Cine

Impresiones de los Goya y del cine español

posted by Marc Muñoz 14 febrero, 2011 2 Comments

A veces en una gala de premios se puede extraer una radiografía exacta sobre el estado por el que pasa una cinematografía concreta, y creo que la edición de los Goya celebrada ayer fue una de esas ocasiones. 

Con la de este año, estos premios que celebran lo mejor del cine patrio, llegaban a su 25º edición, y con ello decidían cambiar de escenario, mudándose al Teatro Real. Puede que éste haya sido el único cambio respecto a los otros años.

Precedidos por la enorme humareda levantada por la ley Sinde y la oposición a la misma del presidente de la academia, Álex de la Iglesia. Se añadía un aliciente de morbo a los premios, que al final quedó suavizado en el interior del Teatro Real. Muy distinta fueron las reacciones de cientos de manifestantes que abuchearon a la ministra de cultura a su llegada a la alfombra roja.   

Del evento en sí se pueden extraer muchas lecturas. Sobre las que conciernen  a la gala en sí misma, y a su desarrollo, todo sigue siendo igual de errático. Vivimos en tiempos de crisis, y el cine español no es ajeno a ello, de hecho está habituado a coexistir con ello. Sin embargo, parece que esta vez los organizadores no se han sabido desenvolver muy bien con los presupuestos ajustados. Lo que debía ser cubierto con ingenio, se ha destapado como bochornoso, ridículo y estupido. No voy a cargar todas las pullas al flaco favor que le hizo Buenafuente como presentador con sus escasos aciertos humorísticos, desaprovechando el filón ácido que se le plantaba ante él con el morbo Sinde – De la Iglesia, y demostrando una vez más, conocer poco el medio del cine y su mundo. En ese sentido se encontró a faltar una incorrección descarada a lo Rick Gervais, o incluso a José Corbacho con su insolencia hubiera levantado más pasiones durante la noche de ayer. Pese a todo, la responsabilidad máxima tendría que recaer en los guionistas de la gala, que llegaron a cotas máximas de ridiculez con el momento autotune, el musical de Lluis Tossar, la extraña pareja formada por Juanjo Puigcorbé y Rosa Maria Sardà, o con la salida de Jimmy Jump enfundando una barretina a uno de los cabezudos premios. Ah…no, perdón que eso parece que no estaba en el guión, pues muchos debieron pensar que sí. Porque este payaso burló la seguridad (entretenida supongo con las corredizas en los lavabos y los trajes desencajados de las actrices) y se plantó en el escenario de la gala ante la incredulidad de todos los presentes y no presentes. Recalco que muchos pensaron que se trataba de algo que formaba parte del show porque a Jimmy Jump le dio todo el tiempo del mundo de soltar su discurso, y dejar algún silencio incomodo, antes de que un solitario hombre de seguridad lo invitará a abondar el escenario, luego la sala, y suponemos que el recinto.

Tampoco los vídeo montajes de las películas nominadas a mejor película ni otros (salvaría el de Buenafuente del principio, al menos me resultó simpático) ayudarian a llevarse una buena impresión de lo que se estaba viendo. Así como ninguna de las apariciones encima de los escenarios, ni de las extrañas y generacionales parejas configuradas para presentar los premios. Sí que hubo un pelín más de juego con los agradecimientos de los premiados. La mayoría esquivo el gran tema de la noche que planeaba encima de todos. El músico Jorge Drexler se atrevió a pronunciarse cantando una canción, pero pocos más sacaron a relucir el tema de la ministra, o si lo hicieron fue de forma políticamente correcta. Uno de los momentos de la noche, lo dejó una documentalista (si no recuerdo mal) que de tanta emoción que le embriagaba le salían las palabras en forma de gemidos, en un intento de solucionar el mal paso, y empujada por Drexler, se decidió a cantar una canción que tampoco pudo finalizar. Ese momento entre el despropósito mayúsculo y el infarto de miocardio fue recogido de forma divertida por Internet (primera vez que sigo los Goya por el medio del presente, gracias De la iglesia por aclarármelo). Por ejemplo el director Nacho Vigalondo, que en su inseparabale Tweet bromeaba sobre ello “oigo unos gemidos raros… ¿siguen con lo del autotune o qué?”

Sin embargo llegó el gran momento de la noche, y el más esperado (diría más que conocer la ganadora a la mejor película, ahí reside una de las tristezas de nuestro cine). El presidente de la Academia y cineasta Álex de la iglesia pronunciaba su discurso, a la postre el de despedida. El director de Balada triste de trompeta se mostró firme y rotundo. Clavo la entonación y sonó a conciliador, pese a reiterar su postura a todo el tema de la ley Sinde y poner todos los puntos sobre la i. De la Iglesia volvió a acentuar que aboga por un cambio en el modelo de negocio del cine, un adaptarse al nuevo medio imperante, y más razón no le puede faltar. Apuntilló su speech, diciendo que esos dos años como presidente de la academia habían sido fantásticos. A juzgar por su nuevo aspecto (más delgado que Imanol Arias) y conociendo su pasión por rodar, juraría que no fue sincero del todo en este punto.         

