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London Film Festival 2015: Crónica VI

posted by Alberto Varet Pascual 15 octubre, 2015 0 comments

Día de gloria en Londres con dos películas situadas, de nuevo, en el desierto para buscar un misterio que el gran Alexander Sokurov (al que intentaremos entrevistar) encontró en su prodigiosa Francofonía. La jornada concluyó de la mejor forma posible con Cemetery of Splendour, la cinta más personal de Joe.

Francofonia –  Alexander Sokurov

A la búsqueda de nosotros mismos

Francofonia

Sokurov vive intrigado por el misterio. Por el dolor y lo que surge de él. Por nuestras debilidades, aunque, también, por lo que nos hace ir más allá de ellas y su tiempo. Para llegar hasta allí, Francofonía observa París alejada de la mirada de un turista al filtrarla por un dulce sueño con el aroma de una bohemia colocada a perpetuidad en nuestro inconsciente. Anhelamos la ciudad del Sena. Soñamos con desvelar sus secretos, que pertenecen al infinito, lugar al que se dirigen los rostros de los cuadros que el cineasta admira.

Con todo esto, ustedes pensarán que estamos ante la obra hermética de un humanista ruso, pero, ¿y si les digo que Francofonia es un reportaje audiovisual? ¿Y si les digo que es, de hecho, la revolución de ese género tras mutar con el ensayo, con la fantasía histórica y con la memoria? La emoción que despierta este trabajo en el espectador sólo es comparable a lo estimulante de su mutante dispositivo. Impresionante.

 

Desierto – Jonás Cuarón

El absurdo en la frontera

Sorpresas te da la vida. Quién le iba a decir a este cronista, bastante crítico con la filmografía de Alfonso Cuarón, que su hijo entregaría una gran película, tan arriesgada como personal. Y eso que el comienzo de Desierto no auguraba nada bueno, en lo que se antojaba la enésima mirada social y comprometida al espinoso asunto de la inmigración. Sin embargo, todo cambia a los diez minutos, cuando la cinta, de repente, se revela como una de acción. Y es cierto que es peliculera y ruidosa, pero no menos cierto que esas escenas funcionan y que, justo cuando parece que se pueden caer, se revelan en clave minimalista y absurda (una reedición muy particular de Los pájaros), en un juego que funciona perfectamente como alegoría de la situación en la frontera norteamericana. Por si fuera poco, el clímax final es una especie de reformulación de una escena inolvidable de Gerry, que juega inteligentemente con el tiempo, los espacios y las perspectivas.

 

The sky trembles and the earth is afraid and the two eyes are not brothers – Ben Rivers

De tierra y hombres

El gran Ben Rivers filma al español Oliver Laxe en Marruecos. Le interesan, como a tantos otros autores contemporáneos, el desierto y los rostros. Es como si todos ellos se preguntaran qué queda cuando no nos queda nada (una interrogación que tiene en Holy Motors su contestación última). La primera parte de la película es fascinante en este sentido, ya que, en lo tocante a cine filmado, no ofrece nada nuevo. La segunda mitad, gira por completo el material para transformarlo en una ficción en el que el relato es casi nulo. Importan, claro, los gestos y las palabras en el día a día de unos tipos con alma de terroristas. No obstante, el documentalista que hay en Ben Rivers le juega aquí una mala pasada, pues da la sensación de ser un gran creador recogiendo lo existente, pero alguien que anda falto de originalidad cuando se trata de cargar de interés las acciones de sus personajes cuando éstas son inventadas. El resultado es que los hombres terminan significando menos que Laxe disfrazado. Con todo, un film de notable alto, exquisitamente montado.

 

Cemetery of Splendour – Apichatpong Weerasethakul

Ciudad de tristeza dormida

Cemetery of Splendour

El propio Joe presentó esta realización en Londres donde, al contrario que en Cannes, sí compite en la Sección Oficial. Allí comentó que es su trabajo más íntimo, el que le devuelve al lugar que lo vio nacer y crecer. También aseguró que, quizás, sea el último que haga allí. Seguro que, como sus personajes, encontrará en sus viajes estímulos para ofrecer algo novedoso. En este sentido, es muy interesante leer Cemetery of Splendour como una película que obliga, tanto a sus habitantes como a los espectadores, a un esfuerzo de imaginación para entender un mundo que ya se fue. El juego entre el día y la noche se revela profundamente conmovedor en la única escena nocturna de la cinta. Y sí, el hecho de que el director no quiera recrear en esta ocasión, sino mostrar para dejarnos decidir, lastima su originalidad, pero, por otro lado, hace funcionar a su obra de forma sensacional como un retrato del día a día en un país cuya gente parece vivir en una permanente ensoñación bajo la luz del sol y el dulce sonido ambiente.


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