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London Film Festival 2015: Crónica VIII

posted by Alberto Varet Pascual 17 octubre, 2015 0 comments

El día de ayer nos dejó un extraño paseo por los males del capitalismo en clave musical y minimalista. También un halo de esperanza en la humildad del hombre que sigue trabajando la tierra cuando parece que a nadie le preocupa ya más la realidad.

Volta à terra –  João Pedro Plácido

En la humildad terrenal

Volta a terra

Excelente documental portugués centrado en Uz, una pequeña villa portuguesa, alejada del mundanal ruido, donde los efectos del pasado de la nación y de la crisis económica causan estragos. João Pedro Plácido nunca se pone sentimental. Se limita a mostrar, según se acerca sin ironía a los habitantes, para captar cómo una vida rural existirá siempre, por más que se la margine.

Todo está ahí: los ritos de iniciación, la distancia entre viejos y jóvenes, el camino que terminarán tomando los segundos y que les acercará más y más en el tiempo a los primeros, la fantasía de las fiestas pueblerinas, tornadas en un espacio mágico que aleja a sus protagonistas de la cruda realidad… Lo mejor es que nada de esto ha sido filmado con ensimismamiento o soberbia, sino con ganas de conocer la verdad. Una maravilla.

 

Chevalier – Athina Rachel Tsangari

Minimalismo de academia

Sólo hay una cosa más aburrida e irritante que un film que busca ‘contar una historia’: uno que se cree original al ir de rarito. En este sentido, podemos decir aquello de ‘Cuánto daño hiciste, Yorgos Lanthimos‘, pues Chevalier, de su compatriota Athina Rachel Tsangari, es, como las de aquel, una película 100% narrativa, donde los planos y el montaje no significan nada que no sea la ilustración de un relato, pero que se cree novedosa en su extrañeza a la hora de reflejar los más bajos instintos humanos.

A estas alturas, el mal rollo le tiene al que esto escribe bastante frito. Sobre todo si busca simplemente epatar, o peor, deslizar lecturas supuestamente complejas que parecen de parvulitos. Y puede resultar apasionante un cine de la crueldad, pero cuando es original y orgánico, como el de Seidl, el de Gualtiero Jacopetti y Franco Prosperi o el de Buñuel. Aquí no existe la poesía ni el descaro de aquellos. Tampoco su manera de formular espacios o tiempos, aunque la cinta se las dé de minimalista. En fin, que el chau-chau como pretensión de complejidad valdrá en muchos lugares, mas no en el lenguaje cinematográfico.

 

Office – Johnnie To

Acordes y desacuerdos

Office

El material que trabaja aquí Johnnie To llega tarde y en condiciones vetustas. Sí, cantarle una nana a la especulación capitalista en clave musical en pleno 2015 no parece una empresa rentable. Pero una cosa es la proposición y otra la disposición, porque el director de Election no deja jamás de inventar caminos de reformular el género según prosigue con su obsesión por los personajes fantasma y los espacios que los atrapan. En cuanto a esto último, es menester admirar el uso que hace To del 3D y del digital para encerrar a los actores en una cárcel inmaterial que es una perfecta evocación de la naturaleza capitalista. El estallido de la burbuja, dibujada cual historia de amor y traición, es otro de los grandes logros de un film vigoroso donde la energía que ha hecho famoso el cine de acción del director está al servicio del dinamismo del sistema y de la danza.


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