Cine

Reflexiones Oscars 2017

posted by Marc Muñoz 28 febrero, 2017 0 comments
Una gala para la historia

Oscargate 2017

La 89º ceremonia de los Oscars quedará grabada en los anales de la historia de estos premios por el delirante y estrambótico giro final por el que la estatuilla a la mejor película cambió de propiedad en apenas unos minutos de confusión y pasmo general. Un error garrafal que ha eclipsado el resto de la gala, y especialmente, la gloria de unos premiados barrida por el inédito traspié.

Pero en realidad la noche del domingo deparó muchas más sorpresas, emociones y acontecimientos relevantes. Aquí van nuestras principales reflexiones sobre lo vivido.

La gala

Los niveles de audiencia han vuelto a bajar (un 13%) en un año  en que Jimmy Kimmel aceptó el rol de maestro de ceremonias. La gala se desenvolvió lenta, sujeta al guión preestablecido, a los aportes irónicos contados de Kimmel, a unos discursos sin chispa, desabrigados y de nulo calado. Salvando excepciones programadas: el número musical de Justin Timberlake, los “mean tweets”, la invitación del grupo de turistas que convirtió el Dolby Theater en una especie de zoológico donde no se sabía quién simbolizaba la fauna animal porque la incredulidad y diversión parecían mutuas. Instantes ingeniosos e inesperados que levantaron el ritmo entrecortado fabricado por las constantes pausas. Sin embargo las pocas notas de emoción llegaron, de nuevo, cuando el guion optó por sacar las motas de polvo del baúl hollywoodiense y extraer de éste la mitología pretérita superviviente. Fue el caso de Michael J. Fox presentando un premio delante del Delorean y junto a Seth Rogen, repetir jugada con Shirley MacLaine y Charlize Theron, y con menor efecto, por lo habitual de su rostro, una Meryl Streep haciendo una extraña pareja con Javier Bardem. Y por supuesto, la dupla de Bonye & Clyde. 

También fue notoria la poca politización de la gala. Pese a que se intuía una confrontación en bloque contra las primeras medidas de Trump tras llegar a la Casa Blanca, Hollywood optó por el ombliguismo y una crítica a la actual administración suave e inofensiva, alejada de algunos de los verdaderos miedos que afectan a millones de norteamericanos. Las excepciones, más allá de los toques humorísticos de Kimmel programados por guion, llegaron de los extranjeros: Gael García Bernal, antes de presentar un premio, dejó en acta su oposición a la construcción de cualquier tipo de muro, y fue el cineasta Asghar Farhadi el más político de todos, no tanto por un discurso que hizo leer por boca de una representante, sino por su decisión de no asistir a la ceremonia. El resto, especialmente los nacidos allí, se ciñeron a los clásicos y aburridos parlamentos de agradecimientos, haciendo solo tímidas y moderadas referencias a la defensa de la diversidad, que fue el monotema de la cita. Buena noticia para los que aborrecen esos discursos comprometidos y políticos, pero malas, para los que creemos que se perdió una buena ocasión para denunciar, ante audiencias millonarias, algunos de los males que amenazan la estabilidad global de nuestro presente.

Todo fue transcurriendo con cierta calma y parsimonia hasta la salida de Faye Dunaway y Warren Beatty (quien hizo pequeñas referencias políticas) y la caja de truenos que abrieron con un giro radical de 180 grados que nadie podía predecir, y desde el domingo, borrar de su mente.

El desliz histórico

Y fue cuando el guion previsible se cerraba con el anuncio de La La Land como la mejor película cuando todo dio un vuelco…cruel. Un clímax final soñado por los mejores guionistas de thriller del gremio. Un error imprevisto que derrumbó los ánimos de los agraciados despechados y que catapultó a las estrellas a los perdedores proclamados triunfadores en el último segundo. Incluso más de 24 horas después resulta inverosímil pensar y reproducir cómo se produjo todo. Y que además llegase en ese instante de la noche cuando las fuerzas flaqueaban y que de repente, como un pinchazo directo al cerebelo, uno se levantara atónito del sofá con ganas de seguir viendo una gala que estaba resultando tediosa hasta ese punto.

La intrahistoria de lo sucedido conocida ya como el Oscarsgate aún plantea algunas sombras. Al parecer Bonny and Clyde entraron por el lado del escenario en el que no se les esperaba y alguien les dio el sobre erróneo, que no era otro que el duplicado al de mejor actriz. Algo que conllevaría la ya antológica escena de Warren Beatty dubitativo, de ademanes seniles, buscando otra tarjeta que no aparece, buscando ayuda que no llegaría, hasta pasarle el muerto a una Faye Dunaway que, impulsada por el sentido lógico de la mayoría de las quinielas y el transcurso ganador que llevaba la cinta, no necesito más que leer La La Land en una parte de la tarjeta para encender ese despropósito que tendría lugar segundos después.

