Cine

Las 10 mejores películas de 2017

posted by Marc Muñoz 26 diciembre, 2017 0 comments

John Hurt

En esta incansable voluntad por escudriñar las diferentes cosechas que alimentan las bodegas de esta casa, así como las azoteas de sus visitantes, nos detenemos hoy en la parcela cinematografica para ordenar lo más granado que ha dejado el año. Si bien es cierto que este servidor ha arrastrado durante la mayor parte del curso la impresión de que el cargamento de hogaño no había sido de los más inolvidables, ahora, llegados a las últimas bocanadas de 2017, y mirando con atención el retrovisor, afirmaría que los últimos doce meses han sido más que generosos en sus dosis cinematográficas.

De entrada proponiendo una reconciliación con un Hollywood que resiste como vieja guarida de la gran fábrica de sueños (y de calidad) al envite de las propuestas taquilleras y a las franquicias cólico. En ese sentido, películas como La La Land y Z, la ciudad perdida han basado parte de su discurso en la recuperación de esa vieja gloria, algo que también parece adivinarse (aún sin estrenar en este país) en el clasicismo de The Post o El hilo invisible. Más audaz incluso ha sido la última entrega de Star Wars al remitirnos hacia un juguete puramente entretenido mientras su subtexto allanaba el camino hacia un nuevo ciclo y exponía matices conceptuales sobre la saga y la posición de esta entrega en el universo Star Wars. Arriesgado, pero sin perder cancha en taquilla.

Aunque como viene siendo habitual el celuloide más preciado ha llegado con remitente de la periferia hollywoodiense. Un cine indie que sigue gozando de una gran salud en el país de Trump hasta que su talento incipiente es secuestrado y fagocitado por la industria.

También ha sido un año bondadoso en la cosecha propia como bien atestigua la inclusión de dos películas de producción española en la lista que sigue – sin tirar de hemeroteca, diría que es la primera vez que nos sucede. El cine español vive un momento alcista, con la entrada de nuevo talento y la madurez de otro en dominancia.

Quizá el surtido más desequilibrado lo ha ofrecido un cine europeo desnutrido de cine autoral de garantías y de nombres consolidados. Si The Square de Ruben Östlund – director admirado por quien escribe – ha sido de lo más valorado  – Cannes, premios del cine europeo y muchas más estrellas – entonces resulta definitorio de la escasez de producto encomiable en el mercado europeo durante los últimos meses. Tampoco Asia ha suministrado demasiadas alegrías. Con Sitges como el mejor escaparate de su cine, la no inclusión de ninguna película en la lista supone otra manera de apostillar su prescindible cosecha.

 

10. Moonlight (USA)

Director: Barry Jenkins

En la última gala de los Oscar, Barry Jenkins dio la campanada en el último segundo  con este emotivo y delicado relato sobre la dificultad de desarrollar una identidad sexual (homosexual en el caso del chico al que vemos crecer en tres etapas distintas) cuando uno nace en los ambientes más hostiles de Miami. Una poderosa y poco habitual mirada sobre los grilletes del destino cuando la desfortuna te lleva a nacer en los barrios más castigados de los Estados Unidos, y cómo ese paso determinante te empuja a lidiar con la intolerancia y pulsiones sentimentales internas de difícil encaje en un ambiente salpicado por las drogas y la violencia. Todo narrado desde la honestidad y el realismo al que solo puede acceder el que ha vivido de cerca lo que cuenta. Un trabajo que, bajo la carcasa del indie norteamericano (podía leerse como el reverso amargo, crudo y negro de Boyhood), pero especialmente, tocado por la sensibilidad europea y asiática (palpable en su excelente fotografía), caló en el subconsciente de la cinefilia y, sorprendentemente, en el de los miembros de la Academia.

9. Columbus (USA)

Director: Kogonada

Columbus

Aterrizada en los cines en el último suspiro del año, el debut como director del video ensayista Kogonada se perpetúa como una de las joyas indies ocultas de este 2017 a punto de concluir. A través de una simbiosis regeneradora entre arquitectura y cine, el director explora bajo encuadres simétricos (excelsa fotografía), herencia Ozu en la composición del plano, un tacto emocional incuestionable, un discurrir pausado y calmado, y la apenas audible banda sonora de Hammock, las vicisitudes emocionales de dos personajes atrapados en una ciudad del medio Oeste – el Columbus de su título -, famosa por la gran cantidad de obras modernistas que alberga. Mientras que para la chica la arquitectura ha ejercido un poder balsámico en sus años más aciagos, para él, un inesperado visitante, la relación con la chica a través de la arquitectura abrirá la puerta a un viaje de búsqueda personal renovador. Todo ello barnizado por la melancolía de la soledad, el tedio y esa que consume a personas talentosas prisioneras de sus zonas geográficas.  Una preciosa historia de amor (sin pulsión sexual) surcada por matices, por una sutilidad que invade todas sus parcelas, y un detalle y cuidado hacia un tándem protagonista que exhala bocanadas de veracidad, inspiración y una emoción contenida cortada por un patrón pocas veces visto a lo largo de los últimos meses. Modélica y hermosa muestra de un cine Feng Shui.

