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London Film Festival 2015: Crónica III

posted by Alberto Varet Pascual 11 octubre, 2015 0 comments

Jornada salvada por la autoría oriental, que tuvo que reparar los daños cometidos por el peor cine narrativo americano con ínfulas de originalidad, pero cuya supuesta novedad está más vista a estas alturas que el tebeo. Con todo, lo más indigerible de Room, de Lenny Abrahamson, es su constante barniz cheesy, absolutamente impresentable teniendo en cuenta el material a tratar. Afortunadamente, hoy estaban al quite Hong Sang-soo, para reformular con alegría y personalidad la comedia romántica, y Hou Hsiao-hsien, cuya Asesina no deja de crecer a cada visionado.

 

Room – Lenny Abrahamson 

Barniz cheesy sobre el horror

Room

Una mujer y su hijo viven secuestrados en una habitación. No sabemos cómo llegaron, ni por qué, aunque no importa, porque esto es cine moderno y ya no hay nada que explicar. Sin embargo, los gestos de modernidad se van al hoyo en cuanto vemos la manera en la que el director usa la música pastel para edulcorar el día a día en un zulo, la forma en la que acerca la cámara a los rostros para buscar la sensación de intimidad en una maniobra narrativa vetusta o sus tretas para eludir el horror con el objetivo de entregar un trabajo amable a pesar de la durísima temática de la cinta.

Hay un instante, a los diez minutos (más o menos) de metraje, que nos ayuda a ver lo que pudo ser y no fue: en la oscuridad filmada aquí en digital, el autor pone el foco en la cara de los actores, en sus mejillas, aún sonrosadas por la juventud de una madre joven y su hijo, y pensamos, entonces, que si esos planos duraran y la realización decidiera dar la espalda a la narración de drama de sobremesa para buscar la abstracción, podríamos haber estado ante algo original. Lamentablemente, Room es una de esas producciones perpetradas por alguien que parece no haber pisado jamás un festival de cine. Más de lo mismo, pero peor. Puro drama de sobremesa que le pone colorines al dolor más brutal para que la audiencia sonría sin complicidad según inclina la cabeza desde el palco V.I.P. Repugnante.

 

Wrong then, right now – Hong Sang-soo

La comedia romántica renovada

Hong Sang-soo dejó de lado hace tiempo el drama y la tragedia para abrazar la comedia romántica. En su última película, felizmente galardonada en Locarno con el Leopardo de Oro, lleva este género a unos espacios sumamente originales. Es un placer que, en medio de las pretensiones más absurdas, siga existiendo un autor que abrace la ligereza. Un creador, por otro lado, que sólo se parece a él. Por eso es tan importante que siga existiendo. Porque nadie formulará jamás una escena pastel de una pareja de enamorados sobre el hielo como él lo hace aquí. Porque no encontraremos un cineasta capaz de trabajar el tiempo (el día, la tarde, la noche, un minuto, un segundo, una conversación…) con un desparpajo similar. Porque sus personajes, por muy patéticos que sean, nunca dejan de ser interesantes. Porque a cada secuencia se reinventa con maniobras tan complejas en el fondo como sencillas en las formas (aquí, particularmente, hay un plano secuencia que usa los movimientos de cámara como un pintor usa el pincel).

En un momento del metraje el protagonista dice algo así como que es feliz simplemente con un lápiz y un papel. Da la sensación de que es el propio Hong Sang-soo quien habla, explicitando el placer que le genera escribir con la cámara. Placer compartido por el espectador, que ve en éxtasis como su último film vuelve a hablar del infinito abanico de posibilidades a la hora de contar una historia según acumula detalles en cada variación.

 

La asesina – Hou Hsiao-hsien

Cine en grado sumo

The Assassin

Ya hablamos sobre ella en Cannes, y diremos más cuando se estrene en nuestro país… pero qué película. A riesgo de ser pesado: Qué reformulación de los espacios Kurosawa y Mizoguchi, qué uso del lenguaje narrativo (los pillow-shots, los planos/contraplanos y campos/contracampos, el juego con el sonido y con las miradas…) en clave de pelea de cuchillos , qué riesgo en la abstracción (las elipsis imposibles), qué belleza en los interiores y en los exteriores, qué gusto por el detalle para tratar de entender una época que parece cristalizar ante nuestros ojos en mito a través de la puesta en escena ritualizada, qué inteligencia para ligar el film con las obsesiones de toda una carrera, qué emocionante duelo entre lo íntimo y lo general, entre las historias y la Historia, entre la oscuridad y la luz, la ostentación y la humildad, la palabra y el silencio, el hombre y la mujer, el deber y el honor, los celos y la piedad… Todo, con el objetivo (logrado) de construir sobre estas dualidades, no una lucha entre dos, sino una tensión complejísima.

En fin, una cima que no deja de crecer en cada visionado (para el que esto escribe éste es el tercero, y mata por volver sobre ella) y a la que habrá que dedicar una seria crítica más adelante.

 


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