Festivales

Sitges 12: Crónica II (Viernes 6 y Sábado 7)

posted by Marc Muñoz 8 octubre, 2012 0 comments

The Cabin in the Woods

El Festival de Sitges ha empezado con paso renqueante. Por el Auditori Melià se han sucedido un puñado de filmes decepcionantes, otros mediocres, y solo a la postre se han podido disfrutar de algunas propuestas estimulantes.Una dinámica que siguió incrustada en las proyecciones del viernes.

Servidor tuvo un inesperado aliado con su despertador. El mismo que le impidió sufrir en propia carne la que para muchos es ya la peor película del festival. Cosa que tampoco sorprende viendo hasta la fecha la trayectoria del director Nicolás López (Santos, Promedio rojo). Este desfavorable embajador del cine chileno presentó Aftershock, filme de catástrofes con unos gringos atrapados en un devastador terremoto en Chile. En la que Eli Roth ejerce de productor.

No fue mucho mejor con la finlandesa Iron Sky. Con parte de ella financiada mediante crowdfunding, Timo Vuorensola levanta una parodia disparatada sobre una invasión a la tierra por parte de un ejecito nazi que había permanecido oculto en la luna. Pese a poseer ciertas notas cómicas, alguna situación ingeniosa, y una leve crítica política (de líneas muy básicas), el filme se encalla en mecanismos manidos, en un guión previsible y diálogos a olvidar. En un clásico ejemplo de levantar un proyecto a partir de un material considerado novedoso y rompedor, para no avanzar más allá de este mismo planteamiento. Se percibe una intención para apoderarse del sello Abrahams y de los hermanos Zucker, pero se queda a un tercio de camino. Sin duda lo más reseñable es un apartado técnico, en el que sobresale todo el trabajo de efectos especiales que permite reflejar en pantalla batallas y destrucciones más que dignas.

A ésta le siguió el remake de uno de los slashers más violentos de los años 80’s, el Maniac de William Lustig. La nueva versión dirigida por Franck Khalfoun, y escrita por el tándem Alexander Aja y Gregory Lavasseur, mantiene vivo parte del espíritu de la original pero con un despliegue formal completamente contemporáneo. La película indaga en el día a día de un solitario reparador de maniquíes, interpretado por un aparentemente inofensivo Elijah Wood, que sin embargo, durante las noches actúa como un depravado y sádico asesino en serie. Pese a sufrir las inconveniencias de un guión excesivamente estancado en las rutinas sangrientas de su protagonista, y su aparente inmovilidad emocional, la película de Khalfoun funciona como un buen entretenimiento gracias a las impactantes salpicaduras de sangre y a las dosis de tensión que desprende. En buena parte debido a varios aciertos formales planteados por su director, como la decisión de narrar toda la historia en una cámara subjetiva que representa el punto de vista del asesino protagonista, o la lograda y efectiva puesta en escena utilizada para cada uno de los asesinatos, cada cual más tenso y macabro. Por no mencionar una BSO que deleitara a los que lo hicieron con la de Drive.

La mañana del sábado transcurrió bajo un Auditori inundando por el alarde técnico de J. A Bayona en Lo imposible, pero también con una platea dividida entre el llanto provocado por el drama familiar relatado, y los contrarios a ese efecto buscado de forma evidente.

Sin duda más interesante resultó ser The Cabin in the Woods, fenómeno de género que desembarcaba en Sitges con el hype subido tras la buena acogida en los EEUU y las voces entusiastas de aquellos que ya habían tenido el gusto. Y la verdad, y aunque llegará envuelta por una nube de hype, es que resulta inevitable no dejarse arrastrar por el juego que proponen Joss Whedon y Drew Goddard. El filme arranca como un sinfín de producciones de terror para el público teen: cinco jóvenes que se embarcan en un viaje de fin de semana hacía una cabaña perdida en medio de los bosques de la América profunda. Y precisamente su principal gracia estriba en darle una vuelta a la tortilla a esta manida premisa ya desde sus primeros compases. Pero en realidad son muchas más las bazas con las que irrumpe el debut de Goddard en la dirección. De entrada toda la lectura metalingüística al género de terror que articula el propio esqueleto narrativo de la cinta. Al que se añade un fabuloso pastiche referencial de todo lo visto, temido, llorado, y amado en el género del terror. Y puede que lo que resulte más encomiable sea su manera de servirlo con aparente sencillez, con nutridas y jocosas notas de humor, y mediante un ritmo imparable. Hay metraje en la historia de los jóvenes encerrados en la cabaña que podría haber sido desechado por carecer de gancho y emoción, pero que se recompone, y se multiplica, con un glorioso festín gore que tiene lugar en su último tramo con números para ser recordado en los anales del festival. Entretenimiento puro, duro, delicioso e ingenioso, que de haber estado en la sección oficial, hubiera obtenido, con toda seguridad, el premio del público.

Y  hasta aquí podemos comentar el desfile cinematográfico vivido durante el primer fin de semana del festival. Permaneceremos atentos para contar todo lo que está por llegar, que seguro que es mejor que lo visto.

 

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