CineCrítica

Obediencia – Jamie Jones

posted by Marc Muñoz 21 febrero, 2019 0 comments
Obediencia al cine social inglés

Obediencia

El drama social británico se mantiene rígido en una idiosincrasia de la que pocos autores consiguen desacoplar sus propuestas. La mirada del novel Jamie Jones no supone la excepción en ese circuito poco regenerador. Aunque tampoco lo pretenda, sino más bien asimilar sus mecanismos y lugares comunes desde cierta dignidad y credibilidad.

Así que sí, en Obediencia aparecen chavales desabrigados por el sistema, y sacudidos por familias descompuestas; madres alcohólicas, novios de estas violentos, desencuentros raciales y mucho hoodie y varios riots. Porque el interés de Jamie Jones reside en intentar capturar parte de ese caldo de cultivo que propició los violentos disturbios en las barriadas pobres de Londres en el año 2011.

Y lo logra a medias. Porque en realidad  prioriza las diatribas emocionales y sentimentales de este chaval protagonista excluido del ascensor social y de una mínima estabilidad,  que busca en una joven blanca okupa su último anclaje para el sosiego interno. En ese apartado, Jones, y especialmente la labor de sus intérpretes (Marcus Rutherford y T’Nia Miller dan vida a la pareja protagonista), resuelven con eficiencia y credibilidad la papeleta.

Sin embargo no se muestra tan resolutivo a la hora de dar respuesta a ese estallido de odio, que en lugar, de dejarlo como marco (como ya hiciera Soñadores con las revueltas de Mayo del 68), lo utiliza para que sus personajes vayan haciendo incursiones y con estas, se agrave su escalada dramática en los sinsabores vitales. Lo que propone Jones es una mirada parcial a los factores que motivaron la ira descontrolada de esas fechas. Da ligeros apuntes sobre la cuestión racial, pero icurre de soslayo sobre las causas sociológicas, de sentimiento de clase y  desapego entre la sociedad inglesa.

Más certero y agudo se muestra a la hora de narrar las causas personales que conducen a este joven a adoptar la violencia como grito desesperado y, hasta cierto punto, como medida de excorcismo. Sin embargo, recurre, quizá con demasiada facilidad, a esos lugares comunes descritos en el primer párrafo, y tan característicos del grueso del drama social inglés: un ambiente familiar sórdido e infernal, una violencia omnipresente, el descontrol juvenil, la fatalidad como destino irrenunciable, etc.

Pequeñas irregularidades a las que parece agarrase este joven director para no trastabillarse en la primera aventura detrás de las cámaras. El resultado, en lugar de audaz y visceral, se torna en un drama social estimable que, sin ser definitorio del pulso social de esas incendiarias jornadas, sí que aporta cierta luz sobre la juventud periférica que las avivo.

6

 


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.