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Largo viaje hacia la noche – Bi Gan

posted by Marc Muñoz 13 junio, 2019 0 comments
Sueños de una noche

Tras incontables retrasos, llega este viernes finalmente uno de los techos cinematográficos de la temporada, especialmente, del curso estival a punto de abrirse. Lo hace además, al menos en algunas ciudades del país, en las condiciones con las que su autor, el ascendente Bi Gan, concibió una obra cuya exquisita caligrafía cambia de soporte en mitad del metraje para lograr lo que pocas películas (ninguna hollywoodiense, por supuesto) hayan logrado nunca mediante la técnica del 3D.

Largo viaje hacia la noche se inicia como el viaje de búsqueda imposible de un hombre, que tras años huidos de su ciudad natal, Kaili, decide regresar a esta para buscar el amor de su vida, una mujer que el tiempo no ha conseguido borrar de su cabeza. Pero es en la mitad de su recorrido, en el momento que incorpora el 3D, que ese filme de efluvios noir transmuta en un viaje onírico y sensorial por la China indomesticada, donde ese choque entre tradición y modernidad, que tanto preocupa el cine del compatriota Jian-Zhang-ke, mantiene viva la llama de un exotismo sin contaminar.

Así la película arranca con una coordenadas estéticas y temáticas muy reconocibles. Especialmente en el drama romántico y criminal de Wong Kar Wai: sus femme fatale, sus identidades confusas y sus amores imposible. E igual de notoria es la huella de Hou Hsiao-hsien, a quien cita explícitamente en esa secuencia inicial en un túnel que remite a uno de los instantes más hermosos, sublimes e irrebatibles de Millennium Mambo. Pero especialmente en el uso expresivo de los colores, la sinuosa fotografía, la recreación de los bajos fondos de la China alejada de las postales. De hecho Gan parece entroncar su película en la tradición más pictórica e hipnótica del cine de su tierra, donde se podría también incluir al mentado Zhang-ke.

Aunque el despegue definitivo de la experiencia propulsada por el director de Kali Blues, y con ello, eleva la expresividad de su propuesta hasta cotas abrumadoras, se da cuando introduce la técnica del 3D dentro del entramado narrativo. Su inclusión a medio metraje, con el personaje central divagando en su búsqueda infortunada, persiguiendo los espectros de su amada, desemboca en un plano-secuencia de una fuerza arrebatadora. Una invitación para adentrarse a ese viaje onírico por la noche a la que alude su título donde parece brotar sombras de ese cine sensorial del Malick de El árbol de la vida. Una hora que eleva el dispositivo hacia estados de ensueño balsámicos, un fastuoso paseo por los entresijos de la noche con conductos hacia lo eterno y lo mundano, donde salen a flote temas profundos junto a sensaciones primarias que se desarrollan en las distintas fases de este inigualable recorrido. La experiencia más cercana a lo que consigue Ban con esa segundo tramo habría que encontrarla en placeres jugables, como algunos tramos del videojuego Shenmue.

Esa arrebatadora fuerza expresiva que consigue con el 3D en el Largo viaje hacia la noche hace olvidar las mínimas trabas anteriores de un guion algo confuso, algo desorientado durante el primer tramo. Es precisamente cuando este queda reducido a su mínima expresión, cuando el filme se libera de sus resortes narrativos para encarrilarse en la pura simplicidad y sumergirse, en tiempo real, en los recovecos oscuros de una noche en la China profunda, cuando la película eleva la experiencia cinematográfica hacia cotas de obra maestra.

marco 75

 


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