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Los límites del control – Jim Jarmusch

posted by Marc Muñoz 3 octubre, 2009 2 Comments
Out of control

Si la anterior película de Jim Jarmusch, Flores Rotas, fue lo más cercano que el director norteamericano ha estado del cine mainstream, con su nueva película, Los límites del control, ha llegado al límite del cine anticomercial. Durante los últimos años este tótem del cine independiente había estado tonteando con un cine más apto para el público, con lo que se hacía presagiar un acercamiento más hacía esos postulados con su nuevo filme. Pero Jarmusch, lejos de acomodarse, da una vuelta de 180º y nos presenta una obra arriesgada que huye del cualquier convencionalismo de forma deliberada y que ignora cualquier límite formal y narrativo, tal y como se puede interpretar de su título.

La película transcurre en ciertos parajes de la España contemporánea, allí un extraño y solitario hombre (interpretado por la presencia Isaac de Bankolé) deberá llevar a cabo una misión completamente desconocida para el público. Bajo esta fina línea narrativa Jarmusch construye (e improvisa, tal y como afirma en diversas entrevistas) un filme que se mueve por parámetros de lo absurdo, lo onírico y la repetición hastía.

Tras ver esta obra uno queda más perplejo y confundido que el propio protagonista en tierras desconocidas, o que el propio director embarcándose en territorios narrativos y físicos poco explorados. No es que el autor de Noche sobre la tierra caiga en los tópicos y clichés para definir nuestro país (típico de cuando vienen a rodar directores extranjeros en la península), ni mucho menos, pero si que se le ve perdido en una historia que deambula sin rumbo y con un ritmo parsimonioso que puede acabar con los nervios de más de uno.

En Los límites del control se van sucediendo personajes propios de la factoría Jarmusch, variopintos y exagerados de sobremanera, pero su paso resulta igual de intranscendental para el espectador que para el desarrollo de la misión del propio protagonista, y por consiguiente la trama. La cinta entra en un devenir monocromático como la propia vestimenta del hombre misterioso que la cámara sigue en todo momento.

A pesar de que el filme busque una tonalidad cómica, sólo lo logra en ciertos momentos, y no es que no lo busque, sino que este efecto buscado queda contrarrestado por la falta total de apetito que provoca una historia que parece estancada y sin rumbo, que vaga libre sin unas limitaciones previas. Y seguramente, este era el propósito del director de Mistery Train, construir mediante su creatividad, y sobre la marcha, el esqueleto de la película, hasta el punto de que se tiene la sensación de que se ha desprendido de cualquier atisbo de autocontrol, de narración y de expresión mínima. La economía de palabras y las reiteraciones constantes hacen que el espectador medio no pueda absorber el impacto.

A pesar de contar con motivos más que suficientes: Bill Murray, John Hurt, Tilda Swinton o el prestigioso director de fotografía Christopher Doyle, o de tener un catalogo referencial ilusrtre (con A quemarropa en la picota), es difícil dejarse llevar por esta película. Por mucho que la intención de su director fuera esa, resulta muy difícil adoptar esta actitud para los devotos de su cine, cuando precisamente su obra se mueve por unos planteamientos narrativos entendibles, poco dados a la interpretación simbólica. Jim Jarmusch nunca ha querido ser Lynch, ni nunca ha adoptado su estilo, y si esa era su intención para esta película, no liga con el envoltorio formal. Todo ello explica la nota de más abajo, que con mucho dolor, es la que un servidor, por muy fan que sea de su cine, cree que se merece la última propuesta desecada del director de la genial Bajo el peso de la ley.

2,5


2 Comments

Ramón DOMÍNGUEZ 12 noviembre, 2009 at 04:37

Me parece un planteamiento que muestra como los sujetos son esclavos de su propia mente rigorista en extremo donde es facil transitar de lo real y concreto a lo intangible y completamente creado por la mente de la “perfección”, para el espectador parte de su resistencias se ponen a prueba al tratar de explicar lo sencillo e inesplicable de manera compleja.

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Marc Muñoz 12 noviembre, 2009 at 19:40

Interesante reflexión Ramón. En ningún momento me la planteé, la próxima vez que vaya al cine me traeré más neuronas.

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