Festivales

London Film Festival 2015: Crónica V

posted by Alberto Varet Pascual 13 octubre, 2015 0 comments

What we become

Cuando has asistido a varios festivales sueles intuir cuándo las cositas se van a empezar a torcer. Solo había que echarle un ojo a la lista de películas del lunes, con una oferta escasa y sin grandes nombres en el haber, para entender rápidamente que se trataría de una jornada de transición sin chicha ni limoná. Lo único salvable era lo nuevo de Apichatpong Weerasethakul, Cemetery of Splendour, que un servidor ya vio en Cannes y que hubiera deseado recuperar. Sin embargo, por falta de tiempo, uno se ha tenido que conformar con ver dos trabajos tan académicos que, en pleno siglo XXI, parece mentira que sigan existiendo.

The wave – Roar Uthaug

Un telefilme de catástrofes

Un padre molón, una madre milf, un hijo teen con los cascos al cuello y una hermanita muy dulce. Con estos elementos David Cronenberg ponía patas arriba cualquier convención en su magistral e inigualable Una historia de violencia. Entre otras cosas, porque subvertía el poder de esa gran mentira que es la familia perfecta (en aquel caso, americana). Pues bien, en la cinta danesa que nos ocupa, este retrato falsario se toma en serio. Y el resto de topicazos, que pertenecen al universo del cine de catástrofes, también.

¿Qué tenemos entonces? Pues un padre en plan héroe, un hijo que no lo reconoce como tal hasta que concluyen los terribles sucesos (igual que con Cronenberg, vaya), una ola gigante que lo arrasa todo, unos personajes secundarios (divididos en buenos y malos) de plantilla, unas escenas que parecen sacadas de descartes de Titanic… y todo ello filmado con un academicismo que hunde la película al nivel de una producción de sobremesa de Antena3. Y entonces uno se pregunta qué pinta algo así en un festival de cine que pasea lo más vivo del panorama internacional.

What we become – Bo Mikkelsen

Zombies apolillados  

Los títulos de crédito de este trabajo danés auguraban tralla de la buena. Vaya decepción. El director Bo Mikkelsen se limita a perpetrar un film de zombies de turno, sin ninguna sorpresa, absolutamente soso y lleno de situaciones más vistas que el tebeo. Privilegia una historia mil veces contada sobre cualquier atmósfera, no hay imágenes poderosas y desperdicia la localización, a la sazón, lo único original que le quedaba (la obra se desarrolla básicamente en una calle).

Es difícil comprender cómo alguien puede estar interesado en llevar a la pantalla algo trillado. Pero lo peor es ser testigos de cómo el hardcore prometido en los créditos, que regresa sin vergüenza en forma de autoafirmación en la conclusión, se queda en una promesa incumplida, pues mucho mejor que arriesgar con algo nuevo es aburrir al personal con una hora y media de cobardía audiovisual a través de los lugares comunes del que es, probablemente, el género de terror más lelo de la Historia del cine.


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