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Festival de Sitges 21: Crónica I

posted by Marc Muñoz 9 octubre, 2021 0 comments

Desprecintada una nueva edición del Festival de Sitges; una que recupera, prácticamente, aquella convocatoria por la que asisten, entusiasmados, toda su fiel parroquia de feligreses año tras año. Llega el momento de señalar las etapas del camino más lubricantes para la retina en sus dos primeras jornadas.

La inauguración de este año recaía por primera vez a los lomos de una directora. La norteamericana Ana Lily Amirpour parece haber perdido el esplendor con el que cautivó al respetable en su aplaudida ópera prima, Una chica vuelve a casa sola. Tanto su Bad Batch como esta Mona Lisa and The Blood Moon confirman su estancamiento. Esta última propuesta pone el foco en la ciudad de Nueva Orleans, donde convergen una chica con inusuales y especiales habilidades escapada de un manicomio, una stripper y su hijo, y un policía a la búsqueda de la fugada. Una galería de personajes sin pizca de apego con lo que Amirpour arma este relato de música omnipresente (y agotadora) que parece confiar en el embrujo especial de la ciudad por la que navega. Insatisfactoria e insustancial.

Por suerte el arranque quedó nivelado con la película de la semana, del mes, la temporada y quizás del año.

El madrugón de la segunda jornada era el sacrificio obligado para la prensa que quisiera citarse con la segunda obra de Zhang Zimou que llegará a la cartelera local antes de que termine el actual calendario. Cliff Walkers se reivindica como un filme de espías de corte clásico alrededor de espías chinos y el contraespionaje japonés en la zona de Manchukuo, ocupada por los japoneses en la década de los 30. Una trama laberíntica e intrincada, con el clásico juego confuso del género respecto a las intenciones y las identidades de los implicados, no impide el disfrute visual dispuesto por el director chino que abraza la causa patriótica sin ambages.

Le siguió en la apretada agenda del festival The Feast. La película de Lee Haven Jones, filmada con decoro y estilo, sitúa su enrarecida intriga en una casa de una familia adinerada donde llega una sirvienta con intenciones poco claras. La propuesta, imbuida por referencias como The Invitation, Parásitos o incluso el cine de Lanthimos, transita por los códigos de la home invasion de cocción lenta para desviarse hacia el terror visceral con tentáculos en el horror ancestral. Sin olvidarse de ciertos comentarios  eco-friendly – llevamos dos jornadas de festival y el eco-terror y los mensajes ecologistas se imponen como una de las temáticas recurrentes de hogaño – y algún comentario velado contra el capitalismo salvaje. Estimable tentativa, pese a lo previsible y trillado de su desarrollo.

El remake del Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador ha encontrado perfecto acomodo en el proyecto desarrollado para Amazon por cuatro valedores del actual cine español. El viernes se pudieron ver las propuestas de Paco Plaza (Freddy) y la de Paula Ortiz (El asfalto). La del director de Veronica, con presencia doble en el festival para defender en paralelo La abuela, presenta un relato homenaje al propio Ibáñez Serrador (con un papel dentro del episodio) mediante un relato de terror giallo alrededor de un ventrílocuo y su muñeco mientras se asiste a las bambalinas de un episodio ochentero de Historias para no dormir. Plaza rueda con precisión y elegancia (con alguna secuencia de nota) este homenaje al creador español. Sube la apuesta Paula Ortiz, con guion del propio Rodrigo Cortés (otro de los invitados a esta revisitación), con la magnifica “El asfalto”, un angustioso y claustrofóbico relato fantástico sobre un repartidor de bicicletas (Dani Rovira) que en medio de un servicio se queda atrapado en el cemento a la vez que va siendo engullido ante el socorro desatendido generalizado. Ortiz juega con inteligencia con el espacio único (una especie de revisión de La cabina), y todas las circunstancias que siguen a este extraño fenómeno, mientras lanza guiños irónicos sobre la propia naturaleza de su creación.

In the Earth

Aunque el primer festín pagano del certamen lo puso el siempre interesante Ben Wheatley. El inglés se ha ganado a pulso una plaza vitalicia en la programación de Sitges mientras siga sacando golosinas tan preciadas como este In the Earth rodado durante la pandemia y con poco presupuesto. Un Gaia Horror alucinógeno en el que entierra las dudas generadas tras perpetrar el remake de Rebeca. Su argumento versa alrededor de un científico y su guía hacia el encuentro de una científica en un entorno pandémico de familiaridad obvia. Sin embargo, el bosque que les hospeda pronto empieza a mostrar una triple faceta hostil: humana, telúrica y vírica. Wheatley potencia este folk horror psicotrópico con un irresistible sazonamiento de humor macabro y una experiencia sensorial, que en sus momentos más alucinados, parece transportar al espectador a una sesión de The Haxan Cloak pasada de LSD, y con un set visual avasallador de imágenes turbadoras y luces estroboscópicas. En fin, todo un goce para los amantes del género, del estilo de Wheatley, y del cine como experiencia sensorial para el disfrute en comunión y en pantalla grande. Eso es Sitges en toda su esencia.

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