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Las 10 mejores películas de 2018

posted by Marc Muñoz 24 diciembre, 2018 1 Comment

Bernardo Bertolucci

Tras llenar las despensas de esta destilería con la práctica totalidad de estrenos de peso de los últimos doces meses, a los que se suma una amplio cargamento adquirido en festivales como el de San Sebastián o el de Sitges, y el cada vez más grueso lote de películas estrenadas en plataformas online, nos disponemos a afrontar el deber anual de ordenar lo más granado del ejercicio cinematográfico.

2018 ha proporcionado otra cosecha cinematográfica de la que congratularse y con la que ahuyentar a los agoreros de este arte. Tanto a nivel nacional, como europeo, como internacional, el séptimo arte ha vuelto a emocionar a través de viejos códigos adaptados a los nuevos tiempos, con los que seguir escudriñando las relaciones humanas y los conflictos, alegrías y pesares arrastrados desde el inicio de la humanidad.

Como ya hicimos hincapié en el resumen cinematográfico, 2018 será recordado como el de la entrada definitiva de Netflix en el mercado cinematográfico. Una inclusión donde pretende implementar nuevas reglas no sin toparse con una rabiosa oposición al frente. Pero ese objetivo empresarial ha obtenido el acicate soñado con una película que ha copado las listas de lo mejor del año, se ha llevado el León de Oro y que amenaza con llenar aún más las vitrinas del gigante online en fechas claves venideras. La Roma de Alfonso Cuarón no solo ha dignificado el catálogo, hasta la fecha, fallido de Netflix, sino que se ha convertido en uno de los hitos del curso mediante esta arrebatadora forma que bucea en las raíces pero con un nuevo brío que, paradójicamente, quizá resulte inapreciable desde la ventana de consumo para la que ha sido concebida. No ha sido la única muestra de la lista que sigue, y del año en general, que ha recuperado las formas de ese cine extinto (o excluido del circuito comercial) para enarbolar una nueva mirada. Una que dialoga con el pasado mientras sella su encaje con la verdad del presente.

Si bien Hollywood sigue desprovista de arte, pese la excepción puntual de autores ilustres, el cine norteamericano vuelve a hacer acto de presencia en la lista que sigue desde los márgenes de la industria. Un cine independiente que ha mantenido el riego creativo y artístico en la producción cinematográfica del país de Trump.

Algo que también ha ocurrido con el cine español, con una cosecha fecunda y grata, seguramente, la más generosa de la década. Lo atestiguan las dos incorporaciones en esta lista, y otras que se han quedado a las puertas y que confirman la buena salud (también desde los margenes o las inmediaciones de la industria) de nuestro cine y esos nuevos paladines que la alimentan.

Sin más dilación, abordemos el top 10 del año.

 

10. Jane – Brett Morgen (USA)

Jane

El género documental ha estado este año bien representado con algunas propuestas que bien podrían haber entrado en esta lista. Aunque, finalmente, la pieza que lo hace es esta misiva de amor hacia la naturaleza, los animales y sobre pasiones que inspiran. Brett Morgen se responsabiliza de este hermoso e intenso retrato de la primatóloga Jane Godall en el corazón de África cargado de sensibilidad. La partitura de Philip Glass redobla la intensidad que irradia el valioso y emotivo material de archivo recuperado para la ocasión.

9. The Florida Project – Sean Baker (USA)

El norteamericano Sean Baker, mediante una trayectoria estable en producción, ascendente en calidad y repercusión, y con obstáculos de financiación como hilo conductor, se ha granjeado ser reconocido como uno de los apóstoles del cine social en los márgenes de la industria norteamericana. Tras recibir más focos de los habituales con Tangerine – especialmente debido a la hazaña técnica con la que fue rodada -, el estadounidense planchó la que probablemente sea la cima de su carrera hasta la fecha. Un conmovedor relato social sobre los desahuciados del sueño americano bajo un enfoque vitalista que obtenía al adoptar el punto de vista de una inocente niña arrastrada a los sinsabores de la marginalidad del neo liberalismo. El inmejorable trabajo de localización de “fantasía” en las inmediaciones de Disney World, le permitía a Baker redoblar la capa agridulce que empapa este artefacto esquivo con el cine social arisco, mugriento y juicioso, para en su lugar, manifestar un pulso humanista, donde la pena y la felicidad, la esperanza y el desaliento, la bondad y la mezquindad son compañeros de habitación en un motel de carretera. En definitiva un cuento realista sobre los sueños rotos amontonados en cunetas y habitaciones cochambrosas de moteles que, sin embargo, quedan aireados por una mirada fresca y renovadora, de la que emana luminosidad y color.

