Festivales

Festival de Sitges 2015: Crónica IV

posted by Raúl Muñoz 17 octubre, 2015 0 comments
Jueves 15

La 7ª jornada de festival venía marcada en rojo antes de que éste iniciara su andadura. La película alemana Victoria, venía de dar la sorpresa en el festival de Berlín y arrasar en la ceremonia de los premios Lola (premios de la cinematografía alemana).

Victoria

Victoria nos cuenta la vertiginosa noche que una joven española afincada en Berlín sufrirá tras conocer a un grupo de amigos, que, dicho sea de paso, en su primera impresión ya nos hacen temer lo peor. Si es cierto que a nivel argumental la película transita por senderos transitados mil y una veces en el cine, es en su forma donde ésta cobra valor. Así, la historia de chica inocente que conoce a un chico peligroso con el que inicia una singladura criminal, la hemos visto desde tiempos del cine clásico en Gun Crazy, pasando por la nouvelle vague en Al final de la escapada, el Malas Tierras de Malick o su revisitación más actual «made in Tarantino» True romance. Sin embargo, aquí, y como debería de ser norma en esto del cine, la forma es el contenido. Y ese plano secuencia de 140 minutos, más allá de una decisión caprichosa como podría ser la de Iñárritu y su Birdman, resulta la parte fundamental y final del film. Pues si bien el hilo argumental es conocido, la unidad temporal que le otorga el largo plano secuencia, dota de inmenso significado a éste. Y de una historia que nos podría parecer poco creíble en algunos de sus tramos, al beneficiarse de estar sucediendo en tiempo real ante nuestros ojos, termina por parecernos altamente convincente, emotiva y redonda, haciéndonos sentir que hemos recorrido junto a la excelente protagonista del film, Laia Costa, la noche salvaje de Berlín. Una dignísima obra que a buen seguro tendrá buen recorrido comercial y que augura un gran futuro a todos sus implicados.

La americana Angelica, de Mitchell Licthenstein, parte con un gran hándicap inicial que se revela a los pocos minutos de su proyección. La dirección es mala, el montaje es francamente deficiente. Así, la obra, francamente bien ambientada en la época victoriana inglesa, ofrece una iluminación y unas texturas que evidencian en demasía el hecho de estar grabada con cámara de video de alta definición. De este modo, el gran trabajo de vestuario y de dirección artística queda dilapidado por la fatal elección del tono y la post-producción que se le ha dado a la imagen. Con esto, no puede uno evitar durante toda la proyección sentir que los personajes están en decorados, que sus vestidos son disfraces y que todo lo que acontece en ella es pura representación. Pese a todo, el tema tratado suscita suficiente interés como para olvidar todo lo anterior y seguir con cierta atención su desarrollo. Así, la película ofrece una certera visión del papel de la mujer en dicha época, de la opresión sexual a la que se veía sometida, de la total anulación como persona a la que la podía llevar el marido, con la amenaza, incluso, de encerrarla en un manicomio si fuera menester. Frente a esta situación, el film nos ofrece una lectura en clave feminista, donde la mujer sometida encontrará ayuda y apoyo en otras mujeres que le rodean, que no dudarán en estar a su lado cuando la cosa se ponga muy fea.

La dame dans l’auto avec des lunettes et un fusil de Joann Sfar, director del biopic de Serge Gainsbourg, es un film pretendidamente sexy, conscientemente ligero y tremendamente divertido. Con una trama criminal que se enreda en sí misma, aquí el argumento es lo de menos. Su director pone todo el empeño en conseguir imágenes chic, con una actriz principal espectacular, un diseño de vestuario impactante, muy 60’s, un montaje que mezcla mil y una técnicas (pantallas divididas, flashbacks y flash-forwards, superposiciones varias, etc.) y una clara referencia al aspecto más superficial de la nouvelle vague, en concreto Godard y su Pierrot le Fou. A pesar del evidente interés por parte del director por aparecer como el más listo de la clase, la película se disfruta en cada uno de sus planos, en cada instante de sus paisajes musicales, arrastrado por su trama trmposa. Un film al que se le ve la trampa desde el minuto uno y pese a todo disfrutable como pocos.

