Festivales

Sitges 12: Crónica I (Jueves 4 y Viernes 5)

posted by Raúl Muñoz 6 octubre, 2012 0 comments

Holy motors

Bien, pues ya lo tenemos aquí. Un año más, el festival de Sitges nos abre sus puertas. Un año más, carreras contrarreloj de la estación al Auditori, del Auditori al Retiro, del Retiro al Prado y vuelta a empezar. Un año más, sesiones maratonianas desde primera hora de la mañana, encajes de bolillos con el objeto de abarcar toda la propuesta cinematográfica que el hiperbólico programa nos ofrece. Un año más, míseros bocadillos y tristes coca colas entre sesión y sesión para no perderse nada. Un año más, confusión entre la prensa con el fenómeno tickets. En definitiva, un año más, nuestro festival de cine favorito está en marcha.

Y cómo viene siendo habitual éste abrió su programación con una producción autóctona, en este caso la película de Oriol Paulo El cuerpo.

Con un acabado técnico muy depurado, como viene siendo común en las cintas que factura la productora Rodar y Rodar, la película nos plantea una intrincada trama criminal en la que nada es lo que parece. Partiendo de una trama sencilla, en la que un recientemente viudo Hugo Silva recibe la llamada de la policía para comunicar que el cuerpo de su fallecida esposa Belén Rueda ha desaparecido de la morgue, el guionista y director Oriol Paulo propone un juego hitchcockiano (según sus propias palabras) en el que nada es lo que parece.

El problema radica en que el guión es altamente inverosímil, con giros que desconciertan más que guían, situaciones imposibles, y una estructura muy forzada para que todo encaje en un (supuesto) gran giro final.

Los actores, contrastados todos ellos, hacen lo que pueden con dicho material, y sus personajes pocas veces se desmarcan del estereotipo, por lo que es difícil sentir apego ni empatía por ninguno de ellos. Si a esto le unimos algún error de casting, clamoroso por lo que respecta a los secundarios, acabamos por desconectar de la película. Así que, en términos generales, podemos hablar de un inicio de festival tibio, tibio.

A El cuerpo, y dentro de la sección oficial a concurso, le siguió la cinta coreana Nameless Gangster: Rules of the Time una interesante y más que correcta cinta que narra el ascenso de un ventajista en el crimen organizado de su país, y cómo éste no duda en guardar la ropa cuando el primer ministro declara la guerra a la mafia.

En este primer día, el plato fuerte llegó pasada la medianoche, en una sesión maratoniana con lo mejor del cine found footage, y que incluía las películas The bay, V/H/S y Area 407. Dicen los que asistieron, que bien valió la espera el trasnochar. Los que nos levantamos a las 7.00 para llegar al primer pase matinal, lamentablemente, no podemos atestiguarlo.

El segundo día abrió de nuevo con una producción autóctona. En este caso en co-producción con Portugal. Se trata de Insensibles debut en el largometraje de Juan Carlos Medina.

La cinta, con una acertada dirección, concisa, efectiva, sin demasiados aspavientos, con una impecable fotografía, nos cuenta una historia a caballo entre dos épocas, la actual, donde un cirujano debe encontrar a sus padres biológicos para curarse de un cáncer terminal, y otra que empieza a las puertas de la Guerra Civil y que avanza hasta mediados los 60 del siglo pasado, en el que se nos narra la vida de unos extraños niños que viven en un hospicio y que padecen una enfermedad que les impide sentir el dolor.

La cinta conjuga de forma muy acertada el drama, la revisión histórica y la fantasía, sin que en ningún caso se les vaya de las manos y se decanten de forma muy evidente por una cinta de género puro. Una película altamente recomendable, y que para quien esto escribe, bien merecería tener una notable trayectoria comercial.

El festival siguió con su primer imprescindible. El otrora niño mimado del cine francés, ahora semi-proscrito Leos Carax, nos presenta en Sitges su última… digamos película. Porqué sí, se trata de una película, que duda cabe, pero uno no sabría muy bien como definirla. Por momentos te preguntas si estás ante una tomadura de pelo de tomo y lomo, por momentos tratas de averiguar qué está queriendo contar Monsieur Carax, por momentos quedas atrapado por algunos de los 9 segmentos de qué consta el film y logras olvidarte de lo visto anteriormente. En definitiva, una película inclasificable, de narrativa confusa, críptica, alucinada, pero con un magnetismo innegable, una clara vocación de transgresión, experimentación, provocación. Pues eso. Puro Carax, pero más alejado que nunca de Mala sangre.

El festival sigue, con sus idas y venidas, bocatas chuscos, salir del cine para volver a la cola, buscar algún dispensador de bebidas económica. Tipos con guiones de tres páginas bajo el brazo se acercan a algún periodista despistado buscando algún comprador (¿entre la prensa?) de sus futuros blockbusters. Y todos esos seres raros que uno se imagina que pueblan el festival.

A Carax le sigue Tsui Hark con Flying Swords of Dragon Gate,  una de guerreros milenarios, artes marciales e impactante 3D, perfectamente aprovechado en los espectaculares paisajes, palacios y ruinas que pueblan la película.

A media tarde, sin saber si uno tiene hambre, sueño, mareos por acumulación de cine, o todo a la vez, llega Compliance una cinta de corte ‘indie’, acogida con división en el festival de Sundance, y que narra la coacción de un perturbado sobre una cajera de McDonalds (o parecido) en lo que vendría a ser una traslación a la vida real del experimento de Milgram.

La cinta está dirigida con muy buen pulso, con una tensión creciente y constante, que va asfixiando cada vez más al espectador. Si bien es cierto que en algún punto la situación se torna un poco extrema e inverosímil y hace que nos distanciemos de ella, el hecho de que al inicio del film, en letras bien grandes, nos hayan dejado claro que se trata de un hecho real, impide que desconectemos de forma absoluta. El colofón viene al final, cuando se nos cuenta que el caso se ha dado en más de 70 ocasiones.

Y esto es todo por el momento. El Festival acaba de empezar pero ya ha dejado alguna perlita. Seguiremos buceando en busca de la gran perla.


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