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Festival de Sitges 2017: Crónica I

posted by Marc Muñoz 8 octubre, 2017 0 comments

the killing of a sacred deer

El Festival de Sitges está en plena operativa tras abrir las compuertas el pasado jueves con la premiada obra de Guillermo del Toro, La forma del agua. Aunque el periplo de este servidor por la localidad del Garraf arrancó un día más tarde por culpa de inconveniencias con el fatigoso sistema de reserva de entradas para la premsa. Y lo hizo con la proyección de Annabelle 2: la creación. Precuela del film Annabelle, a su vez precuela y spin-off de la mejor película de terror de esta década Expediente Warren: The Conjuring. David F. Sandbergh es ahora el responsable de evitar el desgaste de la saga tras la salida de James Wan, y pese al débil factor narrativo, circulando por espacios comunes  y personajes de dimensionalidad limitada, la película cumple en su función asustadiza, aportando una buena retahíla de sustos, articulados de forma efectiva a través de la construcción del espacio fílmico en esta casa por la que se mueven estas chicas huérfanas y con el recurso fácil, pero siempre efectivo, de las modulaciones del volumen. Un film de terror eficaz aunque de olvido a corto plazo.

El griego Yorgos Lanthimos empieza a ser  víctima de su propio estilo exacerbado y polémico. Esta tensión entre la lógica perturbadora e irreal de sus filmes y la emoción inerte que desprenden sus personajes vuelve a un punto de equilibrio complejo. En El sacrificio de un ciervo sagrado, el griego actualiza el mito de Ifigenia a través del desafío entre un cirujano y el hijo de un paciente que perdió en la mesa de operaciones. El estilo clínico, frío e irritante del de Canino vuelve a absorber el contenido, cuando debería ser al contrario. Lanthimos pierde, como en The Lobster, la medida con respecto al pulso irritante y provocativo – el uso cansino y reiterado de la música, la solemnidad y la lejanía en la manera de mover la cámara, las ínfulas de cine superior que busca encarecidamente – hacen mella en un visionado tedioso. Su cine incomoda, es valiente, pero el proceso es agotador, cada vez resulta menos dañino, al menos, para quien esto escribe.

La jornada del sábado arrancó con Musa. La nueva película de Jaume Balagueró es sin duda la más irregular de una carrera descendente. El catalán adapta la novela La Dama Número 13, de José Carlos Somoza. Una adaptación sin pulso, fallida por culpa de un guion torpe y débil, diálogos de cajón, y una fotografía pobre, cercana a un trabajo universitario, como buena parte del conjunto.

Sabor despejado con un clásico de William Friedkin, uno de los homenajeados del festival catalán. Dentro del Sitges Classics, sección dedicada a clásicos, se pudo disfrutar de Sorcerer y del posterior Q&A con su artífice. Este remake de culto de El salario del miedo de H.G. Clouzot mantiene su vigencia artística pese a su fecha de estreno en 1977. Un film de difícil encaje genérico más allá del film de aventuras atípico que sigue estimulando y atrapando con una realización vibrante, un guion preciso y sin rodeos innecesarios, un ritmo contínuo y unas situaciones diseñadas para mantener al espectador bien agarrado mientras contempla con sufrimiento esa arriesgada misión de cuatro expatriados transportando explosivos por las frondosas selvas sudamericanas. 

Y la jornada concluyó con la decepcionante The Bad Batch, tras su celebrado debut, Una chica vuelve a casa sola de noche, Ana Lily Amirpour resbala con esta cinta post-apocalíptica de tintes románticos. La propia Amirpour señalaba el Topo de Jodorowsky más que la saga Mad Max para describir el viaje de esta chica por un universo polvoriento, mugriento y caníbal asentado en el estado de Texas. Un escenario prometedor que sin embargo la norteamericana descuida por culpa de unos personajes de empatía limitada, por una acción marginal, y por un ritmo lastroso con objetivos dramáticos poco definidos. Amirpour confía el relato en su filigranas estilísticas, brotando con destellos puntuales, parajes visualmente agradables, pequeños videoclips cuyo vacío temático y argumental intenta rellenar con música anestésica. Un filme de enorme potencial, pero deslucido por ciertas decisiones y un guion endeble.


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