Festivales

Resumen del Festival 4+1 2012

posted by Alberto Varet Pascual 28 noviembre, 2012 1 Comment

El 4+1 echó este pasado domingo el cierre a una gran edición. Durante cinco días en las capitales de España, Méjico, Brasil, Argentina y Colombia se disfrutó de una Sección Oficial trufada de interesantes propuestas (algunas, imprescindibles) que hoy son invisibles pero que quizás, a raíz del evento, encuentren su necesaria distribución. Unos títulos que sí son visibles en el portal Filmin, colaborador de un certamen que también pretende poner en liza la importancia de las nuevas tecnologías en el mundo globalizado en el que vivimos.

El asunto principal abordado por el festival fue, sin duda, el Apocalipsis. El final de la etapa en la que nos encontramos, la necesidad de reafirmarnos como hombres y justificar nuestra existencia ante la tragedia mediante la sublimación del amor, los daños colaterales del egoísmo y el abismo que genera (capaz de engullir a todas las personas cercanas a él) o las esperanzas puestas en un futuro mejor fueron las piedras de toque de una excelsa programación.

Decir que 4+1 no tiene jurado aunque otorga un premio del público que, aparte del valor económico, en la pasada edición consiguió traer a nuestra cartelera a su ganadora, la noruega King of Devil’s Island. En esta ocasión, el triunfo fue para la uruguaya La Demora de Rodrigo Pla, un interesante y conmovedor acercamiento al Alzheimer que representará a su nación en los Oscar pero que, más allá de sus logros, se antoja demasiado convencional (y es que al público, en general, le gusta poco el riesgo).

La Demora venció en la suma de votos de los cinco países participantes, sin embargo, y como curiosidad, en ninguno de ellos ganó la misma cinta. Evidentemente esto tiene que ver con la naturaleza de cada pueblo pues de otro modo no se explica que en Buenos Aires se decantaran por Terri, de Azazel Jacobs mientras que en Madrid lo hicieran por Photographic Memory, de Ross McElwee. O que en México DF la favorita fuera Bellflower, de Evan Glodell cuando en Río de Janeiro prefirieron La Demora y en Bogotá Nana, de Valerie Massadian. Una heterogenia selección que, desde luego, nos agrada y a la que queremos contribuir con nuestras favoritas:

La folie almayer – Chantal Akerman

Sin duda, la mejor, más moderna y original película de todo el certamen. Chantal Akerman continúa en éste, su último trabajo hasta la fecha, indagando en la relación entre el sujeto y el lugar. La utilización de la música diégetica y no diegética, de la voz en off, de la palabra, su capacidad para conseguir la abstracción de los espacios o el inteligente uso de la repetición elevan este complejo retrato del capitalismo en clave colonial hasta la condición de arte.

Photographic memory – Ross McElwee

El documentalista Ross McElwee hace de la desgastada relación que tiene con su hijo adolescente el detonante de un viaje al pasado en busca de su ‘joven yo’. La composición de cada plano, su exactitud en el metraje, su economía narrativa, la manera, nada forzada, en la que el digital, el analógico, el cine y la fotografía se citan en el metraje, desvelan la figura de un maestro que, a la vez, es capaz de componer una lúcida y conmovedora reflexión acerca del dinamismo vital de las fotos en contraposición a su naturaleza mortal.

4:44 Last day on Earth – Abel Ferrara

¿Cómo viviríamos nuestras últimas horas en la tierra? En un film de Hollywood veríamos atascos, empujones y gente gritando: ‘¡Dios mío, esto es terrible, vamos todos a morir!’ Abel Ferrara, mucho más inteligente y sutil, aboga por una contenida desesperación enjaulada en la rutina de sus protagonistas. Ellos tienen sexo, llaman a un chino, hablan, escuchan música, visitan a algunos amigos y, especialmente, se declaran su amor antes del fin. ¿Qué hacer cuando nada se puede hacer? Extraordinaria.

