CineCrítica

La edad de la ignorancia – Denys Arcand

posted by Marc Muñoz 5 febrero, 2010 0 comments
La edad del desencanto

 

Jean-Marc vive en Canadá, con su mujer y sus dos hijas. Trabaja como funcionario en la administración y conduce un coche japonés. Pero detrás de esta, aparente, normalidad se esconde precisamente el hastío de un don nadie, desencantado de su matrimonio, de sus hijas, de su trabajo y de ser un chupatintas que fuma a escondidas. Su único salvavidas son sus sueños y fantasías que lo convierten en un caballero o en un novelista de éxito con las mujeres rendidas a sus pies. Esta es la última piedra que Denys Arcand arroja sobre la sociedad moderna.

Tras El declive del imperio americano, y su aclamada Las invasiones bárbaras, Arcand regresó el 2007 con su mirada cínica, gris y pesimista en esta La edad de la ignorancia. Ora vez su director dibuja, de forma mordaz y feroz, el retrato del fracaso de la sociedad moderna a través del personaje de Jean-Marc (Marc Labrèche); un fracasado hombre de clase media, que le repulsa todo lo que le rodea y cuya única válvula de escape es la imaginación.  Un aspecto que obliga a la película a deambular entre lo triste y lo cómico bajo el terreno genérico de la comedia agridulce.

Quizás Arcand adolece el relato con su reiterativa y poco acertada puesta en escena de los momentos surrealistas, de carácter cómico, en los que Jean-Marc se deja llevar por sus fantasías. Mucho más logradas, impactantes y perdurables resultan las secuencias dramáticas, en las que su director logra construir una atmósfera narrativa mucho más acorde con su contenido.

La edad de la ignorancia guarda puntos de conexión con las otros dos obras citadas, pero a diferencia de esas, y con resultado sorprendente, se encuentra a faltar ese discurso analítico/intelectual tan incisivo y revelador. De hecho, y a modo clarividente, creo recordar que en toda la película se cita a un solo filosofó, a Immanuel Kant.

La edad de la ignorancia es un filme que se degusta sin problemas y cuyo mayor interés reside en esa mirada tan crítica, ácida y descarnada de la actual sociedad en que vivimos, cuyo mejores momentos destacan cuando Jean-Michel es una víctima más de este repudiable entorno, y no el protagonista de sus fantasías.

6,5

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