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Las 10 mejores películas del 2014

posted by Marc Muñoz 24 diciembre, 2014 0 comments

Foto Reuters 2014

Tal y como apuntamos en este primer post resumen del año, los últimos doce meses han sido un constante dispensador de placer cinéfilo. Resulta difícil encontrar un año reciente en que la cosecha cinematográfica haya brillado a un nivel tan excelso como el de este 2014 (2012 fue otro año extraordinario). Su prueba más irrefutable es esta lista con las diez mejores películas vistas durante el año, así como la lista de 22 películas que hemos seleccionado (en la barra lateral de la derecha, abajo del todo) para que votéis por vuestra preferida. Si bien es verdad que el podio de este año se ha mantenido inamovible desde hace un tiempo, no ha sido así para el resto de seleccionadas, especialmente luchadas unas últimas plazas de las que se han quedado a las puertas películas del calibre de El congreso, El futuro, Under the skin, Coherence, Rompenieves, Perdida, Foxcatcher, Inherent Vice, Locke o Eden con las que se podría completar una lista de 20 muy apreciable.  Filmes que en anteriores años, o posteriores, probablemente hubieran tenido su cabida en el Top 10. Recordadas estas ausencias sonadas, llega el momento de repasar las 10 obras cinematográficas más preciadas de este año.

10. The Kings of Summer (USA)

Dir: Jordan Vogt-Roberts

The kings of summer

Curtido en el campo del cortometraje y las series, el norteamericano Jordan Vogt-Roberts debutaba en el largometraje con esta entrañable y refrescante comedia alrededor de ese período vital en que las vivencias son primerizas, los sentimientos se agudizan con ellas y los recuerdos permanecen imborrables. Un retrato fresco, divertido, a ratos desternillante, sobre la (pre)adolescencia estampado en el género de aventuras cuyo esplendor acogieron los 80’s con referentes que aquí tiene muy presentes el propio director: Cuenta conmigo y Los Goonies. The Kings of summer no solo cumple en su misión de entretener y divertir, sino que además conecta emocionalmente al espectador, y su estado de ánimo, con ese período dorado en que cada nuevo paso significaba una aventura única, incomparable, y lamentablemente, de efecto irrepetible.

9. Ida (Polonia)

Dir: Pawel Pawlikowski

ida

Esta bella y tierna road movie de (auto)descubrimiento de una novicia los días previos de convertirse en monja fue uno de los placeres  más exquisitos del curso 2014.  Una excelsa fotografía en blanco y negro que bebía tanto de la fotografía de Henri Cartier Bresson como del cine de Dreyer, planos estáticos, y unas interpretaciones poderosas, le eran suficiente al polaco Pawlikowski para levantar este hermoso filme. Una obra que reivindica el cine despojado de artificios, en donde el espectador entra en contacto directo con el cine que articula su discurso a través de la mirada, los gestos y el silencio. Pawlikowski demostraba con su último esfuerzo lo fecundas que resultan sus tierras para el cine de autor. También lo considero así la Academia del cine europeo al encumbrarla como la gran ganadora la noche de sus premios.

8. Nebraska (USA)

Dir.: Alexander Payne

Nebraska Alexander Payne

Tras la decepcionante Los Descendientes, el estadounidense Alexander Payne enmendaba su trayectoria con una road movie existencial edificada mediante una sensibilidad fantasma (Alberto Varet dixit) que la conecta con la película de arriba. A través de un depurado blanco y negro, y el deambular perdido de su inmensa pareja protagonista (especialmente Bruce Dern en el papel del anciano), Payne articulaba una fascinante y cautivadora mirada sobre la vejez y la muerte. Una obra tierna, que no sensiblera, con estallidos de humor y de drama, que conectaba con el Lynch de Una historia verdadera en particular, como con el cine indie USA en general (Jarmusch, Rockwell). Payne se erigía en un maestro del clasicismo más austero de ese que es capaz de sonsacar la máxima emoción de unas imágenes compuestas con los mínimos elementos a su disposición. Y por el camino el espectador recorría, con esos pasajes y personajes inolvidables, las curvas tragicómicas de la vida.

7. The Overnighters (USA)

Dir: Jesse Moss

The overnighters

Inédita en España, y con opciones de estar entre las finalistas de los Oscar en su categoría, The Overnighters es un documental de un poso alargado e inconmensurable. La llegada de miles  de desempleados a Dakota del norte atraídos por los cantos de sirena de trabajo estable desborda a una pequeña población, más cuando la mayoría de desplazados no consiguen encontrar trabajo. Sin embargo, el pastor del pueblo no duda en acogerlos en su iglesia y ofrecerles comida por mucho que deba enfrentarse a la oposición entera de una comunidad que mira con recelo la llegada de los nuevos habitantes. Bajo esta línea principal, Moss es capaz de levantar un monumental trabajo sobre la lealtad a los principios, la dificultad de mantenerse firme cuando tu opinión va a contracorriente, pero también sobre la bondad, la compasión, y la intolerancia más aguerrida. Y a su vez aporta escalofriantes apuntes sobre el papel de persuasión y manipulación de los medios, por pequeños y locales que sean, y la facilidad de acoplarse al pensamiento único en lugar de enfrentarlo. Con una cámara siempre en segundo plano, apenas perceptible, Moss edifica un poderoso retrato de ese reverendo firme en sus convicciones morales, éticas y religiosas por mucho que esto le lleve a ganarse el descrédito y la repulsa de toda una comunidad, su comunidad. Definida como Las uvas de la ira del s. XXI, este documental va más allá y enlaza el retrato de la depresión que sigue sacudiendo capas y estados del gigante norteamericano con temáticas y apuntes recogidos en Conspiración en silencio y Capturing the Friedman.

