Festivales

Sitges 12: Crónica IV (Jueves 11 y viernes 12)

posted by Marc Muñoz 13 octubre, 2012 0 comments

Sinister

Justo al contrario de lo expuesto aquí, para un servidor el Festival de Sitges ha experimentado un despegue cualitativo a partir de su ecuador, coincidiendo con la llegada de Antiviral, debut del cachorro de David Cronenberg, y de momento la mejor obra que ha pasado por estos lares.

Una sensación confirmada luego por las películas vistas el jueves, que sin ser ninguna maravilla, ni aportar nada nuevo en sus respectivos géneros, sí que dejaron un grato sabor de boca.

Jueves

Como el ofrecido por la producción española Invasor. En ella, el vasco Daniel Calparsoro adapta la novela homónima de Fernando Marías y la convierte en un vehículo de acción con carcasa de thriller yanqui. Película más que correcta gracias a un guión que apenas presenta estrías, con un reparto que no desentona, con escenas de acción espectaculares, y con un trasfondo político militar sobre la guerra de Irak y la participación española que añade una capa de interés a la línea argumental. Una producción que podría haber alcanzado cotas más altas con un mayor cuidado en la dirección de actores, en la escritura de ciertos diálogos y en un desarrollo que hubiera estado más pendiente del peso de la tensión en la trama, ausencia que no afecta el buen ritmo y la depurada técnica en todo su recorrido.

Una de las mayores sorpresas de lo que llevamos de festival la protagonizó Sinister. Quizás por la ausencia absoluta de expectativas, o quizás, por el temor de estar ante otro producto de terror de casa encantada ajustado al molde de Hollywood, sorprendió, para bien, la nueva propuesta del director Scott Derrickson (El exorcismo de Emily Rose). Hay en esta historia de un escritor que se instala en casas donde se ha cometido algún crimen con la intención de sumergirse en sus ambientes para edificar libros que versen sobre los mismos, suficientes elementos perturbadores, siniestros y oscuros para enmudecer las cuerdas vocales y erizar el vello. Con una ejecución incuestionable, y jugando con todos los elementos a su alcance (especialmente espeluznante resulta su banda sonora, aunque también cae en otros recurso recorridos y de fácil sobresalto) consigue alzar una inquietante y terrorífico filme a partir de una premisa trillada. Y no es su único logro, ya que entre sus aciertos, puede vanagloriarse de haber ajustado todo el asunto paranormal, satánico y de terror  sobre un componente narrativo propio del drama familiar, que afecta directamente al atormentado protagonista (Ethan Hawke en un nuevo registro para él), a un nivel de conflicto personal y familiar. En ese sentido resulta intachable una discusión acalorada mantenida por el escritor y su mujer cuando la última descubre que están viviendo en la casa donde tuvo lugar un atroz asesinato. El filme de Derrickson encuentra su mejor aliado cuando flirtea con el miedo real perteneciente a este mundo, representado por esas atroces y perturbadoras cintas de las que el escritor se siente atraído como parte de su propia investigación novelística, y solo hacía el final, cuando se instala en el terreno paranormal y ocultista es cuando pierde un poco el embiste que había logrado en buena parte de su recorrido.

Viernes

Viernes empezó más concurrido de lo normal dado el carácter festivo de la jornada. Y lo hizo con un thriller de influencias Tarantinianas y sus pupilos, con Guy Ritchie a la cabeza. Seven Pyschopaths es el nombre con el que se presenta esta comedia negra, con alto componente auto paródico, sobre un guionista y un grupo de amigos que se ven envuelto en un berenjenal de altura cuando secuestran al perro de un mafioso. Artefacto divertido, de diálogos chispeantes, salidas ingeniosas, y apuntalado por interpretaciones de calibre, propio de la talla de sus actores: Christopher Walken, Sam Rockwell, Colin Farrell, Woody Harrelson, Tom Waits. Que tan solo ve frenada su entretenida y veloz trayectoria por un descenso de ritmo en su segunda mitad.

A la película de Martin McDonagh le siguió el abecedario de la muerte, o lo que es lo mismo, varios directores de renombre en el género fantástico y de terror reunidos para presentar varias visiones de la muerte en formato corto. Resultados muy irregulares para esta película compuesta por 26 piezas, cada una ideada por un director bajo el influjo de una letra del abecedario. Desde piezas de factura de primer curso de escuela de cine, hasta demenciales propuestas de tono irreverente, solución formal sorprendente e ingeniosos desarrollo. Todo y más en esta nutrida selección en las que destacaron los cortos de Marcel Sarmiento sobre un combate de boxeo entre un hombre y un perro, la hipnótica experiencia sensorial y orgásmica de la dupla responsable de Amer, el segmento metalingüístico de Adam Wingard, la crítica a los modelos publicitarios de Xavier Gens u otras piezas cargadas de humor, crítica, y sangre, mucha sangre la que tiñe los frames de esta película.

La jornada del viernes concluyó con la premiere de El bosc. Oscar Aibar (Platillos volantes) adapta con rigor y buen pulso un relato corto fantástico del novelista catalán Albert Sanchez Piñol. Situado en los pormenores de la guerra civil, cuenta la escapada de un cacique local (Àlex Brendemühl) tras la irrupción de los anarquistas y el conflicto al que se arrastra a su mujer, abandonada ante las crudas circunstancias propias de ese periodo histórico. Aibar se muestra exigente en la recreación y los matices político e ideológicos de la época, y acierta cuando lleva al filme por los derroteros del drama traspasando el peso de la acción al conflicto que aflige a Dora (Maria Molins), Sin embargo condimenta su propuesta con pequeñas dosis de fantástico que no terminan de aportar nada significativo al esqueleto central de la historia, y cuya representación formal, da un poco de cancha a la risa y al distanciamiento sobre una historia que se había mantenido agarrada a unos raíles firmes.

Y como no podía ser de otra forma, el diluvio universal, fiel a su cita con el festival, volvió a hacer acto de presencia en Sitges, llevándose por delante el Zombies Walk, y dotando de tintes bíblicos y apocalípticos la atmósfera de un festival centrado, precisamente durante este año, en el fin del mundo. Un fin,  el de Sitges, del que apuramos sus últimas horas.


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