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The Fighter – David O. Rusell

posted by Manel Carrasco 9 febrero, 2011 0 comments
Rocky (y sobre todo Bullwinkle) 

 

Empecemos con una pequeña maldad, si me lo permiten: El triángulo que vertebra The fighter, el título que nos ocupa, es de alta tensión. Me explico: El actor protagonista del filme, además de productor, es Mark Wahlberg, conocido en su juventud como Marky Mark, pero también por sus anuncios de calzoncillos y su temperamento difícil y próximo a la homofobia. La otra gran figura del casting es Christian Bale, quizás uno de los actores más dotados de su generación, pero también todo un carácter que le ha llevado en más de una ocasión a los tabloides amarillos. ¿Y el tercer vértice? David O. Russell, director de la película. Russell rodó Tres reyes (1999) con George Clooney, y desde entonces el actor declina muy amablemente hacer comentarios al respecto, y de su siguiente filme Extrañas coincidencias (2004) circulan por Internet un par de vídeos de encontronazos con Lily Tomlin, que a día de hoy nadie ha dicho que fueran falsos… Con semejante cóctel, más de un productor se lo pensaría, pero un conglomerado de inversores, con Darren Aronofsky y Mark Wahlberg a la cabeza, han apostado por ellos, y parece que han acertado…

Vayamos al grano. The fighter cuenta la historia (real) de Micky Ward y de su medio hermano Dicky Eklund. Ward es un boxeador que intenta hacerse un lugar en el mundo del ring asesorado por Eklund, que otrora fue también una joven promesa del pugilato y que vio truncada su carrera, entre otras cosas, por su adicción a las drogas. Impuntual, imprevisible y medio ido, Eklund no es el único problema para el joven Ward, que debe lidiar también con una madre controladora, una familia excesiva (en todos los sentidos) y una novia que intenta enderezar una carrera profesional más cercana a besar la lona que a levantar el título mundial. Hasta aquí, nada nuevo. El deporte ha reportado al cine americano carretadas de títulos que testimonian la carrera de grandes figuras que, unas veces lograban vencer la adversidad y triunfar, y otras, parafraseando a Marx, salían de la nada para alcanzar las más altas cotas de la miseria.

A menudo, estas películas han adquirido la categoría de fábulas de superación más o menos moralistas, servidas a un público dispuesto a aplaudir a rabiar, pero de vez en cuando alguno de estos títulos logra traspasar las fronteras de lo convencional y se hace un hueco en la historia del cine. Resulta cuanto menos curioso que buena parte de las películas de deporte que pasan a la historia del séptimo arte provengan del mundo del boxeo, quizá la más cinematográfica de las disciplinas. Desde El campeón (King Vidor, 1931) o Marcado por el odio (Robert Wise, 1956) hasta Fat City, ciudad dorada (John Huston, 1972) o Million Dollar Baby (Clint Eastwood, 2004), pasando por la fundamental Toro salvaje (Martin Scorsese, 1980), el matiz crepuscular y sucio que a menudo acompaña a los boxeadores sienta muy bien en pantalla. The fighter no alcanza el más que notable listón de las anteriores, pero no por ello es una película menos reivindicable.

Con los mimbres de una historia mil veces vista y masticada, ajustada al más académico de los convencionalismos y coronada por el tipiquísimo rótulo de “Basado en una historia real”, David O. Russell nos brinda una película digna, que logra atrapar al espectador en algunos de sus pasajes y que mantiene un buen tono a lo largo del metraje. Bien empaquetado y con un lacito es un producto perfecto para la gala de los oscars, y sus numerosas nominaciones refuerzan la notoriedad de una película amable, bien realizada y sin grandes lagunas, capaz de situar al espectador en la misma encrucijada en la que se encuentra el protagonista. Hasta hay un guiño, más o menos involuntario, a Fernando Trueba. Como leen.

Pero si en algo destaca el filme, sin lugar a dudas, es en la calidad de sus intérpretes. Mark Wahlberg se erige como el teórico protagonista, y su interpretación resulta bastante solvente y consigue mantener el tono en todo momento, pero el verdadero centro de la película es Christian Bale, caracterizado físicamente como el imprevisible Dicky Eklund. Bale logra construir un personaje excesivo sin caer en el exceso, trazando con mesura los contornos de una figura teóricamente condenada al desastre que logra ganarse la simpatía del público pese a sus evidentes carencias. Firme candidato al oscar al mejor secundario, Bale parece haber bebido de su propio carácter volcánico y lo ha transformado en una exhuberancia interpretativa que, paradójicamente, se hace mayúscula en los pequeños detalles. Como un Robert De Niro moderno, su Eklund no se basa únicamente en la transformación física sino que integra ésta en un proyecto de personaje capaz de levantar él solito toda la película. Y además no está solo. Melissa Leo encarna con su habitual profesionalidad a la madre de Micky Ward, más allá de un diseño de personaje que prima el maquillaje y la peluquería hasta rallar el ridículo estereotipo, y Amy Adams demuestra una vez más que es una de las actrices más versátiles del Hollywood actual. Y para deleite de todos, están todos juntos compartiendo planos y llevando una cinta apreciable hasta el pie de página de la historia del cine. Y hasta puede que un poco más arriba…


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