6. Frances Ha (USA)

Dir: Noah Baumbach

Frances Ha

Frances Ha es una de esas escasas películas que te dibuja una sonrisa en la tez para no borrarla en semanas, y meses. Hay que remontarse al cine clásico, a las comedias de Cary Grant, Katherine Hepburn, y Howard Hawks para hallar ese destello vivaz en las imágenes proyectadas en la gran pantalla. Noah Baumbach se permitía capturar la joire de vivre en esta comedia, en la que no faltan los tonos agrios, que sigue los pasos de una joven desorientada en la jungla de Nueva York, pero ante todo, angustiada por ir a una velocidad distinta de la que los que le rodean. Tapizada con una puesta en escena sencilla y elegante. Recurriendo al blanco y negro. Y absorbiendo con pasmosa naturalidad aristas de la nouvelle vague, del mumblecore y del cine indie USA, Baumbach es capaz de armar una comedia luminosa, cargada de notas sentimentales que reproducen el vaivén emocional de esa Frances Ha a la que llena de vida Greta Gerwig. Un artefacto entrañable, fresco, y contagioso sobre la emoción de vivir, la amistad, la juventud y la lealtad al optimismo.

5. Birdman (USA)

Dir: Alejando González Iñárritu

Birdman

A unos más que a otros, pero a casi todos sorprendió la decisión del altivo Iñárritu de encaminarse hacia la comedia con su última tentativa. Ésta responde al nombre de Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), y con ella, se lanza directo a la conquista de los globos de oro en el apartado de comedia, y a luchar por el Oscar junto a Boyhood. Y la verdad es que las recompensas que pueda obtener el mejicano con su última película estarán más que justificadas, porque con ella Iñárritu muestra su faceta más desacomplejada, más liberada, sin perder con ello, atino y profundidad. A través de la mirada de este actor de Hollywood en horas bajas intentado recomponerse mediante una obra de teatro en Broadway, dispone del material propicio para adentrarse en las bambalinas de la industria hollywoodiense y de apuntar sus dardos envenenados hacia la dinámica y prioridades de la industria del entretenimiento norteamericana. Un contenido que en ningún momento desestabiliza los raíles de comedia dramática por los que circula a ritmo de vértigo el dispositivo ingeniado por Iñárritu. La comedia más desternillante, se cruza con apuntes amargos y cuotas dramáticas en una obra que deja perplejo al espectador por la maniobra técnica que esconde, con un sobrenatural trabajo de cámara de Emmanuel Lubezki que será referencia obligada en las escuelas de cine. No se queda atrás el talento actoral volcado por un elenco en estado de gracia (especialmente un Michael Keaton, con obvios parecidos con el personaje que interpreta, que ya acaricia su primera estatuilla). Así como un guión modélico, tanto en ritmo como en contenido, que se despliega de manera brillante e inteligente. Iñárritu se ha ganado todo el respeto en su nuevo registro como cineasta, incluso por parte de los que no lo comulgan con su cine.

4. La imagen perdida (Camboya)

Dir: Rithy Panh

La imagen perdida

Que el género documental vive un momento inigualable lo atestiguan las dos entradas que forman parte de esta lista. Ya el año pasado el documental The Act of killing se coronaba, y este año ha estado cerca de seguir sus pasos otra aproximación inusual a un genocidio, en este caso el camboyano. Rity Panh, ante la imposibilidad de encontrar material gráfico del exterminio perpetuado por Pol Pot al pueblo camboyano, del que el propio autor fue víctima durante su infancia, toma el inesperado camino de recrear ese horror a través de muñecos de arcilla. No le hacen falta diálogos, ni movimientos, para colapsar al espectador con el terror, el sin sentido y lo inhumano del acontecimiento histórico que recrea. De este modo, la imagen perdida elude a esa búsqueda del pasado más vergonzoso, trágico y traumático como paso obligado para la reconstrucción de una memoria (la histórica enlazada con la personal),  con el objetivo de no olvidarse de las atrocidades pretéritas. Y se construye a través de un valioso, novedoso, hiriente y desestabilizador artefacto que expone la imagen como lienzo catártico, pero también como única vía (física y ética) de afrontar el relato de un horror sin parangón. Su atrevida forma obliga al espectador a rellenar los vacíos a los que la propia limitación de trabajar con arcilla impide llegar, creando un sobrecogedor efecto en el espectador, si cabe más intenso que el de presenciar la imagen real del terror.  Quizás el nudo en la garganta que deja tras su proyección no resulta tan asfixiante como el de Joshua Oppenheimer, pero Panh completa un cautivador y excepcional trabajo cuyo poso amargo y descarnado sigue siendo igual de intenso a día de hoy.

