Festivales

Festival de Sitges 2015: Crónica II

posted by Raúl Muñoz 13 octubre, 2015 0 comments
Domingo 11

El festival, como es habitual, ha empezado a medio gas. Si bien La bruja supone una gran inauguración, y The invitation resulta una agradable sorpresa, lo visto en los dos primeros días resulta un poco decepcionante. Con la esperanza de que las cosas cambien de tercio, afrontamos el tercer día de festival.

El sueño acumulado y algo de pereza respecto a su director, hace que prescinda de la primera proyección del día, Anomalisa de Charlie Kauffman. Craso error. Los comentarios muy favorables de aquellos que la han visto son un manifiesto irrefutable de mi mal criterio a la hora de elegir.

Baskin

Así que empiezo el día con la turca Baskin, de Can Evrenol, una película recomendada por algunos colegas y que sé que es del agrado de mucha gente encargada de la programación de este año. Empujado por la curiosidad de ver cómo se manejan en el género desde una cinematografía que me es altamente desconocida, me siento dispuesto a dar manga ancha a lo que sucederá en pantalla. Y si bien los primeros minutos de la película me parecen interesantes, conforme esta avanza me doy cuenta que, a pesar de su origen ‘exótico’, la película recorre caminos trillados del género, especialmente en su segunda mitad, cuando la cinta realiza un giro hacia el torture porn, que a estas alturas, ni ofende, ni escandaliza ni impacta. Un film de factura correcta, que posiblemente satisfaga a los amantes del género, pero de escasísimo interés para aquellos que busquen algo más que sangre sin sentido.

Así que alarmado por mi nefasto criterio, entro con todas las dudas a la proyección de SPL2: A time for consequences, película de acción de Hong Kong, protagonizada por el tailandés Tony Jaa, la última revelación en lo que a cine de artes marciales concierne. Empieza la proyección. La trama se desarrolla en varios planos paralelos, saltando de un escenario a otro, mezclando personajes. Resulta todo bastante confuso. Pero el ritmo es endiablado, los movimientos de cámara impecables, lo mismo con la iluminación. Te sueltas, te sumas al baile, el guión sigue sin ser claro, pero ha llegado la primera pelea. Coreografía espectacular, movimientos imposibles. La cámara sigue todo en plano secuencia, siendo actor principal de este baile de golpes. Crujir de huesos. Música celestial. La película sigue in crescendo continuo. Sin darte cuenta han pasado dos horas que te han parecido 30 minutos. Una orgía de acción desenfrenada te ha llevado al éxtasis. Así que cuando la caterva de críticos intelectuales que pueblan Sitges miran hacia otro lado, tú, en voz baja, musitas: Peliculón.

Bien, parece que las tornas han cambiado. El Festival retoma el vuelo. Por fin una película afín al espíritu del certamen me ha hecho vibrar. Confiado por mi victoria me dirijo a la siguiente película, The Hallow una producción irlandesa dirigida por Corin Hardy. Se trata, a priori, de una película de género puro podría prolongar mi sensación de que estamos ante el punto de inflexión del festival.

Empieza la película. Buena factura, actores creíbles, inicio con cierto misterio. No está mal. Aparece la amenaza. Un hongo que posee a los seres vivos. Mmmmmm…. Bufff. Un poco de pereza, pero démosle una oportunidad. Primer susto con recurso manido de reventar los altavoces. Buhardilla tenebrosa. Niño que llora. Todo esto ya lo he visto en cientos de películas. Sensación de hastío. Lugares comunes uno tras otro. La amenaza se hace palpable. Unos seres deformes ridículos entran en escena. No hay misterio, no hay terror, no hay sangre, no hay nada. Y en eso acaba la película, en nada.

Vaya, decepción mayúscula. Otro día que apuntar en rojo. Aún queda por ver The boy, de Craig McNeill. Pero ya no espero nada positivo.

The boy

Las luces se apagan. Logo de King Kong. Aplausos. Un motel en medio de ninguna parte. Un padre y su hijo malviven en él. Una curva en la carretera. El niño recoge cadáveres de castores atropellados. Rutina diaria. Ritmo pausado. Lentamente, la película te atrapa, te sumerge en ese ambiente. Las acciones se suceden sin estridencias, van ganando en intensidad, pero el ritmo es medido, la dirección contenida. No hay cabida para el exabrupto. La historia alcanza su clímax y cierra de forma satisfactoria. Se encienden las luces y estoy convencido de haber visto una buena película. Notable incluso. Y mientras se acaba el día, no puedo evitar pensar que esta debería ser la media de films presentados al festival y no la excepción. Lo cual no habla muy bien de las películas proyectadas hasta ahora. Confiemos en que la cosa remontará.