Crazy Horse – Frederick Wiseman

Tantos años filmando documentales sólo podían dar lugar a una obra tan redonda, tan pulida y magistral como Crazy Horse. Frederick Wiseman introduce su cámara en un espectáculo nacido en 1951 con la Guerra Mundial aún fresca, unas enormes ganas de olvidar la tragedia y el nacimiento de nuestra sociedad de consumo como respuesta a la tragedia. Por eso sus imágenes tienen algo de vintage, de horterada de otra época en total disonancia con los tiempos que corren y, sin embargo, su capacidad para evadirnos de la realidad sigue intacta. No estamos tan lejos de aquellos funestos momentos, parece decirnos.

Life without principle – Johnnie To

Y sobre otro ciclo que se repite, el de los rescates económicos para que todo siga igual, se erige Life without principle de Johnnie To quien desplaza las claves del cine negro que conforman su filmografía a la rutina de una serie de personajes de la pequeña burguesía que, como todos nosotros, se encuentran metidos en un lío sin habérselo buscado. La manera en la que el montaje relaciona todas las historias es, sencillamente, memorable.

Bellflower – Evan Glodell

 

La citada naturaleza cíclica presente en los dos títulos anteriormente nombrados también se encuentra en el debut de Evan Glodell. Consciente en todo momento de los estímulos ochenteros que maneja, tanto cinematográficos (en especial Mad Max) como musicales, el cineasta no habla del fin del mundo como su referente sino, al igual que Ferrara, del ‘antes de’. Pero el momento previo al Apocalipsis es, en sí, trágico y una escena en la playa viene a decirnos que los sueños (y las canciones) de la juventud de hoy están llenos de un gran poso de melancolía.

Nana – Valerie Massadian

Viendo Nana uno tiene la tentación de hablar de ese espacio entre el documental y la ficción en el que se encuentra el cine actual aunque lo cierto es que la primera vertiente se come a la segunda en este delicado y hermoso film que, afortunadamente, ha sido comprado en nuestro país. Los miedos de la infancia, el coqueteo con la muerte, el aprendizaje… devuelven la sensación de ficción a una obra en la que, constantemente, la cineasta deja que las cosas sucedan de forma natural.

Terri – Azazel Jacobs

Terri es un extraño artefacto fílmico. Comienza como el arquetípico retrato de un adolescente americano que vive con su inválido tío para abrazar, desde el silencio, cierto realismo mágico con un punto contemplativo. A continuación, se tornará más narrativo y convencional para, finalmente, acabar con la asombrosa filmación de la imposibilidad de un mènage à trois entre sus dispares protagonistas. Cada uno es como es y las clases existen, parece decirnos su director (hijo del gran Ken Jacobs), pero la comprensión entre ellos es factible en el dolor. ‘Lo hice porque me gusta sentirme deseada, quizás no lo podáis entender’ es una frase difícil de olvidar después del visionado de esta pequeña joya.

 

Tampoco querríamos ignorar otras cintas tan estimulantes como la siniestra Goodbye, de Mohammad Rasoulof o los documentles Les éclats (Ma gueule, ma révolte, mon nom), de Sylvain George y The Ballad of Genesis and Lady Jaye, de , los dos entre la documentación y la experimentación aunque atravesados por la política y el amor respectivamente.

A su vez, recordar que Río de Janeiro, la sede de este año, tuvo el honor de recibir una clase magistral de Werner Herzog (que ya está colgada en la red) de quien se hizo una pequeña retrospectiva con trabajos tan fascinantes como Into the Abyss o la excepcional Lessons of Darkness.

En fin, una más que gratificante experiencia que, si hay suerte (y dinero), volveremos a repetir el año que viene.


1 Comment

Dulce 14 febrero, 2014 at 18:52

A mí me gusta mucho Crazy Horse, creo que es de los mejores documentales de ese estilo que hay, lo vi hace poco en la programación tv de HBO y me gusta mucho que este show tenga un estilo artístico y sensual a la vez y eso sale en el documental.

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