Festivales

Festival de Sitges 2016: crónica III

posted by Marc Muñoz 13 octubre, 2016 0 comments

The handmaiden

Una vez más el festival catalán amaneció con la mejor propuesta de la jornada. El venerado  (aún más en Sitges) Park Chan-wook recupera el pulso perdido en sus último esfuerzos con The Handmaiden, un thriller de engaños y alto componente sexual. El de Old Boy reduce drásticamente su carga violenta, sádica y frenética para en su lugar optar por una narración más clásica, sobria, de época, como si el surcoreano se hubiera empapado de las producciones de Merchant Ivory. Un molde formal que encaja al dedillo con un relato planteado bajo tres ópticas, en el que la venganza sigue ocupando la preocupación central del cineasta, esta vez, revestida por pasiones ocultas y pulsiones sexuales, en los que subyace una crítica al estado patriarcal, y reivindica de paso el papel de heroína en el cine. Capas, al igual que la de la relación entre Corea y la invasora Japón – uno de los temas recurrentes de esta edición – que refuerzan el juego de espejos y engaños, los giros acusados, y toda esa intriga amorosa, sexual y de dobles y triples juegos que proyectan una imágenes que capturan el placer, y hacen cómplice de este al espectador con uno de los deleites de la edición de hogaño.

La siguiente oferta del martes la ofreció el cineasta Drake Doremus. Equals parte de la trillada y sobreexplotada premisa de un universo alineado, esterilizado, controlado y erradicado de emociones, literalmente. Los que muestran afecto son tachados de enfermos e inducidos al suicidio o a la muerte asistida. En esa tesitura, la de sentir, se encuentran los dos protagonistas, la pareja formada por Kristen Stewart y Nicholas Hoult, capaces de todo por mantener a salvo su amor. Entorno de sci-fi distópico para indagar en los recovecos del amor en circunstancias adversas. Doremus lo envuelve todo en un efectismo vacuo, tan estéril e inocuo como el representado en su mundo de ficción. Lo mejor de la cinta son las reflexiones alrededor del “siento, luego existo, de la inutilidad de un amor en la que una de las dos partes no ceda al corazón.

Desierto

Y terminamos la jornada con la ocasión de oro de Jonás Cuarón para labrarse un sitio como cineasta sin rendir cuentas a su padre. Su Desierto desaprovecha un planteamiento inmejorable: un survival con un grupo de inmigrantes mexicanos intentando llegar al otro lado de Río grande bajo el acoso de un maníaco redneck que los va asesinando. Sin embargo, Cuarón no consigue hallar el pulso a su relato en ningún instante. Descuida los terrenos – tanto por guion como por realización – que le pueden reportar tensión a su trama, dilatando esperas con un resultado previsible, y ejecutando las acciones con mala puntería o diálogos (los poco que hay) irrisorios.  A su filme le falta nervio, gancho, punzada dramática, y mira que los pocos ingredientes a su disposición, hacían presagiar un caldo de altos hornos. Habrá que esperar a la próxima.


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