Lunes 12

Alentado por el cambio de rumbo que supone la última película del día anterior, me levanto a primera hora de la mañana para asistir a The demolisher, película de la que no tengo referencia alguna, pero a juzgar por la reseña que el propio festival hace de ella, voy con la esperanza de encontrarme con una buena sorpresa.

Y la sorpresa es mayúscula. Es tanta, de hecho, que me paso los 90 minutos que dura semejante bodrio pensando la forma en que voy a destriparla, machacarla y hundirla cuando escriba la crónica. Una vez terminada la proyección, decido que ni siquiera se merece más que estas cuatro líneas.

Desde el órgano de dirección y programación del festival deberían pensar sin embargo, qué posibles beneficios les aporta permitir que gente pague una entrada de cine para ver una película que no debería tener ni siquiera distribución en festivales de circuito amateur. Tal es el desaguisado y la ofensa.

Con el monumental cabreo aún presente, emprendo la subida que me lleva del cine Retiro al Auditori, maldiciendo para mis adentros el haber madrugado para perder de forma tan estúpida dos horas de mi vida.

Love gaspar Noe Poster

Al llegar me espera Love 3D de Gaspar Noé. Así que me pongo las gafas y me dispongo a disfrutar de la película. Una masturbación real con eyaculación incluída en plano fijo deja claras las  intenciones a la primera de cambio. Tras esto, conoceremos a Murphy, quién ha tenido un hijo con una ex vecina y a quién una llamada pone en alerta del paradero actual de su antigua novia y verdadero amor, Elektra. La película narra entonces, a partir de flashbacks, el periplo de estos dos enamorados, sus abundantes encuentros sexuales, y el declive final como pareja, con errores clamorosos de Murphy de por medio. La cinta ofrece imágenes sexuales totalmente explícitas, hasta el punto de que hay quien la cataloga como película porno en 3D. Sin entrar a valorar si estamos o no ante una película porno con ínfulas artísticas, si se le debe reconocer a Noé un acercamiento muy real e íntimo al sexo en pareja (con ayuda de terceros en ocasiones) y un tratamiento de las imágenes sexuales muy alejado del que aplica en el cine porno. Como viene siendo habitual en su cine, tanto la puesta en escena como el trabajo sonoro y musical son de una fuerza abrumadora. El problema tal vez cabe buscarlo en la relación de Murphy y Elektra, una historia de amor tan mínima y carente de interés que perjudica el desarrollo de la película. Del uso del 3D, poco que decir, pues no parece que haya aprovechado ninguna de las posibilidades técnicas que éste propicia para enriquecer su historia.

La próxima vez apuntaré al corazón es un drama criminal francés, con el genial Guillaume Canet como protagonista y dirgida por Cédric Anger. A finales de los setenta, un asesino en serie aterroriza a la población de la región francesa de Oise y mantiene en jaque a la policía y la gendarmería. Este asesino es Franck Neuhart, y da la casualidad que es un gendarme que está al cargo de la operación que va tras sus pasos.

Basada en hechos reales, la película ofrece los hechos de forma expositiva, con un tratamiento realista y huyendo de las convenciones del thriller. No importa tanto el desarrollo de la trama criminal como el desarrollo psicológico del protagonista, magníficamente interpretado por Guillaume Canet. Con una puesta en escena fría, calculada, distante, que la empareja en muchas ocasiones con lo mejor del polar francés (hay mucho de Cercle Rouge de Melville e incluso de Le Samourai), la película supone una de las mejores propuestas de lo que llevamos de festival. Lo cual no deja de ser curioso y a la vez preocupante, puesto que rozando el ecuador del certamen, observamos que las películas más destacadas son aquellas que se alejan más del género que da sentido al festival, y observamos con temor la deriva que toma el cine de terror y fantástico, anquilosado en fórmulas trilladas, estereotipos caducos y narrativas y formas cinematográficas absolutamente acomodadas y sin riesgo alguno. Y esto, en un género como el de la fantasía o el terror, donde el riesgo debería estar al orden del día, hace presagiar años venideros con pocos estímulos y esperanzas en el género.

Quedan cinco días para que los hechos me lleven la contraria.


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