8. El hilo invisible – Paul Thomas Anderson (USA)

Phantom Thread

El cine del californiano anida una llama insondable. En su última tentativa se vuelve a manifestar ese aspecto en un dispositivo emocionalmente intricado, difícil de deshuesar, complejo, pero de un tremendo poso que arrebata por lo fascinante y la elegancia de sus contornos y acabados. En este relato sobre una relación tóxica y retorcida entre un modista y su musa se esconde ecos de Max Ophüls, de David Lean y de Stanley Kubrick. Pero a ese clasicismo extinto, el de The Master le inserta una vuelta que, por momentos, roza lo perturbador. Hay un  entramado invisible en su magnificencia a la hora de rodar que termina conquistando la atmósfera y esta subyugando la mirada del espectador. Sin quererlo, sin saberlo, te tiene de nuevo acorralado en un espiral de belleza, desconcierto emocional y una forma apabullante. Una de esas películas de la que cuesta describir una magia que, indudablemente, ejerce su prolongado hechizo

7. Good Time – Josh y Benny Safdie (USA)

Good Time

Las malas calles ya no se hallan en el gentrificado y lujoso Hell’s Kitchen. No, ni mucho menos. Estas se han desplazados a los límites más alejados de la extensa metrópoli estadounidense, ahí donde el trayecto en metro (sí es que llega) puede implicar hora y hasta hora y media. Y en Good Time, los hermanos Safdie localizan esas áreas desprovistas de esperanza y progreso como escenario de uno de los neonoir más demoledores de los últimos años. Esta pareja de hermanos militantes del cine indie plantean una desgarradora y furibunda huida hacia adelante de otros dos hermanos, criminales y desgraciados, que intentan salir adelante en las calles más sucias y peligrosas del Nueva York actual. Un electrizante drama criminal con un fabuloso Robert Pattinson y el propio Benny Safdie caminando por la cuerda floja a cuyo precipicio de cemento parece predestinadas sus vidas. Una jodida suerte marcada por la dictadura capitalista y que se cobra dos víctimas (aún escuecen sus dos espeluznantes escenas finales) en este vibrante recorrido que tendría el visto bueno de la plana mayor de la literatura maldita norteamericana (Hubert Selby Jr,, familia Fante, Edward Bunker  y demás).

6. Hereditary – Ari Aster (USA)

Hereditary

El debut del año. Y la sacudida más terrorífica de todo 2018. El vía crucis de una familia maniatada a la tragedia proporcionó varios de los picos del terror de la temporada. Un grito estremecedor que aunaba sin compasión para el miocardio el drama familiar con incursiones al género. Ecos del Polanski de La semilla del diablo, La profecía, El exorcista, El Resplandor y Amenaza en la sombra conjugados con el desviste humano de Bergman y el melodrama hiriente del dogma de Vinterberg y Von Trier. Un trayecto salvaje con una estructura arriesgada e inesperada (ese giro intermedio que vuela la cabeza), con secuencias que hacen crujir los dientes para terminar pegadas a la retina, y con actuaciones monumentales como las de Alex Wolff y Toni Collette. Un terror aturdidor, de penetración epidérmica profunda y ralentizada, que mezcla con igual solvencia lo visceral (esas escenas  estremecedoras y contundentes) con lo psicológico y los ambientes opresivos. Un quiste familiar que va agujereando la piel sudorosa de un espectador avasallado por la continua ráfaga de horror.

5. El reino – Rodrigo Sorogoyen (España)

El reino

El de Que Dios nos perdone se consolidó en el panorama cinematográfico español (los próximos Goya deberían ser la guinda) con este vertiginoso thriller político alrededor de un hombre atrapado en su propio lodazal de corrupción y podredumbre. Una eléctrica radiografía de las cloacas políticas y la corruptela endémica de nuestras tierras con una inspiración inmejorable: la trama Gürtel y el PP carcomido por las prácticas criminales. Un trayecto desesperado de un “Bárcenas” intentando no ser engullido por la propia trama de poder, corrupción y crimen que ha ayudado a levantar y que ahora sufre como apestado y cabeza de turco. Esa cámara estresante e inquieta adherida al movimiento sin descanso de un colosal Antonio de la Torre ha desatado las glándulas sudoríperas y alcanzado las más altas cotas de tensión de la temporada. Un ritmo apabullante para potenciar este azote sobre las bajezas de la clase política española.