Las reacciones airadas iniciales apuntaron directamente a Warren Beatty, y en menor medida, a Dunaway, cuando en realidad la culpa principal radica en el rol jugado por la auditoria con nombre de agencia de Mad Men Pricewaterhousecoopers, culpables y responsables de que el sobre adecuado no llegara a las manos de los presentadores. Un error humano que para más inri tuvo lugar en el punto álgido de la noche, en la categoría más ansiada y crucial, de ahí la repercusión adquirida.

Pese a las riadas incendiarias en Twitter con lo de warrentazo, al veterano actor solo se le puede recriminar que no aireada el potencial error, o que no buscara algún tipo de confirmación entre los organizadores o los auditorios situados en el escenario. Por su parte, Faye Dunaway aún debería asumir menor nivel de culpabilidad. No tanto el regidor de sala o responsables de la organización que se tomaron su tiempo para enmendar la situación. Quien sí reaccionó con gracia y rapidez fue el propio Kimmel, suavizando la tensión propia del momento con salidas humorísticas improvisadas.

Damien Chazelle

La forja de un villano

El protagonista inesperado fue  Jordan Horowitz, productor de La La Land, que tras su discurso de agradecimiento en falso decidió tomar protagonismo a la hora de destapar el error, arrebatando de mala manera a Warren Beatty la tarjeta correcta que certificaba el triunfo de Moonlight, e intentado disimular su enfado con una cordialidad y fair play poco honesta. Todo lo contrario que Damien Chazelle, que vio la escena desde atrás del follón, y ante el sonado golpe, y su cara de estupor, decidió refugiarse pronto lejos de las cámaras. Su mirada marcaba la frustración de una ambición desmedida,  no saciada ni con el Oscar que acababa de recibir como mejor director. Y casi como un reverso real de su propia película, el director de La La Land recibía el sabor amargo después de que durante unos pocos minutos hubiera paseado por el el cielo, aunque solo fuera en modo sueño. Cruel justicia poética.

Los premiados

El monumental error y su registro en los anales de la historia, no debería tapar lo conseguido el domingo por una película modesta, de presupuesto ridículo (1,5 milones de $). Una propuesta indie que fue ganado terreno durante las últimas semanas, y que favorecida por los #Oscarssoblack y la llegada de Trump, desbancó contra todo pronóstico a la gran favorita. David se impusó a Goliat. Su Oscar supuso el reconocimiento a un cine fuera de la órbita de Hollywood, que la academia excluye o relega a una cuota testimonial – no este año, donde también concursaron Manchester frente al mar y Comancheria -. Doblemente importante, ya que además Moonlight es el primer filme de temática gay en ganar el Oscar a la mejor película. Sin duda una sorpresa mayúscula – potenciada por la forma en que se produjo – que en otro año no tan temático seguramente no hubiera dado la campanada, porque al fin y al cabo, La La Land se ajusta mejor mejor a las preferencias de la Academia, y para servidor, está por encima de la película de Barry Jenkins, cuyo trabajo está algo sobrevalorado.

Respecto al resto, Damien Chazelle se llevó el premio de compensación, el de mejor director, mientras la película cosechó seis Oscars por los tres de Moonlight. Casey Affleck confirmó todos los pronósticos a su favor y el disputado Oscar a la mejor actriz recayó finalmente en Emma Stone. El mejor guion para Manchester frente al mar y el de mejor película de habla no inglesa, El viajante, otra favorecida por la coyuntura actual y por cuestiones extra cinematográficas, fueron las dos únicas relativas sorpresas antes de la más sonada.

En general, pese al equilibrio y el reparto, los Oscars de 2017 fueron una campaña cosmética poco sútil  a la polémica suscitada el año pasado alrededor del tema racial. La respuesta de Hollywood fue contundente, premiando una obra hecha y protagonizada por afroamericanos – pasando también a la historia por ser la primera mejor película dirigida por un afroamericano-, dándole además el Oscar de actor de reparto al primer actor musulmán que lo gana (Mahershala Ali), así como a Viola Davis y otros premiados negros que curaron la herida abierta de otros años. Si bien había películas que merecían su inclusión y premio, habían otras que chirriaban en esa capñana de lavado de imagen.

Con todo, una noche histórica que premió con la magia del directo a todos aquellos que llevamos años haciendo el esfuerzo de trasnochar para seguir la noche de los Oscar.

 


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.