertada en la fábula costumbrista y  social, Rohrwatcher dibuja un fresco de los marginales de la Italia de los últimos 25 años mediante la mirada limpia, compasiva y bondadosa de un personaje diseñado para convertirse en un icono del cine reciente, ese Lazzaro que da nombre a la película y que llena de sentimiento cada una de sus apariciones. Un relato que, bajo su aparente capa de costumbrismo, deja aflorar retazos de realismo mágico que allanan, y embellecen, la crítica social que hierve en sus entrañas. Una disección del liberalismo y sus efectos en las clases explotadas y desahuciadas, un coque entre tradición y modernidad, entre áreas rurales y urbanas, que en lugar de frecuentar los lugares comunes cansinos y trillados del cine social, quedan engalanados por estos brotes de fantástico. Por si fuera poco, Rohwratcher aprovecha este fabuloso trayecto por la historia reciente de su país, para entablar también un diálogo con los grandes clásicos de su cine: desde el Novecento de Bertolucci, a Rocco y sus hermanos de Visconti, Milagro en Milán de Vittorio de Sica, la Mama Roma de Pasollini o la obra de los hermanos Taviani. Una cinta que bajo su aura mágica y  fascinante, esconde una demoledora mirada sobre la desolación y la humanidad que crecen entre las grietas de las sociedades descuartizadas por el neoliberalismo. Una obra que recubre de emoción, compasión y amargura un ser angelical, cuya bondad en nuestro mundo solo puede entenderse desde las facciones del fantástico. Sublime obra maestra.

Y la jornada terminó con el nuevo vehículo de otro querido representante de la fauna Sitges. El norteamericano S. Craig Zahler cambia de tercio, y con ello, despoja su cargado equipaje de pesos innecesarios con la depurada Dragged Across Concrete, un fornido polícíaco que encuentra su valor bruto no solo en la encomiable química entre dos policías suspendidos tras ser captados en pleno ejercicio de su metodología brutal por la cámara de un móvil, sino en el desarrollo pausado pero contundente y adictivo de esa misión desesperada a la que se abocan los dos agentes apartados temporalmente de su cargo. Zahler parece mirar por el retrovisor las grandes muestras del noir de los setenta de Lumet, Friedkin, Frankenheimer y compañía para elaborar esta obra que engancha de principio a fin pese a su avance a cocción lenta. El de Bone Toamhawk aparca su estilo exaltado y excesivo en pos de un caldo noir más detallado, discursivo y elaborado, donde los diálogos rezuman humor y veracidad y donde las escenas de acción resuenan en las cuencas oculares de los espectadores por su brutalidad y su ingenioso desarrollo. El norteamericano da un salto hacia arriba, tanto en escritura y dirección, con esta obra más contenida, más clásica, y que hace uso de recursos más halagadores


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