3. El lobo de Wall Street (USA)

Dir: Martin Scorsese

Lobo de Wall Street

A principios de año un clásico y referente de la cinematografía norteamericana nos entusiasmaba de nuevo con uno de los trayectos más vibrantes y frenéticos que se han sucedido a lo largo de los últimos doce meses. Scorsese volvía en un estado pletórico para ofrecer su mejor obra desde el cambio de siglo. Y el material se lo dispensaba la disparatada historia del broker y estafador Jordan Belfort. A través de éste y sus increíbles vivencias asistíamos a una aguda radiografía de Wall Street, de la codicia enfermiza que años después haría precipitar abajo otras torres, las de Lehman Brothers. Y pese a zambullirse con un relato desmesurado, adrenalítico, desfasado, a ritmo de “speed”, más que justificado por el tipo de vida desenfrenado de estas nueva tipología de gangster que operan amparados por los mercados bursátiles, el ítaloamericano no desaprovechaba la ocasión para lanzar dardos envenenados hacia éstos y su sistema de vida, hacia la clase dirigente de su tierra, y el capitalismo más salvaje en general, con apuntes agudos, y con un perfil más mordiente que el que parecen indicar, en un primer instante, sus hilarantes y ruidosas escenas. La cumbre de todas ellas esa dilatada escena que encumbrábamos días atrás como la secuencia más divertida del año. Con El lobo de Wall Street, Scorsese recuperó ese nervio como cineasta que tantos deleites había ofrecido a lo largo de su carrera, un estilo rabiosamente moderno desenvuelto por un señor de 71 años que se mantiene permanente conectado con el mundo. Tal y como demostró en esta adictiva sustancia cinematográfica de efectos duraderos e incontrolables.

2. Oslo, 31 de agosto (Noruega)

Dir: Joachim Trier

oslo august 31

Desafortunadamente, e injustamente, la película noruega Oslo, 31 de agosto, pese a estrenarse en salas españolas, pasó prácticamente desapercibida a principios de año. Una de las cumbres cinematográficas de este año la conquistó Joachim Tier con este filme que data del 2011 y que centra su foco en la  vida de un joven en la última fase de su tratamiento de desintoxicación. A lo largo de un día y una noche somos testigos del deambular errático de este personaje, así como de los motivos de su aflicción y adicción a las drogas. Basada en un prodigioso material del novelista Drieu La Rochelle, del que Louis Malle sacó virutas de oro en la inigualable El fuego fatuo, Trier formula un relato sobre la angustia vital cuando se perciben los errores cometidos a lo largo de la vida, cuando se dejan pasar tantas oportunidades, y no se aprovechan las segundas. Es un relato crudo, desgarrador, extremadamente alicaído, que a través de los preciosistas filtros de Trier, y esas mágicas secuencias en el Oslo nocturno y taciturno adquieren una dimensión emocional desproporcionada, dejando en el espectador un hondo calado del que uno ya no se recupera. No hay alivio en el vía crucis emocional de este personaje condenado, pero brotan de entre sus suspiros y lamentos miles de imágenes de belleza incontestable. Esta es la magia a la que se agarra el espectador absorto mientras recibe las dolorosas fustigas. Una ración de cine mayúsculo que agita el corazón para terminar despedazándolo en miles de pedacitos con la secuencia más arrebatadoramente triste del año. Una vez más belleza y amargura brotan con vocación lírica en una película casi (si no fuera por Louis Malle) incontestable.

1. Boyhood (USA)

Dir: Richard Linklater

boyhood Linklater

Resulta indiscutible, que en un año en el que ha arrancado aplausos (literales) ahí donde se ha proyectado, tanto de público como de crítica, se le negará a Boyhood el puesto de honor de esta lista. Richard Linklater completó la obra maestra de una carrera que ya había dejado signos irrevocables de su talento. Pero en su último esfuerzo subía de nivel con el planteamiento más ambicioso y novedoso de su trayectoria. Un trabajo gestado a lo largo de once años y con el que captura todo el recorrido vital de un chaval desde su infancia hasta su primer día de universidad. Solo existía un precedente parecido en la serie documental Up. Pero dejando a un lado las anécdotas, la película de Linklater destaca mucho más allá de su singularidad conceptual al atrapar en 165 minutos el paso del tiempo, y las emociones encerradas que conlleva la precipitación de éste. Con un discurso que no resulta el grandilocuente empleado por Malick en El árbol de la vida, sino que se decanta por la épica de lo íntimo, esa sencillez formal que no entorpece el brote  emocional que propicia el propio planteamiento formal que define esta formidable pieza. Un experimento descomunal que transportaba a los espectadores, de cualquier edad, a desarrollar una empatía familiar, la propia que produce ver crecer a unos personajes que adoptas como propios. Linklater no solo era capaz de transmitir emoción y realismo con esta obra monumental, de dibujar en los personajes el irremediable efecto real del transcurso del tiempo, también era capaz de lo impensable, capturar la magia de la vida.


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