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Sitges 12: Crónica V (Sábado 13)

posted by Raúl Muñoz 16 octubre, 2012 0 comments

Looper

Y llegó el sábado a Sitges con todo el pescado vendido. Toda la programación oficial había sido proyectada, los premios estaban listos para anunciarse, y era el momento ideal para relajarse. Y qué mejor para hacerlo que programar una última jornada con una serie de títulos de tirón comercial que venían como anillo al dedo a una jornada familiar como la del sábado.

Empezó la jornada la cinta futurista Looper. Abalada por unas excelentes críticas en USA, se trata de una cinta de acción con aires de sci-fi, viajes en el tiempo y elementos paranormales. Con una realización frenética, un diseño de producción excelente (sobre todo en su primera parte), unas actuaciones correctas, y sobre todo, un punto de partida muy interesante, la película dejó muy buenas sensaciones. Ahora bien, en ningún caso se trata de la cinta revolucionaria que nos han querido vender. Como sucedía con Origen de Christopher Nolan, la cinta aspira a ser mucho más de lo que en realidad es, y como sucede en la mayoría de películas que tratan la temática del viaje en el tiempo, no es capaz de solucionar de forma satisfactoria las múltiples paradojas que viene a la mente al espectador. Como cinta de acción pura y dura, en la estela de Terminator (hay más que evidentes paralelismos), la película funciona a la perfección.

Siguió la jornada con la película coreana The thieves. Un blockbuster que ha amasado una cantidad ingente de millones en su país de origen, y que viene a ser una especie de Oceans eleven a la coreana. Con un ritmo endiablado, algunos chistes fáciles pero efectivos, bellas actrices asiáticas, y secuencias de persecuciones realmente espectaculares (brutal la secuencia de persecución sobre la fachada de un edifico), la película resultó un excelente entretenimiento, haciendo que apenas se notaran sus 135 minutos de duración.

A ésta le siguió el otrora reverenciado Takeshi Kitano. Sitges traía la última película del maestro japonés, y las expectativas, pese a los últimos filmes del director, estaban por todo lo alto. El problema principal de Outrage: beyond es que se trata de una secuela. La película original no conoció distribución en nuestro país, y al parecer esta secuela seguía donde terminaba la anterior. Para el espectador se hacía complicado seguir el entramado entre familias mafiosas que se dan en el film. Esto, y que Kitano se limita a exponer de forma muy esquemática la trama, con diálogos densos, algún tiroteo seco, ninguna subtrama, nada de su anterior lirismo, o de ese humor que tanto sabe manejar, hicieron que la película fuese difícilmente disfrutable. El Kitano de Hana-bi, Sonatine y Dolls hace tiempo que se fue, y los que esperábamos su vuelta con esta película, no pudimos dejar de sentirnos decepcionados.

Precedida por un aluvión de buenas críticas, hasta el presidente Obama se rindió a sus encantos, aterrizaba Bestias del sur salvaje. Escenario propicio para poner las expectativas en máximos históricos para el que probablemente sea el slepeer del año. Minutos antes del inicio de la proyección el director del festival, Ángel Sala, comparaba la sesión que se encaraba con la que tuvo lugar también durante el último día del certamen del año pasado con The Artist. Una comparación que no resulta gratuita, ya que ambos filmes comparten ese espíritu de buscar el disfrute colectivo, valiéndose de cierto toque sensiblero, eso sí, afrontado desde posiciones bien distintas. Porque el debut de Benh Zeitlin se entronca en el terreno de la fabula narrada a través de la mirada mágica y lúcida de una niña que vive junto a su padre en una deprimente área conocida como la bañera. Mediante un acercamiento realista, y parcelas fantásticas inspiradas en Where the wild things are de Spike Jonze, Zeith envuelve esta historia sobre el amor entre un padre y una hija, los vínculos afectivos con un territorio, la solidaridad, y todo su trasfondo sobre las desigualdades sociales, la lucha por mantenerse firme ante un mundo dividido entre norte y sur, y un evidente alegato proecológico. Elementos que pueblan esta aventura y que pueden repeler a las mentes más cínicas. Pero que al fin y al cabo no impide el dejarse  seducir por esta bonita y entrañable película, la cual se sitúa por debajo del revuelo que está levantando.

Otro tipo de revuelo es el que causó Harmony Korine en la sesión sorpresa con Spring Breakers. Este indomable enfant terrible agitó el Auditori como pocas veces se tiene registrado. Su demente viaje al reverso oscuro e insano de las juergas universitarias empezó en vítores y aplausos y acabó en sonada silbada. La historia de esta pandilla de universitarias con la libido desajustada que deciden atracar una cafetería para pegarse un fiestón de alcohol, sexo y drogas en Florida, es el marco ideal para que Korine vuelva a sacar sus artilugios y diseccione la white trash y los recovecos enfermizos, deplorables, y prácticamente inexplorados, de la sociedad yanqui. Y lo hace de entrada embutido en una road movie conducida por el Dios Apolo, que cuando parece que se encamina a la estructura de drama de ascenso y caída, da un brusco golpe con la entrada del personaje de James Franco, un gangsta que rescata a las chicas de la cárcel para formar con algunas de ellas una bitch gang delirante. Personaje inmortal desde su primera aparición. Una lástima que la efectista factura, con regusto evidente a videoclip manufacturado MTV, rebaje una cinta con más miga de la que aparenta y menos de la que algunos (desinformados) querían encontrarle.

El agitador Korine puso con su provocador cocktail de endorfinas, feromonas y sangre el punto final cinematográfico (la fiesta que siguió queda en secreto de sumario) a una nueva edición del festival de Sitges, que desde domingo contamos para que regrese con una nueva edición.


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