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Reflexiones alrededor de los Oscars 2015

posted by Marc Muñoz 24 febrero, 2015 2 Comments
Birdman, o el esperado triunfo de la virtud vistosa

Neil Patrick Harris Oscar 2015

Despojados de las reacciones acalorados propias de los minutos posteriores, es momento de sacar algunas conclusiones de una de las ediciones más insípidas que recuerdo haber visto de los últimos veinte años de Oscars.  Un adjetivo aplicable tanto a los galardonados, como al desarrollo de una gala de la que cuesta rescatar momentos vividos y memorables (Paloma Méndez se lo propone en este post).

La 87º edición llegaba con dos películas reñidas al máximo para conquistar la máxima corona de la temporada de premios. Y a diferencia del año pasado, donde se impuso 12 años de esclavitud por delante de propuestas mucho más valiosas, la batalla se libraba entre dos de las mejores obras de la cosecha del 2014.

Sin embargo, el enfrentamiento, finalmente resultó de lo más desigual, el pájaro de Iñárritu echó a volar pronto hasta terminar alzado en lo más alto con 4 Oscars (Película, director, guion original y fotografía). Mientras que el maravilloso experimento cinematográfico capturado por Linklater se tenía que conformar con un solo Oscar el recogido por Patricia Arquette a la mejor actriz secundaria. Castigo severo para una película arriesgada en su planteamiento, como hermosa en lo que descubre a través de éste.

Hollywood se decantaba así por la pericia técnica, por los fuegos de artificio, por la lectura de su propio backstage, en una decisión que no encuentra ningún tipo de recriminación por quien escribe. De hecho, hasta parece natural, que Linklater y su película se fueran prácticamente de vacío, ya que su cine, y su talento, bien harían en permanecer alejados de la gran cadena de montaje de LA.

Más discutible resultaron los premios interpretativos principales. No dudo del esfuerzo interpretativo de Eddie Redmayne para dar vida a Stephen Hawking en La teoría del todo, pero no puede resultar más involucionista para los Oscar seguir premiando la incapacidad, la enfermedad, el rol que mayor cambio físico merece, el que más llama la atención, en lugar de valorar la complejidad de sacar adelante un papel más discreto (en el plano físico) pero quizás más complejo, donde los matices importen más. En eso sentido, tanto Steve Carrel como Michael Keaton, especialmente éste para realzar su carrera como colofón perfecto del triunfo de Birdman, merecían la estatuilla al mejor actor. No discutiremos el talento de una actriz como Julianne Moore, pero sí que lo es el momento en que le llega el reconocimiento, poniendo de relieve, una vez más, las dinámicas enraizadas en la Academia de no solo premiar el rol de la incapacidad y la enfermedad (el Alzheimer en Siempre Alice), sino también, en este caso, ponderar por encima la trayectoria del sujeto, o los errores acometidos con el sujeto en cuestión en anteriores ediciones, que el mejor trabajo del año.

Sin embargo, lo más dañino para el desarrollo y ritmo de los galardones de la Academia, fue la ausencia absoluta de sobresaltos, tanto en el palmarés, la única sorpresa de la noche fue Big Hero 6 en peli de animación, como en la propia gala. Una sensación constante de que todo se desarrollaba bajo el guion marcado: palmarés, los discursos de agradecimiento, actuaciones y números de la gala que transcurrieron bajo esa aparente sensación de que todo estaba escrito bajo notario como la carta que el propio Neil Patrick Harris guardaba a llave en esa urna de vidrio.

Volcándonos en la gala, Neil Patrick Harris demostró estar a la altura de quien es como actor, un mediocre que no repetirá en su rol de presentador si nos guiamos por los índices de audiencia. El actor de How I meet your mother condujo, más que presentó, una gala sosa y tediosa, lastrada por los números musicales (¿tan difícil resulta nominar canciones aceptables?), y pese a que la duración no fue excesiva, resultó plomiza y sin pizca de gracia.

De las tres horas y media solo destaco cuatro instantes. La entrada musical, y mira que no soy demasiado fan del formato, pero el despliegue escénico me pareció a la altura de las circunstancias. El speech de Common y John Legend, y el de Patricia Arquette, al menos, por las reacciones que desencadenaron en la platea. El número musical de Sonrisas y lágrimas, tanto la interpretación de Lady Gaga, como la irrupción inesperada de una rejuvenecida Julie Andrews. Los discursos de agradecimiento de Iñárritu, tiene fama de poseer un ego desorbitado, pero sobre el escenario no se le vio demasiado inflado, sino más bien agradecido. La irrupción final de Sean Penn para anunciar el premio gordo de la noche. Me estaré quedando pocho, pero tuve la sensación constante de ausencia notable de estrellas subiendo al escenario, más allá de Shirley MacLaine, y el propio Penn, la pantalla la coparon los nuevos rostros, pipiolos con amplios horizontes por delante pero poco bagaje como para despertar ningún sentimiento con su mera aparición. Además la broma de Penn con la green card, y un rostro incapaz de esconder sus malas pulgas y la marihuana fumada en los baños del Dolby Theater, fueron las únicas notas de incorreción en una noche plana, excesivamente bien intencionada y pesada.

Un cambio urgente para próximas ediciones pasa por recuperar la presencia en directo de las figuras premiadas con los Oscar honoríficos. Ahora mismo reducidas a un torpe vídeo de no más de 2 minutos. De haber subido al escenario, hubiéramos vivido momentos emotivos, sin duda la presencia de Maureen O’hara, Harry Belafonte, Hayao Miyazaki o Jean-Claude Carrière, los premiados este año, la hubieran despertado, y de paso, corregido esa falta de estrellas sobre el escenario. Porque los Oscar deben ser una celebración del presente, pero también de los que ayudaron a configurar su pasado más glorioso. Sino, el único recuerdo a éstos, les llegará con el “In memoriam”, el cual por cierto, este año, fue más hiriente de lo habitual.


2 Comments

Paloma Méndez Pérez 24 febrero, 2015 at 22:39

Yo creo que debemos de ser viejos porque yo también he echado de menos los Oscars honoríficos y más estrellas. Y lo de Lady Gaga, pues para mí que podían haber sacado alguna coreografía de Sonrisas y Lágrimas que por lo menos da color. Eso o que somos unos añejos.

Y los que hayan votado el Oscar al guión adaptado a The Imitation Game no han debido de ver la película.

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Marc Muñoz 25 febrero, 2015 at 05:54

Soy entonces de los que la podría haber votado.

Nos estaremos haciendo viejos, sí.

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