La última película del día, la americana The Devil’s Candy, supone una tremenda decepción. Ansiando ver por fin una película de terror a la altura del festival, nos hallamos ante la enésima tontería con casas encantadas, posesiones diabólicas y asesinos patéticos que acechan a una familia. Todo ello sin mostrar sangre alguna, sin mayor sorpresa que los cuatro sobresaltos de rigor, carente de originalidad alguna y fiando todo su impacto en una atronadora y omnipresente banda sonora compuesta por heavy metal.

La jornada sigue en Sitges hasta altas horas de la madrugada. Con sus más de 150 películas en cartel uno siempre se va a la cama con la inquietante duda de, en ese mar inabarcable de cinematografía, estar dejando escapar la película definitoria del festival. Esperemos que no sea así.

Viernes 16

Yakuza Apocalypse

El día comienza con la nueva película de Takashi Miike, director queridisimo en el festival. Y viendo su Yakuza Apocalypse, uno entiende el por qué. El cine de Miike está hecho a la medida del público de Sitges. Y el director parece saberlo y ofrece a éste un film a su medida. Solo Miike (o quizás Sion Sono) es capaz de mezclar en un mismo film vampiros, yakuzas, una especie de hombre tortuga y un muppet a tamaño humano, experto en artes marciales, y salir airoso del entuerto. Para ello, el director no duda en romper cuando cree menester el hilo narrativo, introducir sin previo aviso chistes fuera de tono (impagable los detenidos por el clan condenados a hacer ganchillo), mezclar en un único film cuantos géneros convenga, no escatimar en sangre, patadas, y golpes… Puro cine libre de cualquier complejo, directo a las costillas de un público entregado, que celebra cada nueva película del director japonés como si fuera un acontecimiento.

The boy and the beast es un anime que venía avalado por el hecho de haber estado seleccionado en San Sebastián. Se trata de un film de aprendizaje, donde dos personajes antagonistas (un niño humano que ha escapado de su hogar y una bestia antropomorfa con muy malos modales y carácter) deberán limar sus diferencias y emprender juntos una serie de situaciones en las que el uno será complemento del otro y la unión de ambos beneficiará a cada uno de ellos por separado. Película cargada de las mejores intenciones, con un bello mensaje para los más pequeños, goza de algunos momentos visuales de impacto, rico en detalles y de cierta imaginación, aunque todo ello muy alejado de las obras maestras que factura el estudio Ghibli, y en especial el genio Hayao Miyazaki.

La australiana The pack parte de una premisa que, aunque algo trillada, parece interesante. Una familia se verá asediada durante una noche por una jauría de perros con sed de sangre. El desarrollo, sin embargo, no puede ser más convencional. Consciente de su condición de película de serie B, el film no da muchos rodeos y entra rápido en acción. Pero la cantidad de lugares comunes que recorre, el uso de recursos manidos y la falta aplastante de originalidad, la hacen olvidable incluso antes de que termine.

Con una relación estrecha con el festival (han pasado todas sus películas desde Kill List), Ben Wheatley presentaba su última película, High Rise, ante la gran expectativa de todos los presentes. Basada en una obra de J.G. Ballard, la cinta nos presenta un moderno edificio donde se ven representados todos los estratos de la sociedad capitalista. Así, en las plantas más bajas viven los menos adinerados, y conforme subimos en altura, lo hacemos en escalafón social. Nuestro protagonista es un nuevo inquilino que vive en las plantas intermedias. Pronto veremos que los inquilinos de dicho edificio son cuanto menos peculiares, sea cual sea su condición social, y al parecer tiene mucho que reprocharse los unos a los otros. Cuando las estructuras del edificio empiecen a fallar, el caos se apoderará de este, y sumergirá a todos sus habitantes en una lucha sin cuartel, algunos para mejorar su estatus, otros para conservar sus privilegios y otros con claro afán vengativo.

El film de Wheatley goza de una clara contención y claridad expositiva en su primer tercio, para tomar a partir de entonces una deriva mucho más caótica, grotesca, exagerada, que no duda en flirtear con el exceso en todo momento, pero que logra funcionar como gran sátira de nuestra sociedad, la lucha de clases, un capitalismo feroz capaz de devorar a todos, y como éste, al desmoronarse, hace aflorar los rasgos más abyectos de cada uno de nosotros.

Una película arriesgada, que opta por el humor negro y lo grotesco, demasiado evidente en cuanto a su lectura, pero que funciona como tal y merece ser vista.

 

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