4. Quién te cantará – Carlos Vermut (España)

Quién te cantará

La voz autoral más genuina y personal del cine español reciente demostró lo anterior con una obra que culmina la calidad apuntada en sus dos anteriores filmes. En Quién te cantará el madrileño vuelve a indagar en ese misterio indescriptible que flota entre ambientes enrarecidos y desconcertantes, esta vez, al servicio de  una relación mimética y vampírica entre una cantante que ha perdido la memoria y su mayor fan. Un envolvente artefacto de hipnosis perecedera que convoca a plano a Hitchcock, Bergman, Zulueta y el programa Hermano Mayor. La película trasciende el mero visionado mediante un elegante y absorbente clasicismo que Vermut utiliza en la búsqueda de esa fuente enigmática que hechiza al espectador. Un cuento de fantasmas descompuestos emocionalmente y desorientados que sirve para elevar el talento de una de las miradas más prominentes de nuestra cinematografía. Un virtuoso ejercicio alrededor de almas fantasmagóricas y enigmáticas.

3. Nuestro tiempo – Carlos Reygadas (México)

Nuestro tiempo

El mexicano Carlos Reygadas elucubra uno de los más elocuentes y atinados relatos sobre la pasión amorosa y las relaciones sentimentales que un servidor recuerda haber visto. Las vicisitudes emocionales de esta pareja de rancheros (con conexiones autobiográficos ya que están interpretados por el propio autor y su esposa) adquieren una dimensión épica bajo el esplendoroso tratamiento formal que imprime el cineasta mexicano. Trazos simbólicos entre la fauna animal y la humana, locuciones de una perspicacia desarmante (desbordan varios pasajes donde la voz en off es capaz de describir aquello que la gran mayoría no alcanzamos: los secretos del corazón), un subyugo estético descomunal, y notas abultadas de manipulación sentimental, hilaridad, sufrimiento, celos y compasión alrededor de una compleja relación amorosa que Reygadas transmuta en pura verdad y en puro cine. Tan hermoso y fascinante como realista.

2. Roma – Alfonso Cuarón (México)

ROMA

La experiencia cinematográfica del curso ha sido capaz de levantar loas prácticamente por unanimidad. Y algo más difícil, limar las diferencias entre los guardianes del templo cinematográfico y los defensores de Netflix. Cuarón se ha ganado el aplauso internacional con este relato de memoria sobre las mujeres que marcaron su infancia en el México D.F de los revueltos 70’s. Una obra que convierte lo cotidiano en algo excepcional. Su talentoso pulso es desenvuelto en un oleaje que arrasa las corazas del espectador más resistente. Un tsunami en blanco y negro y post neorealista (como he leído por algún lugar) que recupera un cine que parecía extinto y que pone en funcionamiento una inmensa carga emotiva que se va apoderando (especialmente con dos secuencias que desestabilizan las barreras lacrimales)  del espectador a un ritmo pausado. Uno salía de la proyección reconfortado con el cine y con la humanidad. Obra mayúscula.

1. Lazzaro feliz – Alice Rohrwacher (Italia)

Lazzaro felice

De nuevo una obra que buceaba en cinematografías pasadas para edificar una mirada refrescante. Una que enfocaba a nuestro presente, para denunciar, mediante códigos de fantasía y fábula, las podredumbres y los desajustes causados por el neoliberalismo. Y lo hacía con dos relatos distanciados, como un inesperado díptico: uno fijado en lo rural y lo arcaico, y el otro en la ciudad y los tiempos cercanos. Dos escenarios donde los mismos personajes seguían atrapados en la zona de exclusión del ascensor social. Pero la obra de Rohrwacher, apoderada de un estilo neorealista, denunciaba sin juicios de valor ni pesados carnets ideológicos, simplemente a través de la mirada inocente y angelical de Lazzaro, ese personaje que trasciende la pantalla para adquirir mimbres icónicos. Lázzaro feliz proponía un novedoso acercamiento al cine social, mediante una fabula social repleta de humanidad, giros inesperados, ternura y un amor sin fecha de caducidad por un cine de una época lejana, aquel de Rossellini, Olmi, De Sica, Visconti y compañía que la joven realizadora italiana invoca en la cita cinematográfica más perdurable, estimulante y arrebatadora del año. Contadas veces uno sale de una sala de cine sumido en un placer audiovisual extático impulsado por una solvencia y una coherencia entre fondo y forma inapelables.

 

Menciones especiales

Dawson City: Frozen Time – Bill Morrison (USA)

Dawson city

Lucky – John Carroll Lynch (USA)

Lucky

Lo que esconde Silver Lake – David Robert Mitchell (USA)

Under the Silver Lake

Dragged Across Concrete – S. Craig Zahler

Dragged Across Concrete


1 Comment

Congelador 2018 | 1 enero, 2019 at 13:46

[…] ElDestilador Cultural: Las 10 mejores películas del año […]

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