CineCrítica

Splice – Vincenzo Natali

posted by Marc Muñoz 29 julio, 2010 1 Comment
Experimento letal

Mañana se estrena en nuestras pantallas la última película del canadiense Vincenzo Natali. Como George A. Romero con el terror, Billy Wilder con la comedia, o John Frankenheimer con el policiaco,  a Natali se lo vincula estrechamente con la ciencia ficción. Género en el que se enmarcan sus frescas e inteligentes primeras películas: su aplaudido debut Cube (lidiando con el cine de terror original y visceral), y la menos reconocida Cypher (relectura futurista del cine de espías e intriga). Ahora regresa a nuestros cines con Splice, la cual, para su estreno español, se ha decidido complementar su título con “Experimento mortal”, cuando quizás lo más apropiado para prevenir al espectador hubiera sido el de “experimento erróneo”.

En Splice Adrien Brody y Sarah Polley interpretan a una brillante pareja de científicos. La ambición los lleva al peligroso terreno donde la ética choca con la ciencia, y mediante uno de sus avances en ingeniería genética deciden llevar a cabo un experimento con ADN humano, aportando con ello, un nuevo eslabón al árbol evolutivo.

Un planteamiento que parecía suficiente para tirar adelante un proyecto, pero al que pronto, el espectador le encontrará todos los agujeros que lo convierten en un desbarajuste fílmico de dimensión. Empezando por un punto que se considera asolido por las producciones americanas de cierto rango: los efectos especiales de la criatura en su estadio embrionario resultan risibles. Pero es sin duda la caracterización de esa pareja de científicos, que sin ninguna explicación de por medio, los han convertido en una pareja de científicos impostadamente cool, que de tanto buscarlo terminan instalados en lo hortera. Tampoco ayuda la aportación que ofrecen Sarah Polley y un Adrien Brody que parece no haberle sentado bien ganar un Oscar. El resultado de ello es una de la parejas con menos química, y por lo tanto, con menos capacidad de generar empatía, que uno recuerda.

Pero no quedan aquí todas las debilidades de Splice. En su plano argumental la película es una vaquilla sin fuerza que anda descontrolada de un género a otro sin saber muy bien donde quedarse, y con la pena, de no cumplir en ninguna de ellas. El argumento no sólo no avanza, sino que se pierde saltando de la ciencia ficción, al terror, y a la serie Z más espantosa que puebla sus minutos finales. Y todo ello aliñado con situaciones incomprensibles, vejaciones narrativas, diálogos que rozan el ridículo, y un sin sentido general que alcanza su máxima expresión con esa cópula entre Adrien Brody y su hija/monstruo de laboratorio. Lo peor llega en su tramo final, que produce tanto estupor, verguenza como indiferencia por culpa de unos personajes que nunca llegan a transmitir nada. Así, en uno de sus giros incomprensibles, la película se transforma en una película de acción (¿o sería más acertado hablar de videojuego de lucha?) al más puro estilo Van Helsing o Ángeles y demonios (la saga protagonizada por Christopher Walken).

Splice es la caída en picado de un director que ha demostrado una valía a lo largo de su trayectoria, pero que se estrella con este híbrido de serie B entre Frankenstein y Species, pero que no llega ni a poder compararse con la segunda parte de la última, ya no hablo de cualquier versión de la primera. Sólo falta esperar que recupere el pulso con la esperada adaptación del Neuromante de William Gibson.


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