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London Film Festival 2015: Crónica IV

posted by Alberto Varet Pascual 12 octubre, 2015 0 comments

El día comenzaba con una cinta sobre la mafia en Boston con los ingredientes propios de un producto de este tipo cocinado (y esto es lo malo) con el libro de cocina que todo buen realizador americano tiene en la mesilla de noche. Pero el tedio sólo lo padecimos en Black Mass, porque el festival se elevó a continuación, y de qué manera, con Evolution, de Lucile Hadzihalilovic, y Entertainment, de Rick Alverson. Las dos sorpresas en lo que va de certamen.

Black Mass – Scott Cooper
La fatal vuelta del relato

Black Mass

La historia que cuenta Black Mass es interesante. El problema es que ya la hemos visto mil veces. El cine debe ser, entonces, mucho más que contar una historia. Está obligado a crear una atmósfera que, verdaderamente, nos transporte a un determinado lugar. Ese espacio es, en esta ocasión, Boston. Aunque aquí, las calles de la ciudad, sus habitantes y el legado irlandés/italiano en el panorama mafioso no darán nada ni remotamente semejante a lo entregado por Eastwood en Mystic River o Scorsese en Infiltrados. Igualmente, muy lejos queda la narración enormemente moderna de Fincher en Zodiac o la reformulación del género a cargo de Michael Mann en Enemigos Públicos, una película interpretada, como aquí, por Johnny Depp, pero en un rol más humano y creíble.

Porque Black Mass pretende encontrar la personalidad que no tienen sus imágenes en el trabajo del actor norteamericano, muy sobrio, mas tan intenso que se desliza poco a poco a la caricatura. El resultado final es que aburren sus ademanes y su palabrería. Casi tanto como el film, que toma prestadas escenas scorsesianas de transición e iluminación post-Zodiac (¿por qué todas las noches en las pelis recientes tienen el mismo look?) como si estuviera obligado a pasar por esos aros, por mucho que semejantes gestos no signifiquen, esta vez, nada (lo de la misa ya es de traca).

Scott Cooper es incapaz de relacionar la Iglesia con la descendencia de la mafia, atrapar la tensión entre bandas enfrentadas o dibujar con fuerza los nexos entre el FBI y la delincuencia con su cámara. Todo es superficie (bien escrita, eso sí), con lo que volvemos a encontrarnos con lo de siempre: el cine en regresión, a la búsqueda de dar cuerpo a un relato de turno. Justo lo que hacen las nuevas series de televisión, tan dependientes ellas de un guión. De hecho, bastantes secuencias en la cinta concluyen con un fundido a negro y un golpe de música in crescendo. ¿Casualidad?

 

Evolution – Lucile Hadzihalilovic

Poderoso fantástico

Los primeros planos, verdaderamente hermosos, de esta obra, dejan paso a lo que parece una mirada personal, aunque no muy original, sobre la infancia. Todo cambia cuando llega el sorprendente primer punto de giro, que subvierte el significado de las miradas, los personajes, los espacios, los elementos en escena e, incluso, la fotografía. Entonces comprendemos que el territorio es fantástico, y que los infantes que lo transitan a la búsqueda de su comprensión, van a tener que hacer aquí un esfuerzo extra para entender un horror surgido de la mitología marina que desliza alucinantes y complejas ideas sociales y políticas. Por ejemplo, resulta fascinante leer el film como una visión muy crítica con el feminismo de tercera generación, más pendiente de imponer su ideología que de buscar un equilibrio entre sexos, y su esa estúpida asunción de que hombres y mujeres somos iguales en la naturaleza, cuando lo cierto es que estamos en las antípodas unos y otras y nuestros roles en la vida son muy distintos. Pero esto son sólo cavilaciones, porque en este fantástico las puertas están siempre abiertas a la sugestión, que es lograda a través de un hipnótico uso de los pocos elementos que forman este trabajo minimalista capaz de entregar imágenes muy poderosas que, como las mujeres fatales que las pueblan, extienden sus tentáculos hasta más allá de lo imaginable.

 

Entertainment – Rick Alverson

Pasado, presente y futuro de la comedia

Entertainment

Un hombre pulula por un cementerio de aviones. Son Boeings ya inservibles. Esos esqueletos podrían ser los de los grandes cómicos, y el espacio, un desierto fronterizo, el lugar desde el que una nueva comedia está obligada a partir.

Entertainment quizás sea, de hecho, la más importante parida en años. Una sabio examen sobre el género, que mira sin nostalgia el pasado, con melancolía el presente y se cuestiona con inteligente esperanza un posible futuro. En este viaje formulado a modo de road-movie imposible, estancada como ese post-humor que busca más incomodar que hacer reír, somos testigos de la fosilización de las viejas formas, de lo corta que es la mecha del post-humor (que ya se antoja pasado de moda), de la banalización de la risa provocada por la monería o del papel del cómico hoy cual atrezzo de una función dramática (el film compondría un programa doble alucinante con Holy Motors).

Entre todo esto, hay tiempo para muchos tipos de humor y chistes, en lo que se antoja un viaje sublime por la comedia capaz de nadar entre muy diversos tonos (drama, tragedia, humor, onírico) sin hundirse. Provoca la risa, aunque, también, la reflexión. Y, por si fuera poco, tiene unas interpretaciones excelentes entre personajes y actores con matices muy distintos, y una conclusión que arroja una luz cegadora. Sí, más que una película, Entertainment parece un milagro.


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