La gala siguió su transcurso tras el mensaje audaz del director vasco. Pese a ser la primera gala sin anuncios, el ritmo no fue menos ágil de lo habitual. Resultando en muchos momentos tediosa, sobre todo en los parlamentos a familiares y otras desviaciones de carácter personal. Por suerte, yo seguía teniendo la complicidad de amigos y compañeros vía Facebook y vía Twitter.

Yo no sé cuantos de ellos, lo vieron, pero Gena Rowlands estuvo en la gala, y encima como nominada a mejor actriz de reparto por un cameo de dos minutos. 

Saltando de la organización y momentos de la gala a lo que fue propiamente el puñado de filmes premiados, no hubo discusión sobre la película ganadora. Pa negre fue adjudicando uno tras uno los premios importantes. Y dada la previsibilidad que fue tomando el asunto, este servidor se inclinó por analizar el verdadero problema del cine español, que no es más que el propio cine en sí.

Más allá del problema tangible de las descargas y el enorme daño que inflinge la piratería, muchos de los allí presentes olvidan que el cine español sufre una crisis creativa e industrial desde hace años. Los síntomas más visibles se pudieron leer entre líneas ayer y aquí lanzó alguno de ellos. 

  • Pese a que muchos aseguran que la cosecha española de este año era tirando a buena, ¿puede alguién explicarme por qué una Tv movie de primero de carrera como Planes para mañana puede obtener dos nominaciones a los Goya?
  • ¿Alguien se ha planteado por qué en la categoría de mejor guión original había dos nominados extranjeros (Paul Laverty y el ganador Chris Sparling)?
  • Cuándo los miembros de la Academia votan ¿eligen el mejor trabajo del año o escogen aquel actor/director que pueda servir luego como mejor escaparate de unos premios, ende, del cine español? No discuto que Javier Bardem se mereciese el premio por su papel en Biutiful, pero no es casualidad que se premie con tanto esmero a nuestro reducido grupo de nombres internacionales (Bardem, Penélope y Almodóvar), además parece como si premiaramos el esfuerzo que supone convencerlos para que asistan a la gala. 
  • ¿Cuántas caras nuevas se vieron a lo largo de la ceremonia, cuantos nuevos cineastas subieron encima del escenario, sin contar a los dos niños revelación de Pa negre?

Es evidente que la piratería está haciendo mucho daño al cine, y a otras industrias culturales, pero también es palpable que la crisis del cine español es también una crisis interna, artística y creativa. Por culpa, entre otros muchos factores, de la falta de un star system, de una dependencia excesiva de ciertos nombres intocables (¿cuantos Goya acumula Reyes Abades, Roque Baños o Alberto Iglesias?), de la barrera generacional que se está creando para el surgimiento de nuevos valores, de la inexistencia de glamour (cuantos actores y actrices encajarían vendiendo verduras en La Boqueria), de la escasez de autores o directores consagrados (¿Qué director relevante ha surgido desde Amenabar? ¿Bayona?) de las subvenciones estatales, de la fuga de talento (Bayona, Hermanos Pastor, Juan Carlos Fresnadillo), de la falta de historias con garra (¿es Rafael Azcona el único guionista español que conocemos?), y de galas como las de ayer ancladas, como lo es muchas veces temáticamente nuestro cine, en el pasado.

Toda mi enhorabuena para la triunfadora Pa negre del siempre interesante director mallorquín Agustí Villaronga (El mar o Tras el cristal). Añadir tan solo un pequeño apunte al discurso de la productora del filme, Issona Passola, que al subir al escenario a recoger el Goya a la mejor película concluyó su parlamento diciendo sentirse orgullosa de pertenecer a ese credo que siempre está un paso por delante, yo le diría más bien que no, que más que un paso por delante se mantiene inmóvil. Y la lectura no sólo la extraigo de una gala archirepetida a lo largo de 25 años y que la película triunfadora vuelva a tratar sobre la posguerra española, sino en que un señor que tuvo los cojones de oponerse a la corriente mayoritaria del sector al que pertene haya tenido que dimitir de su cargo, y quiero pensar al menos, que su película nominada a 15 Goyas no haya sufrido también las consecuencias de todo el revuelo.


2 Comments

Bea. 14 febrero, 2011 at 17:23

A mi la cara de la ministra Sinde durante el discurso de Alex me dio miedo.. por no hablar de la de Leyre Pajin.. ¿qué pinta ahí tanto político?
Y creo que algunos de nuestros directores jóvenes se van de españa porque en otros países (sobre todo usa) el cine es realmente una industria en la que se invierte mucha pasta y no solo dependen de unas subvenciones que al final acaban dando a los cuatro amiguetes de siempre.

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Marc Muñoz 15 febrero, 2011 at 01:59

La cara de Sinde era un poema, los ríos de maquillaje parecían descender por su cara desde el momento que fue abucehada en la entrada, y encima ha declarado después que se sintío muy cómoda durante la gala. Y de acuerdo con lo que afirmas de los cinestas jovenes. EEUU siempre se ha caracterizado en la búsqueda de talento nuevo (no sólo en el cine), y no le importa su procedencia, aquí no cuidamos ni nuestro propio producto.

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