8. La vida y nada más (España)

Director: Antonio Méndez Esparza

Resulta que la mejor película en acercarse a la realidad del gueto norteamericano la firmaba un español en una producción española. La segunda obra de Antonio Méndez Esparza se desmarca desde el primer plano por su transparencia y objetividad hacia el retazo de realidad que captura: la de una madre del gueto de Florida (a muy pocas millas de los personajes de Moonlight) intentando llevar adelante una familia monoparental con las constantes zancadillas de un hijo adolescente andando peligrosamente por la cuerda floja. Mediante un distanciamiento absoluto (la cámara invisible del cineasta español), unas actuaciones de órdago – Regina Williams ofrece una de las actuaciones del curso – Esparza se metía en los ambientes humildes del gueto y sus problemática asociadas para destapar el círculo vicioso al que se someten sus gentes y el titánico esfuerzo que supone salirse de este. No hay título más elocuente para esta muestra esplendorosa y fascinante de un cine social sin moralinas implícitas, alejado del panfletismo y de las cargas aleccionantes.

7. Wind River (USA)

Director: Taylor Sheridan

Wind River

El guionista Taylor Sheridan (Sicario, Comancheria) se consolidó como el James Ellroy del cine moderno mediante un contundente debut como director que arrastra al espectador hacia las profundidades de la América contemporánea para rastrear los páramos golpeados por el desencanto, la intolerancia, el racismo, en definitiva, los espacios concurridos por los olvidados de los Estados Unidos. El asesinato de una joven india le servía a Sheridan como punto de partida para explorar los lodazales de marginación en la América rural. Un potente – cada escena de acción y la tensión latente se traducen en taquicardias para el espectador – neo thriller rural donde el escenario descompuesto y marginal se erige como el desencadenante de un clima de violencia, y que además sirve como contrapunto temático a la situación de los indios en los Estados Unidos y de los personajes desarraigados en las zonas olvidadas de América.  La violencia seca y aturdidora de Sam Peckinpah, o del propio Ellroy, mezclada por un carrusel de personajes salidos de la mente de Donald Ray Pollock.

6. Llega de noche (USA)

Director: Trey Edward Shults

It comes at night

De nuevo el espacio, en el caso claustrofóbico y asfixiante, como generador de conflicto y desencadenante de una violencia brutal. El norteamericano Trey Edward Shults, en su segunda incursión en el largometraje,  potenciaba los resortes del horror psicológico con una pesadilla doméstica de tensión abrasante y violencia lacerante. Una composición mínima; prácticamente un solo escenario – el interior de esa casa que amplifica los mecanismos psicológicos que actúan cuando la supervivencia es el plato diario – con cinco personajes encerrados, un peligro desconocido en fuera de campo y una magistral realización eran más que suficiente para empapar de sudor las retinas de los espectadores. Un thriller psicológico, donde el horror físico cedía el protagonismo al horror interno de sus personajes. Un trabajo que demostraba que para armar un film postapocalíptico no se necesitan zombies, ni aparatos ensordecedores, ni trucos parecidos.

5. The Trip to Spain (Reino Unido)

Director: Michael Winterbottom

The Trip to Spain

Tras un atasco creativo más duradero de lo deseado, el británico Michael Winterbottom recuperaba la virtud a la que se asocia su nombre mediante la comedia más hilarante de la temporada. A medio camino entre el programa gastronómico, el de viajes y el monólogo desarma caja torácica, The Trip to Spain seguía el camino emprendido en The Trip to Italy pero mejorando el banquete sin apenas modificar la receta – aunque sí la cocina y la mitad de los comensales. El director de In This World disponía todo el asador para el lucimiento de dos cómicos en estado excepcional de gracia: Steve Coogan y Rob Brydon, bajo una química irreprochable, batiéndose a duelo de carcajadas entre fogones, platos suculentos y la España  alejada de la ruta turística principal. Imitaciones descacharrantes y diálogos delirantes, extremado ingenio, y tímidos avances de guion eran los ingredientes de este manjar. Un placer que en lugar de entrar por los ojos – Winterbottom reduce a la mínima su intervención -, entra por la caja torácica para instalarse en el hipotálamo como una de las veladas más divertidas y desternillante en mucho tiempo.

