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Festival de Sitges 2015: mejores películas y conclusiones

posted by Raúl Muñoz 21 octubre, 2015 0 comments

Pasados ya unos días de la clausura del 48 Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, es momento de hacer balance de lo ahí visto, y ya puestos, calibrar el estado de salud en el que se encuentra el cine de género, en especial el de terror, pues una vez finalizado el festival, despierta algunas dudas respecto a su futuro, y alguna que otra esperanza.

Como vinimos desgranando conforme acontecía el certamen, la calidad de las películas fue mejorando según pasaban los días. Si bien al inicio todo hacía presagiar que nos encontrábamos ante una floja edición, una vez finalizada, podemos afirmar que ésta ha sido de una calidad notable. La inclusión de nombres consagrados como los de Apichatpong Weerasethakul, Charlie Kauffmann, Hsiao-Hsien Hou o Paolo Sorrentino han contribuido a ello, pero es justo destacar la apuesta clara que han realizado los programadores para ofrecer un abanico cinematográfico de lo más amplio, que va desde los films de género puro, hasta el cine más experimental, pasando por el cine independiente y autoral.

En este sentido, la ingente cantidad de películas programadas en el festival, y que siempre es motivo de discusión entre los ahí presentes, resulta ser un acierto y jugar a favor de la credibilidad del certamen, pues tal y como está diseñado, cada cual es libre de confeccionarse el programa a su medida. Ángel Sala, director del evento, hábil conocedor de la amplia diversidad cinematográfica que cabe en un festival de corte fantástico, ha sabido realizar, junto a su equipo, un programa diverso, que satisface todas las sensibilidades, perfectamente ordenado en las distintas secciones. Y aunque en un principio la descomunal oferta de películas resulte abrumadora, a la larga permite que cada cual siga la ruta que más le satisfaga, complaciendo así a la mayoría de asistentes.

Otro tema más espinoso sería el de los films a competición. Una sección competitiva de 37 películas es, a todas luces, excesiva y agotadora. Y a la larga juega en contra del propio fin del festival, pues no son pocas las veces que, una vez conocido el palmarés, más de uno cae en la cuenta de que no ha visto las películas en él premiadas. Con lo que no es de extrañar que la repercusión de las mismas en los medios más destacados no sea la que cabría esperar, pues los corresponsales que no han visto dichos films, pasarán de puntillas sobre ellos o se limitarán a destacar sus sinopsis.

Dicho todo esto, procedemos desde aquí a destacar lo más relevante del festival. Y para ello, dejaremos de lado los nombres más consagrados e intentaremos rescatar aquellas películas que suponen el inicio o consagración de nuevas carreras cinematográficas de lo más estimulante.

La Bruja – Robert Eggers

Sobrio relato de terror adulto, concebido como perverso cuento infantil, deudor en su forma de obras destacadas del horror europeo, como podría ser La hora del Lobo, de Bergman.

Victoria – Sebastian Schipper

Victoria

Proeza técnica que encuentra en su realización en plano secuencia, el principio y el fin mismo de su razón de existir.

Coin locker girl – Jun-hee Han

Thriller criminal de impecable factura, que deriva en drama familiar, y nos recuerda que lo mejor del género sigue llegando de Corea del Sur.

High-Rise – Ben Wheatley

High Rise

Delirio distópico llevado al extremo, lectura en clave política del momento social actual, que confirma a su director como valor consagrado en el panorama europeo.

La prochaine fois je viserai le coeur – Cédric Anger

Gélido drama criminal, que recoge lo mejor de la tradición del cine polar francés y ofrece una memorable actuación de Guillaume Canet.

Evolution – Lucile Hadzihalilovic

Evolution

Bellísima experiencia sensorial, oscura, enigmática, contada a modo de fábula perversa.

El thriller, de acción, criminal o psicológico, goza de perfecta salud, como atestigua la anterior lista y confirma el máximo galardón del certamen para la americana The invitation. Amén de su variada procedencia, hemos visto en el festival múltiples ejemplos de películas adscritas al género que han terminado por resultar de lo mejor del certamen. A las anteriormente citadas cabría añadir el film americano The boy, la acción frenética de SPL2: A time for consequeneces, o La dame dans l’auto avec des lunettes et un fusil.

Por el contrario, el cine de terror ha estado pésimamente representado en esta edición.  Sin duda esto no es achacable al festival, sino a la escasez de nuevas propuestas en dicho género. Pocas películas han ofrecido un nivel de calidad mínimo y, a excepción de La Bruja, ninguna, dibuja un futuro halagüeño para el género. Desde la infantilización de productos como The Devil’s Candy, hasta la repetición extenuante de formulas agotadas como el torture porn de Baskin, todo lo visto en el festival suena a refrito, burda copia o explotación sin rubor de códigos más que manidos. En este sentido, dos vías parecen dibujarse en el horizonte para salvar el género: Uno. El homenaje a sus años dorados, en clave parodia como en The final Girls o Cabin in the Woods, o de admiración, como en la alabada It follows, presentada el año anterior.  Dos, la que vendría a señalar La bruja, o la que señaló años atrás Kill List,  de tratar de volver a un cine de terror autoral, adulto, sin concesiones para el gran público, tratado con la seriedad que requiere el género y que sea capaz de elevarlo a cuotas artísticas que lo emparenten a nivel crítico con autores respetados de la filmografía mundial. Esta última vía sería sin duda mi deseo, y está por ver si, tras la buena acogida crítica de La bruja, florecen nuevos autores desacomplejados que doten con su visión de una capa de dignidad a un género que lo pide a gritos.


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