4. A Ghost Story (USA)

Director: David Lowery

A ghost story

Baja su aparente sencillez y su soberbia fotografía se escondía uno de los dispositivos cinematográficos más sugerentes, inteligentes y hermosos de la temporada, así como el que ha proporcionado un efecto más prolongado en la piel sensible del espectador. La osadía conceptual propuesta por David Lowery durante el secreto rodaje de su película llevaba a cruzar paredes de distintos géneros bajo una elegancia extiásica y sin perder el equilibrado efluvio sensorial que discurre a lo largo de la prisión existencial de un fantasma de vestiduras infantiles. Melodrama romántico cruzado con el sentir existencial que termina emitiendo reflexiones sobre el paso del tiempo, los ciclos vitales, el sentido de la vida y demás cuestiones que se filtran por los poros de otra propuesta minimalista (apenas dos actores, sin diálogos y prácticamente un solo escenario) que sonsaca de esta una expresividad emocional máxima. Algo así como la película que Terrence Malick (marcada influencia para Lowery) le hubiera gustado hacer en sus últimos intentos. Una fuerza poética que barre con las convenciones, cruza los géneros, para terminar edificado como un film espectral y sensorial alimentado de una sensibilidad inescrutable. Por si fuera poco, A Ghost Story deja grabado  en la retina la escena de amor más bella de la temporada: esa cara angelical de Rooney Mara rememorando estados emocionales sujetos a pasiones amorosas rotas por el infortunio a través del hilo de un auricular donde circula una preciosa canción.

3. Muchos hijos, un mono y un castillo (España)

Director: Gustavo Salmerón

Muchos hijos, un mono y un castillo

Si el documental en los últimos años ha explorado deliberadamente la frontera entre la ficción y la no ficción, Gustavo Salmerón reavivó la duda de lo real y la representación con el relato más estrambótico y perplejo de la temporada. Su mirada cómplice con su familia y, especialmente su madre, otorgó un disparatado y desternillante documento familiar, que a su vez asimilaba la forma de una crónica de esa España perdida en el escritorio de Rafael Azcona.  Un retrato tierno, delirante, entrañable, acaparado por el magnetismo y el carisma de un personaje sin igual, uno que en el plano de la ficción nunca podría haberse desarrollado con tamaño resultado. Julita Salmerón nos obsequió con su peculiar filosofia de sobremesa y sus preciados consejos y artilugios (uno solo espera que el tenedor alargable haya quintuplicado ventas en Amazon). Muchos hijos, un mono y un castillo ingresa directamente en los anales de nuestra cinematografía, reforzado por una matriarca de poso imborrable.

2. La tortuga roja (Francia)

Director: Michael Dudok de Wit

La sencillez expositiva y conceptual con la que Michael Dudok de Wit saltó al largometraje no se correspondía con la amplitud emocional que acompaña el espectador durante el visionado de su debut. La llegada de un náufrago a una isla desierta y su relación de matiz fantástico con una tortuga proporcionó algunos de los estímulos visuales más atesorados de la temporada. El delicado trazo de sus dibujos encontraba un altavoz amplificador en la emoción que brotaba de sus fotogramas. Poco importaba la ausencia de diálogos, y una narratividad sujeta a una trama mínima y un discurrir pausado y apaciguado, La tortuga roja secuestraba los nervios ópticos mediante una caligrafía preciosista deudora de Studio Ghibli y un barniz europeísta que también sabia premiar la verosimilitud y madurez de sus personajes, incluso si estos eran una tortuga. 80 minutos de pura abstracción, un canto panteísta y una alegoría sobre los ciclos de la vida amasado por un tacto y un talento incontestables. Pura emoción cinematográfica.

1. La La Land (USA)

Director: Damien Chazelle

La la land

¿Se puede hacer un gran musical sin números musicales memorables o virtuosos? Sorprendentemente Damien Chazelle demostró que sí en la obra sensación de principios del año, cuando la fiebre La La Land empezó a invadir tertulias y agendas. Tras la aparatosa y subrayada Whiplash, el prematuro cineasta encontró su encaje soñado en las grandes ligas con esa actualización del musical clásico a través de la búsqueda de una emocionalidad perdida en el Hollywood de hoy en día. Más interesante que su dinámica narrativa sencilla y sus número musicales era el mensaje subyugante sobre la pérdida del romanticismo alimentado por Hollywood durante décadas. Su desvinculación del happy end característico del género se entendía como toda una declaración de intenciones sobre la adaptación de los códigos y convenciones del musical en la actual crisis global de valores. Sus variadas capas de autorreferencialidad, Chazelle traza paralelismos sobre el fin de ciclo en el cine y la música con esa idea de la pérdida del romanticismo de perfil clásico, aportan un plus de valor a una película que lograba entretener, emocionar y hacer reflexionar como solían hacer los grandes clásicos de Hollywood. Si Bailar en la oscuridad fue rompedora al deconstruir el musical y teñirlo de pesimismo y amargura, Chazelle lo revitaliza desde un enfoque moderno, vivo y autoconsciente sin perder cobertura en taquilla. Una obra monumental cargada de emociones, decisiones sabias y aciertos narrativos y estéticos. La película que ofrecía esperanza, pese a contener un subtexto algo gris, para el futuro inmediato de esa gran fábrica de sueños en horas bajas y algo desorientada.

 

Menciones especiales

Z, la ciudad perdida (USA)

Director: James Gray

Charlie Hunnam

Star Wars: Los últimos Jedi

Director: Rian Johnson

Star Wars the last jedi

Uncle Howard

Director: Aaron Brookner

Uncle Howard fotograma


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